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ARTE

Francesca Thyssen arropada por Borja Thyssen y Blanca Cuesta presenta su proyecto más ambicioso: 365 obras y una nueva sede de 70 millones de euros

El Museo Nacional Thyssen ha presentado en Madrid su futura ampliación para acoger la colección TBA21 de Francesca Thyssen en un acto al que también asistieron Borja Thyssen y Blanca Cuesta. La operación consolida la influencia cultural de Francesca y su manera de convertir arte, apellido y fortuna en legado.

Francesca Thyssen demuestra que existe otra manera de llevar su apellido. Creció rodeada de obras maestras, mientras su padre, Hans Heinrich Thyssen-Bornemisza, reunía una de las colecciones privadas centrales del siglo XX. Pero ella eligió otro territorio: artistas vivos, instalaciones inmateriales y proyectos relacionados con el océano, la ecología, la guerra y la memoria.

Esa visión tendrá una casa propia en Madrid. El Museo Nacional Thyssen-Bornemisza incorporará 365 obras de TBA21, la fundación creada por Francesca en 2002. De ellas, 186 serán donadas y otras 179 quedarán como préstamo a largo plazo. El conjunto, valorado en 25 millones de euros, incluye trabajos de Ai Weiwei, Marina Abramović, Olafur Eliasson, Pipilotti Rist, Ernesto Neto, Maurizio Cattelan y Joan Jonas.

Francesca Thyssen durante la presentación. (Foto: EP)

La colección ocupará el edificio Medinaceli, situado cerca del museo. Construido en los años veinte como pista de hielo y salón del automóvil, cuenta con 15.000 metros cuadrados. El Ministerio de Hacienda cederá el inmueble y financiará su rehabilitación, presupuestada en 70 millones. La apertura está prevista para 2031, con más de 8.000 metros cuadrados destinados a exposiciones.

La operación puede interpretarse en términos artísticos, urbanísticos y económicos, pero cuenta una historia personal sobre la construcción de la posteridad. Si el barón encontró en Madrid el lugar donde conservar su colección histórica, su hija ha conseguido reservar un espacio para su idea del arte. No es una continuación del legado paterno, sino una respuesta contemporánea.

Francesca pertenece a una singular estirpe europea: heredera de una fortuna industrial, Thyssen-Bornemisza por nacimiento y vinculada durante años a los Habsburgo. Sin embargo, ha evitado quedar reducida al papel de guardiana de un patrimonio familiar. Su identidad pública se apoya en una forma de mecenazgo que privilegia los encargos, la investigación y las relaciones prolongadas con los creadores.

TBA21 no se ha limitado a comprar piezas terminadas. Ha financiado procesos, expediciones y obras alejadas de los formatos más comerciales. Así, la colección funciona como el diario de la propia Francesca y refleja una geografía vital que enlaza Madrid, Venecia y Jamaica. Madrid representa la herencia; Venecia, la experimentación artística compartida con su marido, Markus Reymann; Jamaica, su memoria afectiva y su compromiso con el océano.

(Foto: EP)

La nueva sede eleva esa trayectoria a escala institucional. Desde 2019, TBA21 mantiene una colaboración con el Thyssen y ha presentado exposiciones temporales en su planta inferior. En 2023, parte de sus fondos dialogaron con la colección permanente; en 2025, Terrafilia situó el arte y el medioambiente en el centro de la programación. Ahora lo provisional adquiere vocación de permanencia.

El anuncio coincide, además, con un momento de vitalidad para el coleccionismo privado madrileño. La exposición Madrid Colecciona, clausurada el 6 de septiembre, reunió medio centenar de colecciones contemporáneas. Francesca escogió ARNO, de Jenny Holzer, vinculada al duelo y la crisis del sida, y Bus Tickets, de Jasbir Puar y Dima Srouji, sobre la vida cotidiana y la memoria palestina. Dos elecciones que funcionan como autorretrato intelectual: obras incómodas antes que trofeos decorativos.

La iniciativa plantea, inevitablemente, preguntas sobre dinero e influencia. Frente a los 25 millones en los que se valoran las obras, el Estado compromete 70 millones para recuperar el edificio. Un museo requiere mucho más que paredes: áreas educativas, restauración, investigación y servicios. Aun así, la magnitud de las cifras invita a observar cómo se reparten los beneficios entre patrimonio público e iniciativa privada.

Borja Thyssen durante la presentación. (Foto: EP)

Ahí se encuentra el poder contemporáneo de Francesca Thyssen. No consiste únicamente en poseer arte, sino en lograr que artistas, instituciones y administraciones converjan alrededor de su visión. En 2031, TBA21 dejará de ser una presencia invitada para quedar anclada al corazón cultural de Madrid.