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El doctor Javier Albares, experto en sueño, explica por qué descansar poco afecta al peso: «Dormir mal engorda»

Dormir mal puede favorecer el aumento de peso y alterar la salud metabólica. Así lo explica el doctor Javier Albares, especialista en Medicina del Sueño, durante su participación en el podcast de Uri Sabat, «El secreto para descansar y dormir bien de verdad». El experto insiste en que dormir no debe considerarse un lujo ni una actividad secundaria, sino una necesidad biológica fundamental que debe recibir la misma atención que la alimentación, el ejercicio o el bienestar emocional.

La afirmación con la que arranca la conversación es contundente: «Dormir mal, engorda». Para Albares, la relación entre descanso y salud está suficientemente respaldada por la evidencia científica y no prestar atención a la calidad del sueño puede tener consecuencias que van mucho más allá de levantarse cansado al día siguiente. «Un buen sueño es absolutamente necesario. No es un lujo. Y la evidencia nos dice que no cuidarlo va a tener repercusiones en nuestra salud», explica el especialista.

El médico considera que el sueño es uno de los grandes pilares de una vida saludable, junto con otros factores que habitualmente reciben mucha más atención. «Sin ningún tipo de duda. El dormir es un pilar para la salud, como lo es la nutrición, como es la actividad física y como lo es el equilibrio emocional. Y el sueño es un pilar básico para una longevidad saludable», señala Albares en su conversación con Uri Sabat. Una perspectiva que sitúa el descanso en el mismo nivel de importancia que comer bien o mantenerse físicamente activo.

(Foto: Canva)

Dormir suficientes horas no siempre significa descansar bien

Uno de los aspectos en los que hace especial hincapié el especialista es que cantidad y calidad del sueño no son exactamente lo mismo. Una persona puede pasar muchas horas en la cama y, aun así, despertarse con la sensación de no haber descansado. El motivo puede estar en que el organismo no consigue alcanzar adecuadamente las fases más profundas y reparadoras del sueño.

«Un tema, como decíamos, es la cantidad de horas y otro es la calidad. Muchísimas personas que no entran en sueño profundo por el estado de alerta que tienen, por la velocidad, por el multitasking, por las pantallas», explica Albares. El ritmo de vida actual, la necesidad de estar constantemente pendientes de diferentes estímulos y el uso continuado de dispositivos pueden mantener al cerebro en un estado de activación que dificulta un descanso adecuado.

Y es precisamente en este contexto donde aparece la relación entre dormir mal, comer peor y ganar peso. Cuando el descanso no es suficiente o reparador, el organismo no funciona en las mismas condiciones que después de una noche de sueño adecuado. El cansancio puede afectar a los hábitos diarios, reducir la capacidad para mantener rutinas saludables y favorecer que la alimentación se descontrole.

El sueño también influye en la alimentación

La relación entre descanso y peso no se limita a tener menos energía para hacer ejercicio. Dormir mal puede dificultar el control de los hábitos alimentarios, especialmente cuando la falta de sueño se convierte en algo habitual. Por eso, para el especialista, abordar determinados problemas relacionados con el metabolismo o con el peso sin prestar atención al descanso puede dejar fuera una pieza importante del problema.

Albares defiende que dormir debe ocupar un lugar central dentro de cualquier estrategia de salud. No se trata únicamente de acostarse antes o de acumular más horas de sueño, sino de conseguir que esas horas permitan al organismo atravesar correctamente las distintas fases del descanso.

(Foto: Canva)

El problema de las pantallas antes de dormir

Durante el podcast, Uri Sabat también pregunta al especialista por uno de los elementos más presentes en las noches actuales: las pantallas. Albares alerta sobre la enorme capacidad que tienen para generar dependencia y mantenernos en un estado de activación constante.

«La adicción a las pantallas es tan heavy, tan fuerte como una adicción a la cocaína, a la heroína o a cualquier o al alcohol», afirma el médico. Más allá del impacto de la luz y del momento concreto en el que se utilizan, el especialista pone el foco en el comportamiento que generan: permanecer conectados, recibir estímulos constantemente y retrasar el momento de desconectar.

El problema es especialmente relevante cuando ese estado de alerta se mantiene hasta poco antes de acostarse. Para dormir bien, el cerebro necesita pasar progresivamente de la actividad y la estimulación a un estado de calma, algo que puede resultar complicado cuando las últimas horas del día están dominadas por el móvil, las redes sociales, el trabajo o múltiples tareas simultáneas.

Dormir menos de siete horas, una señal de alerta

Durante la conversación, Uri Sabat plantea una comparación para dimensionar las consecuencias de dormir poco: imaginar que dentro de cien años se descubriera que dormir menos de siete horas resulta tan perjudicial como fumar un paquete de tabaco. Albares considera que no sería necesario esperar un siglo para conocer los riesgos.

«Hoy las tenemos clarísimas. Las tenemos hace tiempo», responde el especialista, que defiende que ya existen suficientes evidencias sobre la importancia de respetar las necesidades de sueño. En su opinión, la sociedad sigue tratando el descanso como algo que puede sacrificarse cuando falta tiempo, pese a que sus efectos terminan repercutiendo sobre la salud.

Dormir. (Foto: Canva)

El experto también destaca la importancia de empezar el día con calma, una práctica que puede ayudar al sistema nervioso a regularse después del descanso nocturno. «Empezar el día con calma es uno de los mejores reseteadores de nuestro sistema nervioso», apunta Albares en el podcast de Uri Sabat.

La conversación aborda además cuestiones relacionadas con los horarios, la cena y la siesta, factores que pueden influir en la organización del descanso. Albares recuerda que las rutinas y los horarios forman parte de la relación que mantenemos con el sueño, especialmente cuando se mantienen durante periodos prolongados.

En el caso de las vacaciones, el especialista pone como ejemplo a los deportistas y destaca la diferencia que puede existir entre quienes aprovechan ese periodo para recuperar las horas de sueño que necesitan y quienes continúan acumulando un déficit de descanso. Dormir lo suficiente durante varios días puede convertirse así en una parte esencial de la recuperación, especialmente cuando el cuerpo está sometido a una elevada exigencia física.