Metro de Madrid responde y aclara la duda que no deja dormir a los usuarios. ¿Te lo habías preguntado?
¿Alguna vez te habías preguntado esto sobre el Metro de Madrid?
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¿Alguna vez te has preguntado cuál es el motivo por el que no hay relojes en los andenes ni en los vagones del Metro de Madrid? Es una cuestión que intriga a muchos usuarios y, aunque es algo que llama la atención tratándose de un sistema de transporte público tan eficiente, parece ilógico. Pero lo cierto es que no lo es, y son varios los motivos que hay detrás de la falta de relojes en el suburbano.
A falta de confirmación oficial, cabe la posibilidad de que Metro Madrid no quiere que sus viajeros contabilicen los retraso causados por el Sistema de Regulación Automática de Trenes (SIRAT). El tiempo es un factor psicológico muy importante, así que en los andenes solo hay paneles electrónicos que muestran el tiempo de espera de los siguientes trenes.
A esto hay que sumar que lo relojes que había en los andenes y vagones de la red de ferrocarril metropolitano de la capital cayeron en desuso. En la actualidad, casi todo el mundo lleva un teléfono móvil encima en el que puede ver la hora. Y, por último, cabe señalar que la instalación de relojes digitales en todas las paradas y trenes requeriría una inversión económica muy elevada.
Datos curiosos del Metro de Madrid
El origen del suburbano se remonta al 17 de octubre de 1919. Fue inaugurado por el rey Alfonso XIII y a día de hoy es la red de metro más extensa de España y la tercera de Europa, con una longitud de 294 kilómetros y más de 300 estaciones.
El Metro de Madrid tiene un total de 16 líneas, y la más lenta es la línea 1 (Pinar de Chamartín – Valdecarros), la primera que entró en funcionamiento. Tarda una hora y quince minutos en recorrer todas las estaciones.
Sin lugar a dudas, si hay algo que llama mucho la atención de madrileños y turistas es que el Metro de Madrid circula por la izquierda. Cuando se inauguró el suburbano, en 1919, en la capital los coches circulaban por la izquierda.
Una tradición que surgió con los coches de caballos, ya que los conductores llevaban los látigos para fustigar los caballos con la mano derecha y si circulaban por el carril derecho podían hacer daño a las personas que caminaban por la acera.
Y, por último, es interesante señalar que la de Tirso de Molina es la estación más «misteriosa» de todas. Aquí se encontraron restos fósiles de monjes de un antiguo convento de la zona.
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