Coldplay colorea el descanso de la Super Bowl 50
En medio del sueño americano se coló la música de ático londinense que olvidó su habitual aderezo de tardes lluviosas. Coldplay, cansado de su arcaica melancolía, se abandonó al éxtasis estadounidense extrayendo de sus venas musicales la versión más potente, colorida y comercial. Adornados por Beyoncé y Bruno Mars; el espectáculo marchó como un avión en piloto automático: nada podía salir mal. 12 minutos frenéticos, de himnos constantes, provocando una borrachera musical para olvidarse del siempre complejo football.
Lady Gaga ya había hecho honor a la música minutos antes con una versión del himno norteamericano del que entraban ganas de nacionalizarse. El partido dominado por la defensa de Denver, con los ataques deslucidos, dejó un escenario fácil de mejorar para Coldplay. Entró Chris Martin, con un coro de cientos de personas por detrás, a golpe de los primeros acordes de Yellow. Se encadenó con las 4 notas mágicas de Viva la Vida, un tema que nunca está de más, para hipnotizar a todos los no amantes de su música. El grupo de fieles rodeando el escenario, como un concierto más de su gira, otorgó dinamismo y echó un cable para el sentido espectáculo.
Coldplay da paso a Beyoncé y Bruno Mars
Paradise le siguió, con Martin mirando el piano de lejos. El momento todavía tenía que esperar. La faena se remató con el nuevo y pegadizo Adventure of a Lifetime. El color inundó Santa Clara a base de fuegos artificiales y flores humanas que pintaron el Levi´s. Pero lo mejor, que diría Alonso, estaba por llegar. Bruno Mars y su Uptown Funk ‘rompieron tarima’, y Beyoncé, en su faceta más sensual, rompió algún marcapasos y provocó la aparición de inhaladores para coger oxígeno. Los dos acabaron unidos con en el escenario formando una simbiosis mágica. Chris Martin se les unió en un tridente extraño y, a su vez, perfecto para concluir el éxito de Mars.
El cantante de Coldplay se sentó en el piano, ese arma que tantas noches de composiciones y cantos a la luna le han brindado. Optó por una versión sin letra de Clocks mientras aparecían imágenes de todos los shows del descanso en la historia de la Super Bowl. Se mezcló con Fix You, un himno que debería escucharse una vez a la semana por ley. Era el final y, con los últimos compases de Up&Up, epílogo del nuevo álbum de Coldplay, se volvió a juntar el tridente Martin, Beyoncé y Bruno Mars para cantar que, estando unidos, todo es posible. Que no hay nada como creer en el amor. El show llegaba a su conclusión como ordenan los cánones: fuegos artificiales, la voz de Martin retumbando y el Levi`s también abandonado a eso de creer en el amor. Coldplay coloreó San Francisco en una tarde a la que, quizá, le faltó noche.
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