Suena grotesco pero la ciencia lo avala: investigadores canadienses crean energía limpia a partir de orina humana
La energía limpia a partir de orina humana ya no es una idea futurista. Investigadores universitarios desarrollaron un sistema capaz de generar electricidad mientras elimina contaminantes del agua, aprovechando un recurso abundante y poco explorado.
El avance fue liderado por científicos de la McGill University, quienes analizaron cómo distintas concentraciones de orina influyen en el rendimiento de un sistema basado en celdas de combustible microbianas. Los resultados del estudio fueron publicados en la revista Results in Chemistry, donde detallan el impacto electroquímico y biológico del proceso.
Cómo lograron generar electricidad a partir de orina humana
El método utiliza celdas de combustible microbianas (MFCs), dispositivos que emplean bacterias para convertir residuos orgánicos en electricidad. Además de producir energía, estas celdas permiten depurar aguas residuales, lo que convierte al sistema en una alternativa sostenible y de bajo costo.
Hasta ahora se sabía que las MFCs podían limpiar agua y generar electricidad, pero no estaba claro cómo afectaban las diferentes concentraciones de orina a su funcionamiento interno. Para resolverlo, el equipo diseñó cuatro celdas de doble cámara y las alimentó con mezclas de agua residual sintética y orina humana en proporciones del 20%, 50% y 75%.
Durante dos semanas, los investigadores monitorearon:
- La producción de energía.
- La eliminación de contaminantes.
- El rendimiento del tratamiento del agua.
- El comportamiento electroquímico del sistema.
Los resultados mostraron que las concentraciones más altas de orina, entre el 50% y el 75%, mejoraron de forma significativa la generación de electricidad. Esto se debe a que la orina contiene iones y compuestos orgánicos esenciales que favorecen el crecimiento microbiano y aceleran tanto la producción energética como la degradación de contaminantes.
Qué microorganismos hacen posible este proceso
El análisis microbiológico reveló que todas las celdas contenían comunidades bacterianas mixtas, aunque dos grupos resultaron predominantes: Sediminibacterium y Comamonas.
Sediminibacterium fue más abundante cuando la mezcla contenía un 50% de orina, mientras que Comamonas dominó en concentraciones del 75%. Estos microorganismos cumplen un papel clave porque ayudan a descomponer los contaminantes orgánicos y facilitan la transferencia de electrones dentro de la celda, un paso fundamental para la producción de electricidad.
Los investigadores sugieren que los cambios en la especie dominante podrían explicar las diferencias en el rendimiento energético. En otras palabras, la cantidad de orina no solo influye en la disponibilidad de nutrientes, sino también en qué bacterias prosperan y en qué medida el sistema logra optimizar su funcionamiento.
Más allá del laboratorio, este método podría aplicarse en contextos donde el acceso a energía y saneamiento es limitado. Entre los escenarios posibles se mencionan zonas rurales, campamentos de ayuda en desastres y comunidades aisladas de la red eléctrica.
Además, las MFCs presentan otra ventaja: sus señales eléctricas varían según el nivel de contaminación orgánica, lo que abre la puerta a su uso como biosensores económicos para monitorear la calidad del agua sin equipamiento complejo.
El estudio también destaca el potencial de este enfoque dentro de una economía más circular. Utilizar la orina como recurso permite avanzar hacia un saneamiento más sostenible, recuperar nutrientes y reducir la presión sobre los sistemas de agua dulce.
Aunque todavía se trata de un desarrollo en fase experimental, los resultados representan un paso relevante hacia tecnologías que transformen residuos cotidianos en fuentes de energía limpia y funcional.
Temas:
- Energía