Sabes que eres de clase media o baja en España si has hecho cualquiera de estas cosas en los hoteles durante tus vacaciones
Hay costumbres que, por más que uno trate de evitarlas, simplemente se dan. Al estar inscriptas en un «código social», delatan si uno es de clase media o baja. Y también están presentes a la hora de entrar en un hotel. Hoy, la psicología del consumo se suma para explicarlo con datos. Por lo que se intuye, entonces, que no es casualidad ni mala suerte. Hay un patrón mental detrás.
Lo que aborda este artículo no trata de juzgar las vacaciones de nadie, sino de entender qué se activa en la cabeza nada más cruzar la puerta de una habitación ya pagada. Algunos expertos llevan años estudiando esos impulsos y lo que han encontrado explica bastante más de lo que parece.
Las costumbres de hotel que delatan la clase media o baja
La lista que veremos a continuación detalla actitudes que tanto recepcionistas como camareras de piso acostumbran a ver. Inclusive, no hace falta trabajar en un hotel para comprenderlo, ya que hasta se pueden apreciar en redes sociales de «influencers».
Y la realidad es que la mayoría de estos hábitos comparte una misma lógica: sacarle a la habitación hasta el último euro pagado.
Un estudio de la Universidad de Cornell, publicado en The Review of Economics and Statistics, relacionó directamente el precio pagado con la forma de consumir en un espacio cerrado, algo que explica bastante de lo que ocurre en un hotel.
Acá hay que aclarar que el fenómeno no es exclusivo de un tipo de hotel. Aparece igual en un tres estrellas de la Costa del Sol que en una cadena de ciudad, aunque se nota más cuanto menor es la diferencia entre lo que se paga y lo que se espera recibir a cambio.
A continuación, se detallan las costumbres de hotel que delatan a qué estrato social pertenecen quienes vacacionan:
- Preguntar la clave del wifi antes de dar el nombre de la reserva en recepción.
- Abrir el minibar nada más entrar, aunque no vayan a tocar nada.
- Meter en la maleta los amenities del baño (y hasta el neceser si lo hay).
- Llevarse toallas, albornoz o secador de la habitación al hacer el check-out.
- Arrasar con el buffet libre y guardar fruta o bollería para media tarde.
- Fotografiar cada rincón de la habitación, aunque el hotel no tenga nada de especial.
¿Por qué el cerebro quiere ‘rentabilizar’ la habitación?
Hay un experimento bastante interesante, de David Just y Brian Wansink, que se hizo en una pizzería de buffet libre, no en un hotel, pero el mecanismo que describieron es idéntico. Este se publicó en 2011, también en The Review of Economics and Statistics.
Los clientes que pagaban el precio completo comían de media 4,09 raciones, frente a las 2,95 de quienes tenían un descuento del 50%.
Cuanto más se paga por adelantado, más empuja la mente a compensar ese gasto, aunque el cuerpo ya esté lleno o la maleta no tenga hueco para más cosas.
Trasladado a un hotel, ese impulso explica por qué cuesta tanto dejar comida en el plato del buffet o un bote de champú sin abrir en el estante del baño.
Estigmatizaciones en vano: ¿Por qué no es solo cosa de la clase media o baja?
Hay un segundo factor y tiene que ver con el estatus, aunque de forma menos directa de lo que parece. La investigadora Ga-Eun Oh, de la Hong Kong Metropolitan University, publicó en 2021 en la revista Heliyon un estudio sobre la autoestima social y el consumo ostentoso.
El hallazgo más llamativo es que ese vínculo entre baja autoestima y necesidad de mostrar estatus aparece más entre quienes se creen de clase alta y dudan de su propio lugar, no entre quienes se sienten de clase baja.
En un segundo experimento, la propia autora repitió el estudio y encontró que ese impulso pasa por dos vías distintas: la orientación a la dominancia social y el grado de satisfacción con la propia vida.
Cuanto menor es esa satisfacción, más se recurre a un gesto material, como quedarse con algo del hotel, para sentirse por encima de la media.
Dicho de otro modo: sacar una toalla, guardar un amenity o fotografiar la habitación tiene menos que ver con el sueldo real y más con la inseguridad sobre el estatus que se cree tener o se quiere aparentar.
Lo que confiesan los españoles sobre sus experiencias con las «cosas gratis» del hotel
Los datos en España confirman que la tentación es más habitual de lo que se admite en voz alta. Según una encuesta de Jetcost (un comparador de precios) difundida por medios locales en 2014, más del 81% de los españoles reconoce haberse llevado alguna vez algo de un hotel.
Ese porcentaje deja a España entre los países menos honestos de Europa en este terreno, lejos del 88% de daneses que aseguran no haberlo hecho nunca.
Siguiendo la misma línea, una encuesta de Hotels.com realizada en 2013 situó en el 35% a los españoles que reconocían llevarse los complementos de la habitación al abandonar el hotel.
Así, en el ranking internacional de honestidad hotelera, España queda en el puesto 26, por detrás de países como India, México o Colombia.
Entre los objetos que más desaparecen, además del jabón y las toallas, están las bombillas, las pilas de los mandos a distancia y hasta piezas de vajilla o cubertería.
El jabón y el champú encabezan esa lista. Ahora uno entiende por qué buena parte de las cadenas hoteleras han optado por atornillar el secador a la pared: es otro de los objetos que más desaparece de las habitaciones.