Atlético 0-1 Celta

El Celta se aprovecha de un Atlético que sigue de resaca

Los de Giráldez se aprovechan de la zozobra rojiblanca para asaltar el Metropolitano y presionar al Betis

El Atlético, bajo de ánimo por la eliminación de Champions, cosecha su quinta derrota en las últimas siete jornadas

Atlético Celta

Poca agua ha bebido el Atlético tras la borrachera de Champions. La resaca continental se traslada al plano nacional con otra derrota (1-0), la quinta en las últimas siete jornadas. La apuntilló Borja Iglesias tras firmar una vaselina académica. Este Atlético, que demanda ya el pitido final de la temporada, alimenta las aspiraciones de cada rival. Dio pulso a Sevilla y Elche por la permanencia e ilusiona al Celta por la Champions; esa competición que ha dejado el ánimo rojiblanco en la lona.

Cuesta pasar de página en el Metropolitano; todavía colea lo ocurrido en Londres. «Vaya patada al aire de Sorloth». «Giuliano tenía que haber tirado de primeras». Así suenan las sobremesas posarsenal y precelta, llenas de autoflagelamientos que pasaban a lamentaciones generales. «El fallo de la temporada fue perder la final de Copa». Pues el Atlético cierra el curso como finalista de Copa; semifinalista de Champions y con opciones de podio en Liga. Temporada aceptable; sensaciones amargas.

El contraste alcanzó el cielo, a caballo entre la lluvia y el sol que obligaba a tan pronto sacar el paraguas como las gafas de sol. No tuvo dudas Simeone; necesitaba una victoria para purgar emociones. A buscarla fue con un equipo bastante titular. Solo tres caras nuevas de las que se presentaron en el Emirates. Sorloth por el lesionado Julián Álvarez; Baena por Giuliano y Giménez por Le Normand. Lo del uruguayo es para comer aparte.

En 24 horas ha pasado de publicar en redes sociales un enigmático mensaje que vislumbra su futuro más fuera que dentro del Atlético; ha regresado a la titularidad tras más de un mes en el dique seco por lesión; y ha durado 18 minutos vestido de corto. Un balón dividido con Borja Iglesias fue el causante. Quedó dañado y minutos después fue sustituido por Le Normand. Se marchó ovacionado por el Metropolitano en el que puede haber sido su último partido con el Atlético.

Lo iniciaron los de Simeone como aquel que va a trabajar después de haber roto con su pareja. Todo funcionaba por inercia y la mordiente la ponía la propia situación, melancólica donde las haya. Lookman trató de hacer de las suyas por el costado y siempre obligaba a tener dos jugadores celestes pegados. Por ahí trató el Atlético de recuperar el pulso, pero de manera inocente.

Apenas un par de remates de cabeza de Sorloth y un tímido disparo de Griezmann. El Celta tampoco ofrecía más, pero se mantenía en ese espacio legal de evitar el sufrimiento y tampoco provocarlo. Se lo creyeron tras el paso por vestuario. ‘Oye, que a esta gente le podemos hacer daño’, debieron hablar. Y vaya si podían. Moriba culminó con poco acierto una gran triangulación y Radu sacó una mano de gato al remate de Sorloth.

Y en la siguiente; golpeó el Celta con una maravillosa vaselina de Borja Iglesias. De ahí en adelante, fundido a negro del Atlético, al que la Liga hace tiempo que le estorba más que aporta. Aunque conviene acabar con una sonrisa. Recordemos que este equipo rozó un doblete, pero, claro, de casis no se vive. Ni en el fútbol ni en la vida y el Atlético tiene mucho que ver con los dos intangibles. Deberá beber más agua para los tres partidos que quedan, por aquello de superar resacas y demás.

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