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Saludemos al futuro: científicos suizos crean un material de construcción que crece, respira y se regenera solo

Históricamente, el debate sobre sostenibilidad en arquitectura se ha centrado en reducir daños y emisiones. Sin embargo, la investigación científica empieza a plantear escenarios distintos, donde el material de construcción participe de forma directa en procesos naturales. Esta línea de trabajo conecta biología, ingeniería y diseño digital en un mismo soporte.

Dicho esto, desde Suiza llega una propuesta que se apoya en organismos microscópicos con miles de millones de años de historia. El desarrollo, aún en fase experimental, apunta a transformar fachadas, bloques y estructuras en sistemas activos. La clave está en integrar vida y tecnología dentro del propio material de construcción, sin depender de sistemas energéticos externos.

¿En qué consiste el material de construcción que crece, respira y se regenera solo?

El trabajo ha sido desarrollado por investigadores de la Escuela Politécnica Federal de Zúrich, que han logrado crear un material de construcción capaz de realizar fotosíntesis de forma continua. El estudio detallado al respecto fue publicado en la prestigiosa revista Nature.

Se trata de un material fotosintético vivo que combina un hidrogel sintético con cianobacterias, microorganismos capaces de transformar luz solar, agua y dióxido de carbono en biomasa.

Estas bacterias quedan encapsuladas dentro de una red polimérica diseñada para permitir el paso de luz, nutrientes y CO₂, manteniendo condiciones estables para su supervivencia durante más de un año.

A diferencia de soluciones tradicionales, este material de construcción no requiere electricidad ni mecanismos artificiales de ventilación. Su funcionamiento se basa en procesos naturales controlados mediante diseño digital e impresión 3D, lo que permite ajustar la geometría interna para optimizar la exposición a la luz y la distribución de nutrientes.

¿Cómo funciona este material de construcción fotosintético creado en Suiza?

El núcleo del desarrollo es el hidrogel, una sustancia con alto contenido en agua que actúa como soporte estructural y biológico. Dentro de este medio, las cianobacterias realizan fotosíntesis de forma constante. Al hacerlo, no solo generan biomasa, sino que alteran el entorno químico del material.

Ese cambio favorece la formación de minerales como el carbonato de calcio, un proceso conocido como precipitación inducida microbianamente. De este modo, el material de construcción no solo captura carbono de forma temporal, sino que lo almacena de manera más estable en forma mineral, reforzando además su estructura interna.

Los ensayos de laboratorio han demostrado que este sistema puede secuestrar CO₂ durante más de 400 días. La mayor parte del carbono queda fijado en esos minerales insolubles, lo que diferencia a este material frente a otros enfoques basados únicamente en biomasa vegetal.

Del laboratorio a prototipos reales para ser usados en la industria de la construcción

La investigación no se ha limitado al entorno experimental. Los primeros prototipos a gran escala ya se han materializado en instalaciones arquitectónicas. Por ejemplo, en la Bienal de Arquitectura de Venecia, el Pabellón de Canadá exhibe estructuras impresas en 3D con este material de construcción vivo.

Algunas de estas piezas alcanzan los tres metros de altura y presentan una forma similar a troncos. Según los datos del equipo, cada bloque puede almacenar hasta 18 kilos de CO₂ al año, una cifra comparable a la capacidad de absorción de un árbol maduro en clima templado.

Estas pruebas permiten observar el comportamiento del material fuera del laboratorio, evaluando factores como la exposición solar, la humedad ambiental y la estabilidad a largo plazo.

El objetivo es analizar cómo este material de construcción responde en condiciones reales y qué ajustes serían necesarios para su uso continuado.

Las posibles aplicaciones futuras de este material fotosintético

Los investigadores plantean que este desarrollo podría emplearse como revestimiento de fachadas, paneles exteriores o elementos estructurales secundarios. Integrado en edificios, el material de construcción actuaría como un sumidero de carbono durante toda la vida útil de la edificación.

Por último, además de su función ambiental, el sistema abre nuevas posibilidades en diseño arquitectónico. Recordemos que la impresión 3D permite crear geometrías complejas adaptadas a distintas necesidades, mientras que la presencia de microorganismos introduce una relación directa entre construcción y procesos naturales.