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Posguerra

Era uno de los oficios más duros de la posguerra en España, pero hoy nadie recuerda ni su nombre

  • Alejo Lucarás
  • Periodista y redactor SEO especializado en actualidad, ciencia aplicada, tecnología y fenómenos sociales, con un enfoque divulgativo y orientado a explicar al lector cómo los grandes temas de hoy impactan en su vida cotidiana.

La posguerra española sufrió las heridas de un fuerte aislamiento económico y una vida cotidiana atravesada por la necesidad. En ese contexto, numerosos oficios marginales adquirieron una relevancia inesperada, aunque nunca reconocida. Eran trabajos duros, ligados a la calle y a los márgenes urbanos, que permitían sostener a miles de familias en un país devastado.

Entre esos oficios hubo uno que recorrió barrios, arrabales y centros urbanos durante décadas, dejando una huella profunda en la economía de subsistencia de la posguerra. Su función estaba relacionada con aquello que otros desechaban y con un sistema de aprovechamiento total que hoy resulta casi inimaginable.

¿Cuál fue uno de los oficios más duros de la posguerra española?

En la España de la posguerra, especialmente durante los años 40 y 50, la escasez era estructural. La autarquía económica y el aislamiento internacional obligaban a reutilizar cualquier objeto que pudiera tener una segunda vida. En ese escenario, el oficio del trapero se convirtió en un eslabón básico entre los hogares y la industria.

La recogida de residuos no estaba plenamente municipalizada. Gran parte de esa tarea recaía en particulares que recorrían las calles con carros, sacos o animales de tiro. Su trabajo consistía en recuperar materiales que aún podían tener valor: trapos, papeles, metales o huesos. Y es que claro, nada se desperdiciaba en una posguerra donde cada recurso contaba.

El trapero no solo limpiaba las ciudades de forma informal, sino que alimentaba cadenas productivas enteras. El reciclaje no era una opción ideológica, sino una necesidad impuesta por la miseria y la falta de materias primas. Así, la posguerra convirtió este oficio y a otros como el del latero en una actividad cotidiana y silenciosa, integrada en la rutina urbana.

¿Qué recogían los traperos y por qué eran tan valiosos?

El valor del trabajo del trapero residía en su conocimiento de los materiales. No se trataba de basura en el sentido actual, sino de recursos reutilizables. Los trapos y la ropa usada eran fundamentales para la industria papelera y textil, ya que el algodón permitía fabricar papel resistente o tejidos de baja calidad.

Otros materiales que tenían un peso clave en la economía de la posguerra fueron los siguientes:

El trapero separaba, clasificaba y vendía estos materiales a almacenistas o mayoristas. El proceso era manual y exigente, desde la recogida hasta el pesaje con balanzas rudimentarias. En la posguerra, este circuito permitió que muchas fábricas siguieran funcionando.

Un oficio de la posguerra estigmatizado

El oficio estaba socialmente estigmatizado. Asociado a la pobreza extrema, se desarrolló en los márgenes de las ciudades. En lugares como Madrid o Barcelona, muchos traperos vivían en asentamientos precarios que crecieron durante la posguerra, como chabolas levantadas en la periferia.

La organización era familiar. Los hombres solían recorrer largas distancias con carros o animales, mientras mujeres y niños clasificaban el material en casa. También existían los conocidos como ‘traperos del alba’, que rebuscaban en vertederos antes del amanecer, compitiendo por restos aprovechables.

La posguerra consolidó este modelo de supervivencia. El ingreso dependía del acceso temprano a los residuos y de la capacidad para seleccionar lo que tenía valor. La miseria marcaba los ritmos de trabajo y la vida cotidiana, sin posibilidad real de abandonar el oficio.

¿Qué pasó luego con los traperos?

A partir de finales de los años cincuenta, la situación empezó a cambiar. El Plan de Estabilización de 1959 abrió la economía española y aceleró la modernización. La llegada del plástico, el aumento del consumo y la expansión de los servicios municipales de limpieza redujeron progresivamente el espacio del trapero tradicional.

Muchos se reconvirtieron en chatarreros o gestores informales de residuos, mientras otros abandonaron el oficio al desaparecer su función económica. La posguerra quedaba atrás y con ella un modo de vida ligado a la reutilización forzada.

Con el tiempo, el término se perdió del lenguaje cotidiano. El oficio desapareció sin homenajes ni memoria institucional, pese a haber sido uno de los trabajos más duros y necesarios de la posguerra en España.