Las empresas de Wall Street apuestan por la autocartera
Los analistas bursátiles empiezan a avisar de una posible burbuja en el mercado. Transcurrida la peor parte de la crisis, grandes corporaciones estadounidenses han visto en la compra de autocartera el mejor medio para sostener ficticiamente su cotización. La explicación que dan al mercado es que de esta forma se cuida el valor y esto repercute positivamente sobre los dueños de las empresas: los accionistas.
Tampoco ponen ningún reparo los directivos pues es la vía más fácil de que parte de sus objetivos variables se cumplan y así obtener pingües bonus. Pero la pregunta que se hacen es, si esto o se prohibiera o al menos se limitara, ¿tendríamos los índices de referencia en máximos desde 1999?
Esto además, conlleva un coste de miles de millones de dólares que no suele verse compensando por los dividendos que dan las acciones por elevados que estos sean. Otro motivo, para ser generoso con la remuneración de las acciones, pues si gran parte de los beneficios revierten sobre la propia empresa que es la tenedora de los títulos ancha es Castilla.
El problema es que muchos analistas empiezan a descontar este efecto, que ha llevado al Dow Jones, Nasdaq y S&P 500 a récords desde hace casi 20 años, para pintar escenarios de cómo sería el mercado si esta práctica legal se limitara. Llama la atención que ante la convulsa situación económica mundial con riesgos ciertos como el Brexit, una política monetaria que no acaba de cuajar, una demanda internacional más bien escasa y las incertidumbres sobre quien ocupará la Casa Blanca, Wall Street siga viviendo su particular Carnaval. El dinero barato y en «caño libre» de los bancos centrales está ayudando a que la autocartera se dispare.
Según la multinacional de datos financieros Factset, entre febrero y abril las empresas estadounidenses recompraron acciones propias por valor de 166.300 millones de dólares (147.600 millones de euros al cambio actual). Estas cifras suponen un aumento interanual del 15 por ciento y la mayor cifra trimestral desde 2007, antes de la última recesión mundial.
Aun así, en 2014 y 2015 las empresas de Estados Unidos recompraron acciones por valor de un billón de dólares. Para la consultora McKinsey, este trasvase de recompra de acciones en lugar de pagar tantos dividendos se debe a que por los dividendos hay que pagar un 40 por ciento en impuestos, mientras que a las ganancias derivadas de acciones sólo se les aplica un 20 por ciento. Esta diferencia, parecida a lo que ocurre en Europa, justo de la mitad, es otro motivo que ayuda a que esta estrategia sea imparable.
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