El arriesgado ‘oficio’ que fue perseguido en la posguerra española: por suerte hoy ya nadie lo practica en España
En la posguerra española fue comida de pobres: hoy es un manjar
El oficio indispensable de la posguerra que se dio por extinto en España
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La posguerra española fue un periodo dominado por la falta de alimentos, la intervención estatal y una economía cerrada que condicionó todas las capas de la sociedad. En ese escenario apareció un «oficio» (si es que se le puede llamar así) que, si bien ya existía antes del conflicto, terminó adquiriendo un significado mucho más amplio y cotidiano tras la Guerra Civil.
Mal visto para algunos sectores de la época, las tareas que realizaban quienes ejercían este oficio eran indispensables para la supervivencia, sirviéndole tanto a las grandes ciudades como al medio rural. Su desarrollo estuvo directamente vinculado al racionamiento, la corrupción y las desigualdades que definieron aquellos años. Muy lejos estaba de ser un fenómeno marginal.
¿Cuál es el arriesgado ‘oficio’ que fue perseguido en la posguerra española?
Pocos recuerdan a qué se dedicaban los estraperlos, pero para la complicada época, estos estaban en boca de todos.
El término «estraperlo» nació en la II República, ligado a un escándalo político relacionado con la introducción fraudulenta de una ruleta eléctrica conocida como Stra-Perlo, por los apellidos de sus promotores. A partir de ese episodio, la palabra quedó asociada a negocios ilícitos y prácticas corruptas.
Sin embargo, fue en la posguerra española cuando el concepto se asentó definitivamente en el lenguaje común. La política económica autárquica del régimen franquista provocó una grave escasez de productos básicos.
Para paliarla, el Estado implantó las cartillas de racionamiento, vigentes hasta 1952, que fijaban precios oficiales y cantidades limitadas. En la práctica, estas medidas resultaron insuficientes y abrieron la puerta a un mercado negro cada vez más extendido.
Racionamiento, hambre y mercado negro en la posguerra española: donde aparece el estraperlo
La falta de alimentos y bienes esenciales involucró al estraperlo como una actividad casi generalizada. Pan, aceite, azúcar, arroz o tabaco circulaban fuera del control oficial a precios muy superiores a los de tasa. Un kilo de azúcar, que costaba menos de dos pesetas de forma oficial, podía multiplicar su valor por diez en el mercado clandestino.
En la posguerra española, el trueque fue una práctica habitual dentro del estraperlo. Alimentos se intercambiaban por ropa, jabón o calzado. Muchas familias recorrían pueblos cercanos para conseguir productos agrícolas y regresaban a la ciudad por caminos distintos para esquivar a los controles.
El ferrocarril se convirtió en un eje clave de este comercio, con intercambios organizados antes de llegar a las estaciones.
Las dos caras del estraperlo: supervivencia y enriquecimiento
No todo estraperlo respondía a las mismas motivaciones. Por un lado, existía el pequeño estraperlo, practicado por personas sin recursos que buscaban alimentar a sus familias. Por otro, el gran estraperlo, impulsado por comerciantes, intermediarios y autoridades cercanas al régimen, que aprovecharon su posición para acumular fortunas.
Durante la posguerra española, la represión se centró casi exclusivamente en los pequeños estraperlistas. Las leyes llegaban a equiparar el mercado negro con delitos gravísimos, aunque las sanciones más duras rara vez alcanzaban a quienes movían grandes cantidades de mercancía.
La corrupción funcionó como un mecanismo de fidelidad política y enriquecimiento personal. Así, la desigualdad ante la ley fue una constante.
Nuevos ricos, control social y la huella cultural que dejó el estraperlo
El auge del estraperlo generó una nueva clase de enriquecidos conocidos popularmente por conducir coches ‘Haiga’, símbolo de ostentación y burla social. Mientras tanto, mujeres y niños soportaron gran parte del peso de la miseria.
Muchas mujeres, especialmente viudas o esposas de presos, se vieron empujadas al pequeño estraperlo o a la prostitución, tolerada oficialmente hasta 1956.
En la posguerra española, el control moral fue paralelo al económico. Instituciones como el Patronato de Protección a la Mujer vigilaban comportamientos y espacios públicos, mientras el mercado negro seguía funcionando gracias a redes informales y a la connivencia de cargos oficiales.
El estraperlo quedó así como uno de los símbolos más claros de las contradicciones del régimen y de una etapa marcada por el hambre, la desigualdad y la supervivencia cotidiana.
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