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La psicología lo confirma: las personas que dicen «hasta mañana si Dios quiere» antes de dormir no lo hacen por rutina, hay una razón oculta detrás

«Hasta mañana, si Dios quiere». Esta es una frase de despedida que muchos hemos escuchado en casa, especialmente de nuestros padres o abuelos. Con los años, algunos terminan haciéndola suya y la repiten antes de dormir sin pensar demasiado en lo que realmente significa aunque la psicología ha querido desvelar qué se esconde detrás de ella o del hecho que alguien lo diga.

La fe y la tradición explican buena parte de esta costumbre, pero hay otro aspecto interesante. Decir «si Dios quiere» supone admitir que el mañana no está asegurado y que, por muchos planes que hagamos, siempre habrá cosas que escapen de nuestras manos. Y esa manera de enfrentarnos a la incertidumbre también ha despertado el interés de la psicología.

Qué significa decir «hasta mañana, si Dios quiere» antes de dormir

Decir «hasta mañana» parece una despedida sin mayor trascendencia. Pero al añadir «si Dios quiere», el mensaje cambia ligeramente ya que de alguna manera, reconocemos que no podemos darlo todo por hecho. Para una persona creyente tiene un significado evidente. El futuro no depende exclusivamente de sus decisiones y existe una confianza en Dios respecto a aquello que no puede controlar.

Y dentro de la propia religión, la psicología lleva tiempo interesándose por esta cuestión. Uno de sus investigadores de referencia es Kenneth Pargament, conocido por sus trabajos sobre el afrontamiento religioso. Sus investigaciones han analizado el papel de las creencias y las prácticas religiosas cuando una persona atraviesa momentos de estrés, incertidumbre o dificultad. No significa que pronunciar unas palabras determinadas haga desaparecer las preocupaciones. La cuestión está en cómo afrontamos aquello para lo que no tenemos una respuesta inmediata. Para algunas personas, la fe puede ser uno de esos recursos.

Por qué nos cuesta dejar el mañana para mañana

Antes de acostarnos es habitual pensar en lo que nos espera al despertar el día siguiente. Podemos preparar la agenda, organizar lo que tendremos que hacer y poner el despertador, pero llega un momento en el que ya no podemos hacer mucho más. Ahí encaja el «si Dios quiere». Para quien cree, decirlo supone dejar una parte de esa incertidumbre en manos de Dios. Los planes siguen ahí, aunque se acepta que las cosas pueden no salir exactamente como estaban previstas.

Además, por la noche desaparecen muchas de las distracciones que nos mantienen ocupados durante el día. De este modo, cuando todo se calma, es fácil que los asuntos pendientes vuelvan a nuestra cabeza. Y con ello, esta despedida repetida durante años puede servir para marcar ese momento en el que la jornada termina y lo que queda pendiente tendrá que esperar.

Por qué repetir la frase cada noche también importa

Todos tenemos pequeñas costumbres antes de acostarnos. Unos leen, otros rezan, preparan lo que necesitarán por la mañana o se despiden siempre con las mismas palabras. Los rituales y su relación con la incertidumbre han sido objeto de diferentes investigaciones. Un trabajo publicado en Current Biology estudió qué ocurría con determinadas conductas después de provocar una situación de ansiedad. Los participantes mostraron comportamientos más repetitivos y rígidos, y los investigadores analizaron la ritualización como una posible respuesta ante la incertidumbre.

Esto no quiere decir que despedirse con «si Dios quiere» sea equivalente al comportamiento estudiado en aquel experimento. Sí ayuda a comprender por qué la repetición puede dar un valor especial a determinadas acciones. Después de años diciendo la misma frase antes de acostarse, ésta puede acabar formando parte del ritual que señala que ha llegado el momento de terminar el día.

Qué sabemos sobre la fe, el estrés y el sueño

También se ha investigado la relación entre religión y descanso. Un estudio publicado en Sleep Health analizó a 695 adultos y examinó diferentes formas de afrontamiento religioso junto con características subjetivas del sueño. La oración y la meditación aparecieron entre las estrategias utilizadas por algunos participantes ante sus problemas para dormir.

Otra investigación realizada con musulmanes y judíos practicantes recogió experiencias de personas que consideraban que la fe y la oración les ayudaban a reducir el estrés y descansar. Eso no permite afirmar que ser creyente haga dormir mejor ni que decir «hasta mañana, si Dios quiere» tenga automáticamente un efecto sobre el sueño. La experiencia religiosa es personal y sus efectos no son iguales para todo el mundo. Pero lo que sí muestran estos trabajos es que, ante situaciones de incertidumbre o estrés, algunas personas encuentran en sus creencias una fuente de apoyo.

Mucho más que una frase de nuestros abuelos

También existe una explicación mucho más sencilla: alguien puede decir «hasta mañana, si Dios quiere»  porque lleva escuchándolo desde pequeño. Son expresiones que pasan de una generación a otra hasta incorporarse al lenguaje familiar. Pero una explicación no elimina la otra. La frase puede haberse aprendido de los abuelos y conservar un significado personal para quien la utiliza. Al final, esas tres palabras resumen una idea bastante sencilla. Podemos organizar el día siguiente y hacer todos los planes que queramos, pero nunca tendremos todas las variables bajo control. Quizá por eso la expresión sigue escuchándose tantos años después.