“Fundamos Pepita & Grano para recuperar la compra a granel y que la gente cuide lo que come»
El ajo negro, los cuarenta tipos de fruta deshidratada y sus legumbres procedentes de Bolivia poco tienen que ver con las multinacionales donde trabajó y con los pasillos de la universidad de Londres donde estudió. Hace cuatro años, Cristina viajó a Barcelona con su pareja, Gustavo, y se enamoró de una tienda que vendía productos a granel. Sentados en una terraza, estos dos amantes de la cocina y la comida sana, hicieron cuentas en una servilleta y decidieron levantar la primera tienda de Pepita & Grano en el barrio madrileño de Chamberí.
Dejó su trabajo para cumplir lo que sabía que le iba a hacer feliz: recuperar la compra a granel y que la gente dedique tiempo a lo que come. “Los dos éramos amantes de la cocina y de la comida sana, un poco ‘anti-hipermercados’ y la vida rápida… Hemos recuperado la forma antigua de comprar para que la gente dedique tiempo a lo que come. Cada vez hay más alergias, más enfermedades… todos estamos preocupados por lo que nos nutre”, cuenta Cristina Sánchez-Moraleda, cofundadora de Pepita & Grano.
No era la única meta de esta pareja que ha creado su primer negocio. El desembarco de Pepita & Grano pretende fomentar el consumo responsable y sostenible. “Compras lo que necesitas y no tienes que tirar nada. No usas bolsas de plástico porque lo que compras lo metes en tarros de cristal o en tuppers…”
Más de 700 productos
Abrieron su primera tienda con 180 productos y ahora tienen más de 700. “Conozco cómo saben, sé para qué se utilizan, tengo recetas para mis clientes… Hay una atmósfera especial en la tienda”, dice emocionada. Su emoción contagiosa se ha trasladado a otros rincones de España y ya cuenta con seis tiendas distribuidas por Madrid, Valencia, León y Florencia (Italia).
El espejo de todas las demás ha sido el establecimiento de Chamberí, que factura a día de hoy más de 300.000 euros al año. No tiene un contador de clientes, pero asegura que entran más de 300 personas cada día y “de ahí nadie sale con las manos vacías. Tengo clientes de 80 años que compran como en antaño, gente que apuesta por los productos locales, etc.”
Lo cierto es que la materia prima es casi 100% española. Sus proveedores son casi todos nacionales, aunque también cuenta con producto extranjero, como las legumbres de Bolivia. Eso sí, “no se casa con ninguno, nosotros buscamos que el producto sea bueno”.
La gente repite. Y a veces, confiesa, sólo se acercan para darle un beso o contar con ella para contarle cualquier anécdota. Eso es lo que más le gusta de su trabajo: “he conocido a tanta gente, he hecho tantos amigos… Vivo dedicada a mi negocio 24 horas del día los siete días a la semana. Pero, me acuesto tan feliz todos los días”.
Cristina, que al otro lado del teléfono se emociona sólo con hacer un repaso al camino, indica que ha superado muchos obstáculos, pero reconoce que ninguno le ha paralizado. “Compartir es vivir. Quiero seguir creciendo para mejorar este planeta. Me veo siendo una gran emprendedora, siempre compartiendo”
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