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Vuelco en la comunidad astronómica: investigadores ingleses afirman que el 90% de Venus pudo estar cubierta por océanos

  • Sofía Narváez
  • Periodista multimedia graduada en la Universidad Francisco de Vitoria, con un Máster en Multiplataforma por la Universidad Loyola. Editora en Lisa News con experiencia en CNN y ABC.

Richard Ghail y su equipo del Imperial College de Londres han identificado formaciones geológicas en las llanuras de Venus que apuntan a la existencia de océanos extensos durante buena parte de la historia del planeta. La revista Earth and Planetary Science Letters publica el estudio, titulado «The lost oceans of Venus», basado en imágenes de radar tomadas por la sonda Magellan de la NASA.

El equipo británico calcula que el agua líquida cubrió hasta el 90% de la superficie venusiana, con un volumen equivalente al 40% de los océanos terrestres y una profundidad media de 1.400 metros. Los investigadores sitúan la desaparición de estos mares en un episodio de efecto invernadero desbocado que se produjo hace menos de mil millones de años, un plazo mucho más reciente que el que defendían los modelos anteriores.

Hasta ahora, buena parte de la comunidad científica sostenía que Venus perdió su agua muy pronto, antes incluso de que se formara la superficie que hoy observan las sondas, o que nunca llegó a tener océanos. Otros modelos climáticos, como los que publicó en 2016 el equipo de Michael Way en la NASA, ya apuntaban a una fase templada más prolongada. El trabajo de Ghail traslada ese debate del clima a la geología: busca marcas físicas de esos mares en el terreno actual del planeta.

Las huellas geológicas de los océanos de Venus

Ghail, Eloise Crouch y Philippa Mason, coautoras del estudio, analizaron seis tipos de terreno poligonal en las tierras bajas del planeta. Estos polígonos, de uno a varios kilómetros de ancho, coinciden en forma y tamaño con los sistemas de fallas poligonales que se forman en la Tierra dentro de sedimentos marinos ricos en arcilla, como los que existen en la cuenca de Grenada, en el Caribe.

Los científicos del Imperial College también reinterpretan los canali, los largos canales que surcan la superficie de Venus y que la mayoría de los geólogos atribuían a coladas de lava. El equipo sostiene que su geometría se ajusta mejor a corrientes submarinas de sedimentos, similares a las que excavan los canales en los fondos oceánicos terrestres. Baltis Vallis, el canal más largo del sistema solar, encaja en este patrón.

La investigación añade un tercer indicio: las crestas arrugadas que cubren buena parte de las llanuras venusianas. Según los cálculos del equipo, estas crestas se apoyan sobre una capa de sal de al menos 64 metros de espesor, un residuo típico de la evaporación de grandes masas de agua. Ghail y sus colegas comparan este proceso con la crisis de salinidad del Messiniense, que secó el Mediterráneo hace unos seis millones de años.

Qué implica el hallazgo de los océanos de Venus para la vida en el universo

La salinidad que resulta de estos cálculos, de 35 gramos por litro, coincide con la del agua de mar terrestre. Ese dato refuerza la hipótesis de un océano estable, no de charcos residuales, y alarga la ventana de tiempo en la que Venus pudo albergar condiciones habitables.

La NASA y la Agencia Espacial Europea ya preparan las misiones EnVision y VERITAS, previstas para la década de 2030, con instrumentos capaces de perforar con radar las capas superficiales de Venus y confirmar o descartar la presencia de estos depósitos de sal. Ghail reconoce que ninguna de las pistas actuales es concluyente por separado, pero defiende que la suma de todas ellas configura un escenario sólido.

El estudio también traslada una advertencia a la Tierra. Si Venus perdió sus océanos y, con ellos, cualquier forma de vida que hubiera desarrollado, en un plazo geológico relativamente corto, los autores plantean que un proceso similar de efecto invernadero desbocado podría alterar de forma irreversible el futuro de nuestro propio planeta.