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Psicología

La reflexión de Carl Jung que inspira a partir de los 60: «La tarde de la vida debe tener también un significado propio y no puede ser un simple y triste apéndice de la mañana de la vida»

  • Aitana Pascual
  • Aitana Pascual Cuesta (2001) es estudiante de Periodismo en la Universidad Francisco de Vitoria de Madrid desde el 2023. Escogió esta profesión por su gran vocación con la comunicación y la escritura. Hoy en día, tiene mucho interés por la historia, deportes y actualidad. Su principal objetivo es seguir formándose y aprender a contar los sucesos de forma clara y rigurosa.

Cumplir años suele asociarse con pérdidas, cambios y el final de algunas etapas, pero Carl Jung planteó una perspectiva muy diferente sobre el envejecimiento. El psicólogo suizo escribió una reflexión que continúa inspirando décadas después. «La tarde de la vida debe tener también un significado propio y no puede ser un simple y triste apéndice de la mañana de la vida». Para Jung, llegar a la madurez no suponía vivir de los recuerdos de la juventud, sino afrontar una nueva etapa con sus propios objetivos y preguntas.

La vida no termina al cumplir 60

La reflexión forma parte de las ideas de Carl Jung sobre las distintas etapas de la existencia. Para el psicólogo, la primera mitad de la vida suele estar orientada hacia el mundo exterior, como construir una carrera, formar una familia, conseguir independencia y encontrar un lugar dentro de la sociedad. Son objetivos vinculados al crecimiento y a la consolidación de la identidad.

Sin embargo, Carl Jung consideraba que esos mismos objetivos no podían gobernar para siempre la existencia. Cuando una persona alcanza la madurez, las prioridades pueden cambiar y aparecen preguntas diferentes. Ya no se trata únicamente de conquistar el mundo exterior, sino también de mirar hacia dentro, comprender mejor quién se es y encontrar un significado que vaya más allá del éxito, el dinero o el reconocimiento social.

El valor de mirar hacia dentro

Una de las ideas centrales del pensamiento de Carl Jung fue el proceso de individuación, relacionado con el desarrollo de una personalidad más integrada y con el reconocimiento de aspectos conscientes e inconscientes de uno mismo. Los estudios posteriores sobre su pensamiento han señalado precisamente su importancia para comprender el desarrollo psicológico durante la edad adulta.

Esto explica por qué Carl Jung no consideraba que la vejez fuera simplemente una prolongación de la juventud. Mientras que durante los primeros años de vida puede existir una fuerte necesidad de conquistar el mundo exterior, la madurez puede exigir otro movimiento, como detenerse, revisar las propias experiencias y preguntarse qué significado tienen después de todo lo vivido.

La reflexión adquiere especial fuerza a partir de los 60 porque cuestiona una idea muy extendida, ya que determinados proyectos tienen una edad límite. Para Carl Jung, una persona mayor no debería convertirse en una versión reducida de quien fue décadas atrás. La segunda mitad de la vida tiene sus propios desafíos, pero también sus propias posibilidades.