El absurdo enfrentamiento entre jóvenes y mayores por las pensiones
Esta semana, Bankinter ha sido el primer miembro del Ibex 35 que se ha mojado sobre un enfrentamiento al que los medios prestan muy poca atención pero que está cada vez más caliente en las redes sociales: el de los jóvenes contra los mayores, en los que los primeros acusan a los segundos de sus bajos salarios debido a las altas pensiones, mientras que los de mayor edad responden que para eso han cotizado toda su vida y que lo de los salarios no es cosa suya.
La consejera delegada de Bankinter, Gloria Ortiz, dijo que «hay un problema de salarios de los jóvenes, tenemos un traspaso de riqueza de los jóvenes a los mayores con el incremento de las cotizaciones sociales, que a quien más daño hace es a los jóvenes trabajadores».
Se trata de un debate absurdo, porque ni los mayores tienen la culpa de la situación de los jóvenes ni éstos quieren quitarles sus pensiones. Y, como todo en España, está politizado: el PSOE en el poder quiere mantener a toda costa el voto de los pensionistas (son muchos votos) y la derecha, en especial Vox (el PP está a la luna de Valencia, como es habitual), quiere captar el voto joven.
Lo peor es que este falso debate oculta los problemas verdaderamente graves de España: por un lado, un sistema de pensiones insostenible; y por otro, una relación precios-salarios que hace imposible la independencia económica o el acceso a la vivienda de la mayoría de los jóvenes.
Las pensiones suben, los sueldos no
Veamos en detalle esta situación con ayuda de algunos gráficos de Jon González (@jongonzlz). El primero de ellos es muy ilustrativo: compara la evolución de los salarios y las pensiones en España en los últimos 30 años. Así, mientras los sueldos apenas han subido un 4% en tres décadas, las pensiones lo han hecho en un 72%.
Esto ya nos sitúa cara a cara frente a la brecha entre jóvenes (o no tanto, pero asalariados) y pensionistas. En el primer caso no han ganado poder adquisitivo -el gráfico es en euros constantes, o sea, teniendo en cuenta la inflación- mientras que en el segundo sí, y mucho. Lo cual explica que los jóvenes miren con envidia a sus abuelos, que cobran mucho más que ellos sin trabajar. La pensión media ha pasado de ser el 69% del salario medio al 86%.
«Y no se trata sólo del incremento de las pensiones, sino que cada vez hay más personas en edad de jubilarse, lo que supone más presión sobre el sistema, es decir, menos gente tiene que pagar la pensión a más personas. En general, las pensiones son un problema de todos, pero a quien más afecta es a los jóvenes», añadió Ortiz.
En efecto, pensiones más altas, cada vez más jubilados y que, encima, cada vez viven más años y cobran pensión durante más tiempo. Un cóctel explosivo que explica que el sistema de pensiones sea ya insostenible a día de hoy con las cotizaciones sociales. Por eso, el Gobierno está cubriendo el agujero con trasnferencias desde el Estado a la Seguridad Social, es decir, mediante impuestos y deuda pública.
¿Es esto bueno? No, pero, con el sistema actual, es la única manera de pagar las pensiones…. Salvo que se bajen, cosa que ningún partido político se atreverá a hacer nunca. El profesor Jesús Fernández-Villaverde ha publicado un paper en el que analiza el sistema de pensiones y concluye que es insostenible porque la rentabilidad que ofrece a los pensionistas es muy superior al crecimiento de los ingresos por cotizaciones. Y asegura que sólo caben tres soluciones: aumentar la productividad, incrementar el número de cotizantes o rebajar las pensiones (la única factible, a su juicio).
¿Bajar las pensiones?
¿Se puden bajar las pensiones? Claro que se puede. Al contrario de lo que mucha gente piensa, no estamos en un sistema de capitalización -en el que lo que cotiza cada uno se guarda para su jubilación-, sino en uno de reparto, donde las pensiones actuales se pagan con las cotizaciones actuales y no se guarda nada (más que nada, porque falta, no sobra). Lo que cada persona ha cotizado en su vida genera el derecho a cobrar una pensión, pero no a que ésta tenga una cuantía determinada.
De hecho, en España los pensionistas cobran de media un 60% más de lo que han cotizado en su vida. Y el porcentaje que supone la pensión sobre el último salario (la tasa de reemplazo) supera el 80%, el más alto de Europa con diferencia.
Estos porcentajes podrían rebajarse, pero nadie es capaz de poner el cascabel al gato. Incluso hablan de una «hucha de las pensiones» totalmente ficticia. Al mismo tiempo, se podría incentivar el ahorro privado para la jubilación, cosa que el Gobierno se ha cargado por imposición de la extrema izquierda, para la que privado=malo siempre. O, mejor aún, se podría reformar de verdad el sistema de pensiones y poner uno mixto de reparto y capitalización. Los economistas han hecho muchas propuestas de reforma que nadie escucha.
¿Por qué no suben los salarios?
Vayamos ahora con el problema de los salarios. Las pensiones suponen un porcentaje muy elevado del PIB, el 12,9% en 2023. Es, con diferencia, la partida más grande del gasto público y la única que jamás se ha recortado. Pero eso es gasto público, y ahí sólo entran los salarios de los funcionarios (que también han experimentado subidas importantes, porque son otro montón de votos).
El resto viene del sector privado. Y ahí, efectivamente, los salarios españoles son muy bajos comparados con Europa. Y mientras los sueldos no suben, el precio de la vivienda se dispara.
Hay muchos factores detrás basados en los desequilibrios de nuestro mercado laboral: elevada tasa de paro (es decir, hay muchos demandantes para cada puesto de trabajo, con lo que el empresario no necesita pagar mucho para cubrirlo), presión migratoria, baja productividad o sectores de escaso valor añadido, como la hostelería y la restauración, que no permiten alegrías salariales, entre otros.
Pero también hay que añadir los costes extrasalariales, en especial los impuestos y las cotizaciones a la Seguridad Social para pagar las pensiones, que han subido brutalmente con Pedro Sánchez. Es decir, encima de unos sueldos bajos, el Estado se queda con un porcentaje cada vez mayor en vez de llevárselo el trabajador a su casa.
Ahí sí existe una conexión entre altas pensiones y salarios bajos. Pero más peocupante es, como también analiza González, que el gasto «rigidizado» (es decir, el indexado y blindado por ley, como las pensiones) cada vez supone una parte mayor del Presupuesto. Esto se traduce en deterioro de los servicios públicos y en falta de inversión -como ha quedado tristemente de manifiesto en el ferrocarril- y, por tanto, de impulso a la actividad económica por parte del sector público. Y eso, a su vez, contribuye a la falta de empleo de calidad y a los bajos salarios. La pescadilla que se muerde la cola.
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