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La psicología confirma que los nacidos entre 1960 y 1970 aprendieron 7 lecciones de vida que hoy no se enseñan

  • Janire Manzanas
  • Graduada en Marketing y experta en Marketing Digital. Redactora en OK Diario. Experta en curiosidades, mascotas, consumo y Lotería de Navidad.

Los nacidos entre 1960 y 1970 crecieron en un contexto familiar, educativo y social muy diferente al actual, adquiriendo una serie de valores prácticos y habilidades psicológicas que resultan poco frecuentes entre las generaciones de la era digital. La psicología afirma que estas personas interiorizaron «lecciones de vida» a través de la convivencia intergeneracional, la experiencia directa y la gestión de la frustración.

Precisamente, los expertos alertan sobre la baja tolerancia a la frustración en edades cada vez más tempranas. Ésta aparece en forma de ansiedad, ira y tristeza cuando los deseos no son inmediatos o no se cumplen las expectativas. Francesc Torralba, filósofo y teólogo, habló sobre este aspecto en «Destellos de sabiduría», el podcast de David Corbera y Sara Pallarès: «Tenemos un ejército de jóvenes sin defensa, a veces contra cosas pequeñas. Puede ser un suspenso o no tener la nota que esperaba, una ruptura o que ha sido criticada en redes por sus pómulos. Esto está pasando. Tenemos que darles herramientas».

1. Tolerancia a la frustración

Sin lugar a dudas, uno de los mayores aprendizajes de los nacidos entre 1960 y 1970 es la tolerancia a la frustración, ya que los niños aprendían desde pequeños que no siempre podían conseguir lo que querían de manera inmediata. La psicología del desarrollo señala que la exposición temprana a la frustración es clave para aprender a regular las emociones negativas. Un aprendizaje natural que comenzaba en la primera infancia y «creaba» adultos más autónomos, capaces de enfrentarse a los obstáculos de la vida con resiliencia.

«Hay mucha intolerancia a la frustración y mucha incapacidad para enfrentarse a las contrariedades. También se debe a una educación muy paternalista. El niño se va haciendo mayor, en esa burbuja se está bien, y no le preparas para salir de la burbuja. Entonces se encuentra que el mundo no funciona así. Nadie le explica que el mundo empresarial no funciona así, cuánto cuesta un metro cuadrado, cómo funciona una relación», explica Torralba.

2. Autonomía desde la infancia

Entre 1960 y 1970, la autonomía era una característica habitual entre los más pequeños. Los niños salían solos a jugar a la calle sin la supervisión de sus padres y eran capaces de tomar decisiones de forma autónoma, fomentando la «autoeficacia». Éste es uno de los conceptos más importantes en psicología, el cual hace referencia a la capacidad personal para enfrentarse a los obstáculos y resolver problemas. Hoy, la «hiperprotección» y la supervisión constante dificultan este aprendizaje práctico.

3. Comunicación cara a cara

En plena era digital, la tecnología juega un papel crucial en nuestra vida cotidiana. Pero no siempre ha sido así. Hace décadas, cuando no existía Internet ni los teléfonos móviles, las relaciones se construían a través de la conversación, la escucha activa y la interpretación del lenguaje corporal. Los niños de esta generación aprendieron a negociar conflictos y leer emociones cara a cara, habilidades esenciales para el desarrollo de la inteligencia emocional y la empatía.

4. Valor del esfuerzo sostenido

Otra lección esencial es el valor del esfuerzo y la constancia. Los nacidos entre 1960 y 1970 crecieron con la idea de que los logros no ocurren de forma inmediata, sino que requieren paciencia, tiempo y, sobre todo, mucha dedicación. En la actualidad, en cambio, los estímulos inmediatos dificultan en gran medida la motivación que impulsa a actuar no por reconocimiento externo, sino por satisfacción personal.

5. Gestión natural del aburrimiento

El aburrimiento, aunque muchos niños nacidos en la era digital no lo entiendan así, forma parte natural de la vida. Los psicólogos señalan que vivimos en un mundo sobreestimulado, donde los más pequeños tienen todo a su alcance para jugar. Sin embargo, hace sólo unas décadas, aprendían a crear juegos propios y desarrollar su imaginación, fomentando la autonomía, la creatividad y la resolución de los problemas. Tenían que inventar sus propias actividades, algo que no ocurre a día de hoy, ya que la oferta constante de entretenimiento reduce la necesidad de imaginar o inventar.

6. Responsabilidad compartida

Por otro lado, los niños de generaciones anteriores asumían tareas domésticas y responsabilidades familiares desde edades tempranas. Colaborar en el hogar fomentaba un sentido de compromiso y pertenencia que se ha ido diluyendo con el tiempo. Hoy, la mayoría de responsabilidades recaen sobre los adultos, así que los más pequeños no adquieren la experiencia práctica de contribuir en las tareas domésticas.

7. Aceptación del error como aprendizaje

Equivocarse se consideraba parte natural del desarrollo. La generación de las décadas de los 60 y los 70 aprendió que los errores no son un fracaso, sino una oportunidad para aprender y mejorar. Un enfoque que, según la psicología, fomenta la «mentalidad de crecimiento» y  la capacidad de aprendizaje constante. Hoy, sin embargo, la presión tanto en el ámbito académico como social limita en gran medida el aprendizaje.

La psicología confirma que son habilidades y valores que contribuyen a la resiliencia emocional, la autonomía, la creatividad y la capacidad de relacionarse con los demás. Aunque hoy se intentan enseñar de manera teórica, la experiencia práctica sigue siendo insustituible.