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Los analistas fiscales lo confirman: un exfuncionario de Hacienda advierte que “ya no hace falta que un inspector te revise”

Durante mucho tiempo, hacer la declaración de la Renta parecía un trámite al que sólo nos teníamos que enfrentar una vez al año, pero el funcionamiento interno de Hacienda ha ido cambiando mientras la mayoría seguía con esa idea en la cabeza. La administración ya no trabaja como antes y la revisión de datos se apoya ahora en herramientas tecnológicas que permiten cruzar información a un ritmo que sería imposible de asumir de manera manual. Ese avance ha hecho que el control sea mucho más constante y que muchos ciudadanos puedan ser analizados sin que medie un expediente físico ni la intervención inmediata de un inspector.

Cada campaña de la Renta se preparan datos, se revisan borradores y se espera a que el resultado salga a devolver o a pagar. Lo habitual es que, cuando termina el plazo del 30 de junio, muchos se olviden del trámite hasta el año siguiente. Sin embargo, el margen de actuación del fisco no acaba ahí. La Agencia Tributaria dispone de un periodo de hasta cuatro años para revisar cualquier detalle, un plazo que comienza justo cuando finaliza la presentación voluntaria. En la práctica, cualquier dato de la declaración de 2024 presentada en 2025 podrá revisarse hasta junio de 2029. Mientras esa ventana sigue abierta, los sistemas de análisis trabajan en segundo plano. Lo hacen sin descanso, comparando movimientos, contrastando cifras y asignando niveles de riesgo. Este funcionamiento se ha convertido en el nuevo motor de control fiscal. Y, según los expertos, es mucho más exhaustivo que el modelo tradicional. Así lo explica Emilio Baena, exfuncionario de Hacienda, que durante más de una década ha conocido desde dentro cómo opera la administración tributaria.

Un exfuncionario de Hacienda advierte que «ya no hace falta que un inspector te revise»

Baena recuerda que durante muchos años gran parte de las comprobaciones se basaban en expedientes físicos de Hacienda realizados a través de un inspector. Pero ahora, la Agencia Tributaria ha dejado atrás ese modelo y opera con herramientas de big data e inteligencia artificial que analizan millones de registros cada día. Esa tecnología permite detectar anomalías de forma automática y asignar a cada contribuyente un perfil de riesgo que se actualiza en tiempo real.

Ese perfil no es fijo sino que cambia en función de los movimientos que se van registrando, de la información que envían los bancos, de las operaciones que notifican las plataformas digitales y de las comparaciones que el propio sistema realiza entre ingresos, gastos y patrimonio. Según Baena, la clave está en entender que esa evaluación es constante. De este modo, ya no depende de que un inspector coja tu expediente, sino de que un algoritmo considere que hay algo que no encaja.

Los factores que pueden activar una inspección automática

El exfuncionario resume varios comportamientos que elevan el nivel de alerta. El primero tiene que ver con los gastos que no guardan coherencia con los ingresos declarados. Si una persona justifica desembolsos demasiado elevados para su capacidad económica, el sistema lo identifica rápidamente. También ocurre con los movimientos de dinero entre cuentas cuando no hay una explicación clara o cuando aparecen ingresos difíciles de trazar.

Las operaciones internacionales y el uso de criptomonedas son otro de los focos principales. La administración dispone de convenios, bases compartidas y canales de información que permiten detectar movimientos fuera del país o inversiones que no coinciden con lo declarado. A esto se suman patrones anómalos en facturas, un uso excesivo de efectivo o la aparición del contribuyente en registros de sociedades en el extranjero.

Otro punto que vigila el sistema son las incongruencias con los datos que envían bancos y plataformas digitales. Si lo que declara el usuario no coincide con lo que reportan estas entidades, el algoritmo lo marca como un riesgo potencial. Es un cruce de información continuo que trabaja sin interrupción.

Por qué planificar la estrategia fiscal importa más de lo que parece

A medida que Hacienda incorpora nuevas formas de analizar la información, los expertos insisten en algo que a menudo se pasa por alto y es que conviene organizar bien la forma en la que se presentan los datos. No es una cuestión de miedo, sino de evitar situaciones innecesarias que puedan generar dudas o requerimientos posteriores. El sistema cruza información de forma constante y, cuando detecta algo que no encaja del todo, puede pedir aclaraciones que llevan tiempo y obligan a revisar documentación antigua.

Emilio Baena explica que una buena planificación fiscal no tiene nada que ver con buscar fórmulas complicadas. Más bien consiste en ordenar la información, justificar los movimientos relevantes y saber qué puede interpretarse como un comportamiento irregular. La mayoría de los ciudadanos actúa de forma correcta, pero pequeños errores o descuidos pueden terminar generando trámites que podrían haberse evitado.

Por eso, entender cómo funciona el proceso se ha vuelto casi tan importante como cumplir con las obligaciones tributarias. La tecnología acelera el análisis, pero las decisiones siguen tomándose por personal especializado que estudia cada caso. Cuanta más claridad y coherencia haya en la información presentada, menos posibilidades hay de verse inmerso en una revisión inesperada.