El Clásico empieza mucho antes de que el balón ruede en el Camp Nou. Se juega en las declaraciones, en los comunicados y en un procedimiento judicial que cambió la relación entre los dos clubes. Real Madrid y Barcelona llegan al partido con las relaciones institucionales rotas, sin comida de directivas y sin un acercamiento que rebaje la tensión. La ausencia de Florentino Pérez en Barcelona es una consecuencia visible de un enfrentamiento que tiene raíces mucho más profundas.
Durante años, ambos clubes consiguieron separar la rivalidad deportiva de determinados intereses comunes. Podían discutir por un arbitraje, competir por un fichaje o intercambiar reproches y, al mismo tiempo, sentarse a negociar sobre derechos audiovisuales o proyectos europeos. Esa capacidad para mantener una interlocución convivía con la exigencia de ganar al otro cada fin de semana. El escenario actual muestra hasta qué punto se ha deteriorado aquel equilibrio.
Ahora, el desacuerdo afecta a cuestiones que cada entidad considera fundamentales: la defensa de su historia, la legitimidad de sus actuaciones y la confianza en la competición. Cada intervención pública encuentra un terreno abonado para el conflicto. El partido llega con una tensión que supera a los entrenadores y a los futbolistas.
Negreira cambió las reglas de la relación
El caso Negreira es el centro de la ruptura. La revelación de los pagos del Barcelona a José María Enríquez Negreira durante su etapa como vicepresidente del CTA introdujo un conflicto imposible de resolver con un almuerzo entre presidentes. El asunto pasó a los tribunales y el Real Madrid decidió intervenir para defender sus intereses.
El 12 de marzo de 2023, su junta directiva anunció que se personaría cuando el procedimiento se abriera a las partes perjudicadas. El comunicado expresaba preocupación por la gravedad de los hechos y confianza en la justicia. La decisión establecía que el club blanco quería tener presencia en una causa relacionada con el organismo arbitral de la competición en la que participa.
Ahí reside una incompatibilidad que sigue vigente. El Madrid considera necesario actuar para esclarecer lo sucedido y defender su posición. Laporta interpreta esa actuación como una ofensiva contra el Barcelona. Mientras uno sostiene su presencia en el procedimiento, el otro señala esa misma presencia como una razón para dar por inexistentes las relaciones.
El conflicto judicial tiene además sus propios tiempos. Las diligencias, los documentos y las resoluciones vuelven a introducir el asunto en la conversación pública. La tensión se reactiva con cada novedad y condiciona cualquier intento de recuperar una relación estable.
La batalla por la historia de los dos clubes
En abril de 2023, el enfrentamiento adquirió otra dimensión. Laporta calificó al Real Madrid de «equipo del régimen» durante su comparecencia sobre el caso Negreira. La respuesta madridista llegó mediante un vídeo oficial que cuestionaba esa acusación y repasaba episodios de la relación del Barcelona con el franquismo.
El intercambio afectó a algo especialmente sensible para las dos entidades: la manera en que explican su historia a sus aficionados. Las acusaciones dejaron de referirse únicamente a una decisión concreta y alcanzaron la identidad del adversario. Ese tipo de choque deja una huella más duradera que una protesta por un penalti.
También cambió el alcance del enfrentamiento. Los canales oficiales permiten responder de inmediato y llegar a millones de seguidores. Una declaración genera un vídeo, el vídeo provoca otra intervención y el conflicto se prolonga ante una audiencia global. Las plataformas de los clubes se han convertido en parte de esa disputa por fijar qué ocurrió y quién debe dar explicaciones.
Vinicius, otra frontera en el distanciamiento
El episodio de Miquel Camps añadió un componente distinto. En octubre de 2023, el directivo azulgrana publicó un mensaje contra Vinicius en el que lo llamaba «payaso» y «vacilón» y afirmaba que merecía una «colleja». Florentino Pérez decidió no acudir al Clásico de Montjuic tras aquel ataque.
Para el Madrid, el asunto afectaba al respeto hacia uno de sus jugadores. La polémica trasladó el deterioro institucional a un terreno en el que el club debía responder también ante su vestuario y su afición. Se acumulaba otro motivo de distancia cuando la relación ya estaba dañada por Negreira y por los ataques públicos de los meses anteriores.
A partir de ahí, los gestos de cortesía perdieron parte de su función. Una fotografía conjunta podía transmitir una normalidad que las posiciones de ambos clubes desmentían. La ausencia de encuentros entre directivas terminó reflejando con mayor fidelidad el estado de la relación.
El arbitraje y Tebas amplían el frente
El arbitraje mantiene abierto otro espacio de confrontación. El Real Madrid cuestiona el funcionamiento del sistema y utiliza su televisión para analizar actuaciones y reclamar explicaciones. Desde el Barcelona se interpreta esa estrategia como una forma de presión. Cada jornada ofrece nuevos episodios para alimentar una discusión en la que tampoco existe un criterio compartido sobre el papel de los canales oficiales.
La distancia se aprecia igualmente en la posición ante Javier Tebas. En la previa de este Clásico, Laporta ha respaldado al presidente de la Liga y ha acusado al Madrid de intentar «reventarlo todo», incluyendo la competición y el CTA. Ese apoyo sitúa al Barcelona junto a un dirigente con el que el club blanco mantiene un enfrentamiento abierto.
Los intereses que en otros momentos facilitaron la colaboración han perdido capacidad para acercarlos. El proyecto europeo compartido tampoco ha evitado que las diferencias se impongan en la relación cotidiana. Laporta lo ha resumido estos días al hablar expresamente de un enfrentamiento con el Real Madrid.
Ese es el ambiente que acompaña al partido. Habrá fútbol, decisiones tácticas y tres puntos importantes, pero el resultado difícilmente resolverá lo que separa a los clubes. La ruptura se sostiene sobre asuntos que seguirán abiertos después del pitido final. El Camp Nou reunirá a los equipos mientras sus instituciones continúan cada vez más alejadas.