Según la psicología, las personas que agradecen excesivamente los favores de otros no lo hacen por cortesía, en realidad es que nunca han recibido ayuda
Un comportamiento que genera confianza, reduce tensiones y refuerza la conexión con otras personas
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Numerosas personas son las que agradecen en su día a día cada gesto que proviene del resto. Aunque suelen ser bastantes los que agradecen varias veces por acciones muy simples y se interpreta como una muestra de educación. La psicología afirma que estos agradecimientos excesivos podrían deberse a la forma en la que una persona aprendió a recibir ayuda y a vincularse con los demás a lo largo de su vida.
¿Por qué ocurre?
La teoría del apego, pronunciada por el psiquiatra John Bowlby, ayuda a entender este comportamiento porque se basa en cómo las primeras experiencias con los cuidadores influyen en la forma en la que las personas perciben el apoyo, la cercanía y la disponibilidad del resto. Por ello, las personas que agradecen repetidas veces un hecho, experimentan la ayuda como algo poco habitual o valioso. Además, un favor sencillo provoca una respuesta emocional más intensa e incluso se expresa con varios «gracias» al mismo tiempo.
¿Qué esconde este comportamiento?
La tendencia de algunas personas a preocuparse demasiado por cómo interpretan sus acciones o por la posibilidad de recibir una respuesta negativa hacia las mismas, se relaciona con el concepto de la sensibilidad al rechazo de Geraldine Downey y Scott Feldman. Esto señala que una persona que agradece varias veces quiere demostrar reconocimiento, evitar conflictos o transmitir que el gesto recibido fue importante.
La parte emocional
La psicología dicta que agradecer no sólo fortalece los vínculos sociales, sino que ayuda a generar confianza, reducir tensiones y reforzar la conexión con otras personas. Además, algunas investigaciones relacionadas con el estudio de la gratitud, cuentan que expresar agradecimiento favorece las relaciones interpersonales y aumenta la percepción de apoyo social. A pesar de esto, cuando aparece de forma desproporcionada, consideran que puede estar asociado a la necesidad de confirmar que la otra persona no se molestó o que el vínculo sigue siendo seguro.
Los especialistas expresan que este comportamiento no representa un problema psicológico, pero que en algunos casos corresponde al propio entorno, que puede verse influido por la historia personal, las experiencias de vida y la forma en la que cada persona aprende a dar y recibir ayuda de los demás.