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Hallan signos de vida en Venus que podrían venir de la Tierra: un equipo de investigadores confirma lo inaudito

Venus
Janire Manzanas
  • Janire Manzanas
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Un nuevo estudio presentado en la Conferencia de Ciencias Lunares y Planetarias de 2026 (LPSC) por investigadores del Laboratorio de Física Aplicada de la Universidad Johns Hopkins (JHUAPL) y de los Laboratorios Nacionales Sandia revelado que la transferencia de vida desde el planeta Tierra es una «realidad estadística», según recoge Universe Today. El modelo sugiere que, incluso bajo las condiciones más conservadoras, nuestro planeta ha estado «sembrando» Venus de manera constante a lo largo de la historia.

La herramienta fundamental de este hallazgo es la fórmula L = O × R × C, donde la probabilidad de vida existente (L) se estima a partir de la combinación del origen (O), la robustez de la biosfera (R) y la continuidad de las condiciones habitables (C). Según los datos de la fuente empleada en el estudio, los investigadores calculan que alrededor de 20.000 millones de células podrían haber sido transportadas desde la Tierra hacia la atmósfera de Venus a lo largo de los últimos 1.000 millones de años.

Los signos de vida hallados en Venus podrían ser terrestres

Se cree que, de todos los planetas del Sistema Solar, el clima de la antigua Venus pudo haber sido el más similar al de la Tierra en sus primeras etapas, cuando surgió la vida microbiana primitiva. Algunos científicos consideran que, al igual que nuestro planeta, Venus pudo haber tenido océanos de agua líquida (un ingrediente esencial para la vida tal como la conocemos) durante unos 2.000 o 3.000 millones de años. Sin embargo, con el paso del tiempo, la Tierra conservó sus océanos y permitió el desarrollo de diversas formas de vida, mientras que Venus, al estar más cerca del Sol, sufrió un intenso efecto invernadero que la secó. Hoy, su superficie alcanza temperaturas de hasta 465 °C, lo que impide la existencia de organismos vivos tal como los entendemos.

Pero, ¿alguna vez pudo haber vida en Venus? El posible hallazgo de fosfina, un compuesto que en la Tierra puede asociarse a procesos biológicos, ha reavivado el interés y aumentado el debate sobre esta posibilidad. Ahora, un nuevo estudio liderado por el Laboratorio de Física Aplicada (APL) de Johns Hopkins, en Laurel (Maryland), propone un marco teórico para estimar esa probabilidad.

La «ecuación de la vida en Venus» calcula la probabilidad de que exista vida actualmente en este planeta, centrándose en la probabilidad de cada uno de tres factores: origen, robustez y continuidad. A cada factor se le asigna un valor entre cero y uno, donde cero significa que no hay ninguna posibilidad y uno que hay certeza. Los tres factores se multiplican para obtener una probabilidad estimada de vida global, también entre cero y uno.

«He profundizado en el factor de la ecuación de Drake que estima el número de planetas con capacidad para albergar vida y me he centrado en los factores específicos de Venus», declaró Noam Izenberg, científico planetario del Laboratorio de Física Aplicada (APL) y autor principal del estudio. «Según el estado actual de la ciencia, sostenemos que existe una probabilidad no nula de que Venus albergue vida. Pero este estudio es, en realidad, un punto de partida para identificar todas las lagunas de conocimiento que deben subsanarse para llegar a una probabilidad más precisa».

Origen y evolución

En cuanto al origen de la vida en Venus, existen dos posibilidades: que surgiera espontáneamente a partir de materia inerte o que fuera transportada desde otro lugar. El hecho de que se crea que Venus tuvo en el pasado un clima similar al de la Tierra, con un océano de agua, abre la posibilidad de que la vida pudiera haber comenzado allí de forma independiente. Sin embargo, también existe la teoría de que la vida de la Tierra o de otros lugares haya viajado a Venus en meteoritos producidos por impactos planetarios, más frecuentes durante las primeras épocas del Sistema Solar.

Si la vida se afianzó en Venus, el segundo factor, la robustez, evalúa si la cantidad y variedad de vida fueron suficientes para resistir cambios climáticos drásticos. El posible entorno primitivo de Venus, comparable al de la Tierra, sugiere que también podría haber albergado una gran cantidad y diversidad de vida microbiana en sus océanos. Sin embargo, no se conoce con certeza el tamaño real del antiguo océano venusino.

El tercer y último factor de la ecuación de la vida en Venus refleja la necesidad de una continuidad ininterrumpida del hábitat desde el origen de la vida hasta la actualidad. Una pregunta clave es si hubo suficiente o ningún solapamiento entre la evaporación de los océanos y la formación de la actual capa de nubes sulfúricas para que la vida se adaptara de un ecosistema a otro. Cuanto menor sea el solapamiento, menor será la probabilidad de que esto haya ocurrido. «No sabemos lo suficiente sobre la evolución de Venus como planeta», dijo Izenberg. «Pero es algo que podemos descubrir si aprendemos más sobre su historia mediante la observación directa».

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