Los expertos instan a mezclar bicarbonato de sodio con pasta de dientes: por qué lo recomiendan y para qué sirve
Cómo usar el bicarbonato con pasta de dientes para limpiar determinadas superficies
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El bicarbonato de sodio hace tiempo que dejó de utilizarse únicamente en la cocina. De hecho es un ingrediente que aparece en muchos trucos caseros para eliminar olores, retirar suciedad o limpiar algunas superficies. Es barato, fácil de encontrar y normalmente basta con utilizar una cantidad pequeña. Y entre las mezclas que se han popularizado mucho últimante está la de combinarlo con pasta de dientes ya que ambos productos forman una pasta que puede ayudar a desprender ciertas manchas adheridas al vidrio.
Uno de los lugares donde más se utiliza este remedio es la mampara de la ducha. Mantener el cristal transparente no siempre resulta fácil, sobre todo cuando las gotas de agua y los restos de jabón empiezan a dejar marcas. La mezcla se aplica precisamente sobre esas zonas que no terminan de quedar bien con una limpieza rápida. No hace falta cubrir toda la superficie ni preparar una gran cantidad. Basta con trabajar sobre las manchas y retirar después cualquier resto. También puede probarse en otros objetos de vidrio, aunque siempre conviene tener en cuenta el acabado de la superficie.
Los expertos instan a mezclar bicarbonato de sodio con pasta de dientes
La explicación está en la textura de los dos productos. El bicarbonato tiene una acción abrasiva suave cuando se frota, una característica que explica buena parte de sus usos en la limpieza doméstica. Por ejemplo, puede colocarse sobre una esponja húmeda para trabajar la suciedad acumulada en determinadas zonas del baño, como azulejos, lavabos o bañeras.
La pasta de dientes hace que la mezcla adquiera una consistencia más fácil de extender y mantener sobre una mancha concreta. Además, muchos dentífricos contienen sus propios agentes abrasivos porque están diseñados para limpiar mediante el cepillado. Al juntarlos se obtiene una pasta que puede utilizarse sobre huellas, restos de grasa o suciedad adherida al cristal. Eso no significa que podamos aplicarla sobre cualquier vidrio sin comprobar antes sus características. Si se trata de una mampara con tratamiento antical o de un cristal con un revestimiento especial, lo recomendable es consultar las indicaciones del fabricante. También merece la pena hacer primero una prueba en una zona poco visible y frotar siempre con suavidad.
Cómo preparar la mezcla para limpiar los cristales
Prepararla lleva apenas unos minutos. Podemos empezar con una cucharada de bicarbonato y añadir una pequeña cantidad de pasta de dientes, preferiblemente blanca y sin gránulos o partículas decorativas. Mezclamos hasta obtener una crema espesa que pueda extenderse fácilmente. Si queda demasiado seca, unas gotas de agua servirán para conseguir una textura más manejable.
Después colocamos un poco de producto sobre una esponja suave y lo repartimos por la zona que queremos limpiar haciendo movimientos circulares. No es necesario ejercer demasiada presión. Luego dejamos la mezcla durante uno o dos minutos y la retiramos con un paño humedecido en agua, comprobando especialmente las esquinas y los bordes para que no queden restos blancos. Por último, hay que secar bien el cristal con un paño de microfibra limpio y si todavía queda algún resto de la mezcla, es preferible volver a pasar el paño húmedo antes de dar la limpieza por terminada.
Las mamparas de la ducha, uno de sus usos más prácticos
Mantener una mampara transparente completamente limpia puede convertirse en una pequeña batalla diaria. Cada ducha deja gotas de agua sobre el vidrio y también restos de jabón, champú y otros productos. Si no se eliminan con cierta frecuencia, poco a poco aparecen zonas blanquecinas y marcas que hacen que el cristal parezca sucio incluso después de haberlo limpiado.
Es en esas manchas concretas donde esta mezcla puede tener más sentido. En lugar de utilizarla como producto habitual para toda la mampara, podemos reservarla para los puntos donde la suciedad se resiste. Para el mantenimiento diario suele resultar suficiente retirar el agua después de la ducha y limpiar periódicamente el cristal con un producto apropiado. De nuevo, hay una excepción importante. Algunas mamparas incorporan tratamientos destinados a reducir la acumulación de cal y suciedad. En esos casos no interesa utilizar un remedio abrasivo sin saber antes si es compatible. Las instrucciones del fabricante deben estar siempre por encima de cualquier truco casero.
Otros usos del bicarbonato de sodio en casa
El bicarbonato tiene bastantes más aplicaciones domésticas sin necesidad de mezclarlo con pasta de dientes. Una pequeña cantidad sobre una esponja húmeda puede servir para frotar determinadas zonas de lavabos, bañeras o azulejos. Después sólo hay que aclarar bien para eliminar cualquier residuo que haya quedado sobre la superficie.
Otro de sus usos más conocidos está relacionado con los olores. Es habitual espolvorearlo sobre alfombras antes de pasar el aspirador o colocar un recipiente abierto en algunos espacios cerrados. Y en la cocina también puede utilizarse mezclado con agua hasta conseguir una pasta para trabajar restos de grasa y suciedad del horno, evitando siempre los elementos calefactores y retirando posteriormente todos los restos.
Fregaderos, recipientes y otras zonas donde se concentran olores son otros lugares en los que suele aparecer. Sin embargo, que sea un producto cotidiano no significa que resulte adecuado para absolutamente todo. El mármol, la piedra natural, algunos metales y las superficies con tratamientos especiales pueden requerir otros cuidados, así que antes de probar cualquiera de estos trucos sobre un material delicado, lo mejor es comprobar las recomendaciones de limpieza y hacer una pequeña prueba en una zona discreta.