PSICOLOGÍA

La psicología ha llegado a la conclusión de que los adultos amables que carecen de relaciones sólidas descubren una dura realidad, ser buscado por la gente no es lo mismo que ser elegido por ella

Soledad adulta. Imagen generada con IA.
Soledad adulta. Imagen generada con IA.
Carla Abadía
  • Carla Abadía
  • Carla Abadía Betrán (Huesca, 2003) periodista especializada en SEO. Actualmente, continúa ampliando sus conocimientos en marketing y tiene experiencia en medios de referencia como La Razón, además de participar en diversos proyectos en redes sociales.

Hay personas que desde fuera dan la sensación de tener una vida social plena. Reciben mensajes con frecuencia, siempre tienen planes con amigos y suelen ser las primeras a las que familiares o compañeros recurren cuando necesitan ayuda o consejo. Si no los conoces, su vida parece estar lejos de la soledad. Pero nada más lejos de la realidad, la psicología ha querido explicar una realidad cada vez más común entre los adultos. Sentirse rodeados de gente y, al mismo tiempo, experimentar una profunda desconexión emocional.

Los especialistas distinguen entre dos conceptos que suelen confundirse. Una cosa es ser una persona querida, agradable y disponible para los demás. Otra muy distinta es sentirse elegido para formar parte de los vínculos más cercanos de la vida de alguien.

Cantidad no es mejor que calidad

El número de contactos sociales no es el mejor indicador de una buena salud emocional ni mental. Lo que realmente influye en el bienestar es la calidad de las relaciones y la sensación de pertenencia que estas generan.

La psicóloga estadounidense Marisa G. Franco, especializada en el estudio de la amistad adulta, sostiene que las relaciones profundas se construyen a partir de la reciprocidad, la confianza y la inversión mutua de tiempo y energía. En otras palabras, sentirse apreciado por muchas personas no siempre significa sentirse verdaderamente conectado con ellas.

Esa es la razón por la que algunas personas muy sociables pueden llegar a la mediana edad con la sensación de ocupar un lugar secundario en la vida de los demás. Son quienes escuchan, ayudan y están presentes, pero pocas veces sienten que alguien las elige de forma consciente para compartir sus preocupaciones, sus anécdotas o sus momentos más importantes.

Lo que nadie ve de la soledad siendo adulto

Hay una forma de soledad que pasa desapercibida porque no encaja con la imagen tradicional del aislamiento. No se trata de estar solo o de carecer de interacción social.

La persona pueden mantener conversaciones, participar en actividades y forma parte de distintos grupos, pero percibe que sus relaciones carecen de profundidad emocional que a veces es necesaria.

Entre los pensamientos más habituales aparece la idea de ser remplazado, la escasa reciprocidad en las relaciones o la impresión de que siempre eres quien ofrece más de lo que recibe.

Cómo puedes construir relaciones más profundas

El cambio suele empezar con una actitud más activa. Proponer quedadas, compartir vivencias personales, expresar tus sentimientos y permitir que las relaciones evolucionen hacia una mayor intimidad son algunas de las estrategias que favorecen la creación de conexiones más profundas.

Sentirse acompañado no depende de cuántas personas nos rodean, sino de cuántas de ellas nos hacen sentir que ocupamos un lugar importante en sus vidas.

 

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