Los psicólogos han observado que las personas muy inteligentes a menudo exhiben esta característica en su forma de vestir
Algunos trabajos y expertos en psicología han encontrado determinados patrones entre la forma de vestir
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Muchas veces nos dejamos llevar por las apariencias para juzgar a quien tenemos delante. Su forma de actuar o de expresarse puede darnos algunas pistas, pero, sobre todo, es su fachada exterior la que suele condicionar nuestra primera impresión: cómo va vestido o peinado, qué marca llevan sus gafas, qué bolso utiliza o incluso qué complementos elige. A partir de estos detalles podemos hacernos una idea de determinados aspectos de su personalidad, como si tiene una posición económica elevada, si es una persona coqueta o más despreocupada, o si concede mucha importancia a su imagen.
Sin embargo, rara vez nos habíamos planteado que la manera de vestir pudiera guardar alguna relación con la inteligencia. Y es que, aunque a priori parezcan dos cuestiones sin relación, algunos trabajos y expertos en psicología han encontrado determinados patrones entre la forma de vestir, la personalidad y la manera en la que una persona gestiona su atención y su energía mental.
El estilo de las personas inteligentes: menos es más
No existe una prenda que permita saber si alguien tiene un cociente intelectual elevado, ni la ropa puede utilizarse como una herramienta para medir la inteligencia. Sin embargo, algunas investigaciones y observaciones de expertos apuntan a que las personas consideradas muy inteligentes pueden compartir determinadas preferencias a la hora de vestirse.
Entre ellas aparece con frecuencia un estilo minimalista y poco estridente, basado en prendas sencillas, cortes definidos y pocos accesorios llamativos. Blazers bien cortados, camisas lisas, vaqueros sencillos o prendas que no pasan de moda forman parte de ese armario que apuesta más por la funcionalidad que por llamar la atención.
El experto en liderazgo Steve Keating, citado por medios especializados, relaciona precisamente la atención a los pequeños detalles con la percepción de rigor y credibilidad. La idea no es que vestir de una determinada manera convierta a alguien en más inteligente, sino que la elección de determinadas prendas puede transmitir una imagen de cuidado, orden y precisión.
También destaca la preferencia por prendas atemporales frente a aquellas que responden exclusivamente a una tendencia pasajera. Un armario compuesto por básicos que pueden combinarse fácilmente permite reducir el tiempo y la energía que se dedica cada mañana a decidir qué ponerse.
Colores neutros y algún toque de personalidad
Otro de los patrones que aparecen en las explicaciones de expertos tiene que ver con los colores. El negro, el gris, el blanco o el beige suelen formar parte de los armarios más sobrios y permiten construir conjuntos sencillos sin demasiadas decisiones.
La psicología del color también ha estudiado cómo determinadas tonalidades pueden influir en la percepción que tenemos de una persona. El azul suele asociarse con la confianza y la estabilidad, mientras que el negro puede transmitir autoridad y elegancia. El blanco, por su parte, se relaciona con la claridad y el orden.
La psicóloga especializada en color Michelle Lewis apunta a que las personas con un alto rendimiento intelectual pueden decantarse por una base de tonos neutros acompañada de algún color de contraste elegido deliberadamente. De esta manera, la ropa no desaparece por completo, pero tampoco se convierte necesariamente en el centro de atención.
La comodidad también importa
La comodidad es otro elemento que aparece cuando se analiza la relación entre ropa y rendimiento. Vestir bien no implica necesariamente llevar prendas incómodas o seguir las últimas tendencias. De hecho, algunos estudios sobre hábitos de consumo han mostrado que una parte importante de las personas prioriza la comodidad frente a otros factores como el precio o la moda.
Esta preferencia puede tener una explicación sencilla: cuando una persona se siente físicamente cómoda, tiene menos distracciones externas. Una prenda que aprieta, unos zapatos incómodos o un tejido que molesta pueden convertirse en pequeñas fuentes de distracción a lo largo del día.
Por eso, el supuesto estilo de las personas inteligentes no tendría tanto que ver con llevar ropa cara o de determinadas marcas, sino con encontrar un equilibrio entre comodidad, funcionalidad y personalidad.
Una apariencia sencilla no significa falta de interés por la imagen
Que una persona inteligente pueda optar por un estilo sencillo tampoco significa que no preste atención a su aspecto. De hecho, puede ocurrir precisamente lo contrario.
La diferencia estaría en que la elección parece responder más a una estrategia personal que a la necesidad de seguir todas las tendencias. Una persona puede tener perfectamente identificado qué colores le favorecen, qué cortes le resultan cómodos o qué prendas encajan con su rutina y repetirlos sin necesidad de cambiar constantemente de armario.