Rafael Narbona, profesor de filosofía: «En los colegios de Finlandia los chicos llegan y se descalzan, hay que humanizar las aulas en España»
El escritor y profesor de filosofía, Rafael Narbona, explica cómo son las aulas finlandesas y cuáles son las fallas del sistema español
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Las comparaciones siempre son odiosas. Aunque cada vez es más sonado eso de que los países nórdicos destacan en todo. Son muchos los que afirman que éstos son los más felices del mundo, pues ocupan los primeros puestos en los índices de felicidad y desarrollo humano de la ONU. Pero hay uno que en materia de educación destaca entre los demás. Es el caso de Finlandia. De hecho, Rafael Narbona, profesor de filosofía, es un defensor de este sistema y afirma que «hay que humanizar las aulas en España» aplicando las bases del modelo finlandés.
¿Por qué el modelo finlandés destaca en educación?
El caso de Finlandia en educación dista mucho del español. Éste primero destaca por ser un modelo que apuesta por el colectivo del alumnado y por él mismo per se, más que por las notas en sí, centrándose siempre en redes de apoyo entre compañeros que explicaremos más adelante.
Los finlandeses adoptan un modelo centrado en el apoyo personalizado enfocado en el bienestar de los estudiantes. De hecho, éstos no tienen ni deberes ni exámenes, tal y como los conocemos en nuestro sistema español. Además, hacen de las escuelas un lugar acogedor para los niños, para hacer que se sientan en un espacio seguro.
Según explica Narbona en una entrevista con el podcast Rostros y Raíces, las aulas en Finlandia «tienen moqueta» y «los chicos se descalzan», para que se sientan más a gusto. Además, relata que tienen otro sistema de jerarquización en las aulas donde existen «dos adultos, dos profesores», donde pueden repartirse el apoyo que brindan a los alumnos, para no dejarse a ninguno atrás. De hecho, no se aboga por el individualismo ni la competitividad, pues «a los chicos que van mejor, se les nombra tutores de los que van peor».
El «problema» del sistema español
Rafael Narbona defiende una visión crítica, humanista y antisistema de la educación, abogando por transformar el modelo tradicional español. El profesor de filosofía sostiene que las aulas en España funcionan, a menudo, como un mecanismo de control que fomenta el conformismo. Por otra parte, muestra especial predilección por lo que se considera «mal estudiante» y defiende la máxima de que «no hay malos alumnos, sino malas escuelas».