Bombazo sin precedentes en la paleontología: se confirma una nueva especie de Tiranosaurio Rex de 13 metros que vivía en el océano
La paleontología tiene la costumbre de dar golpes de escena cuando menos se espera. El hallazgo que sacude ahora la disciplina gira en torno a un nuevo Tiranosaurio Rex, aunque este nunca pisó tierra firme, porque su dominio fue el océano. Y si hablamos de su tamaño, nos paramos ante una bestia sin parangón entre los depredadores marinos del Cretácico tardío.
El descubrimiento, publicado el 21 de mayo de 2026 en la revista científica Bulletin of the American Museum of Natural History, tiene además un giro que añade ironía al asunto: los fósiles que lo hicieron posible llevaban guardados en colecciones museísticas desde los años sesenta del siglo pasado, catalogados de forma incorrecta durante décadas.
El nuevo Tiranosaurio Rex que dominó los mares: ¿Cómo era y cuál es su nombre?
Se llama Tylosaurus rex y es, hasta donde se sabe, uno de los mosasaurios más grandes jamás descritos por la ciencia. Medía hasta 13 metros de largo (el equivalente a un autobús escolar) y habitó los mares poco profundos que cubrían lo que hoy es Texas hace entre 79 y 81 millones de años.
Para aclarar, los mosasaurios no eran dinosaurios, aunque vivieron en la misma época y ocuparon el mismo papel de depredadores de élite. Eran lagartos marinos gigantes. Tenían aletas en lugar de patas, cráneos largos y poderosos, cuerpos aerodinámicos diseñados para la caza en mar abierto.
En aquel tiempo, una enorme extensión de agua conocida como el Mar Interior Occidental dividía Norteamérica en dos masas de tierra. Ese mar cálido y nutrido fue el territorio de este nuevo depredador ápice, que superaba en longitud al doble de los tiburones blancos más grandes que existen hoy en los océanos.
Y ojo aquí, porque el nombre no es ninguna casualidad. Igual que el Tiranosaurio Rex terrestre encarnó el papel de rey indiscutible en tierra, el Tylosaurus rex ocupó ese mismo trono en el agua durante millones de años.
Un fósil mal etiquetado durante casi cinco décadas en el Perot Museum de Dallas
La historia del hallazgo arranca con Amelia Zietlow, investigadora del Museo Americano de Historia Natural de Nueva York. Al examinar un espécimen catalogado como Tylosaurus proriger (especie descrita por primera vez en 1869), algo no cuadraba con el material de referencia de esa especie conocida.
Las diferencias anatómicas eran suficientes como para sospechar que estaba ante algo completamente distinto. El espécimen en cuestión es el holotipo de la nueva especie. Se trata de un fósil gigante que lleva años en exposición pública en el Perot Museum of Nature and Science de Dallas, en la sala Life Then and Now, sin que nadie hubiera reparado en lo que realmente era.
El fósil se extrajo en 1979 cerca de un embalse artificial en las afueras de Dallas. El estudio fue coescrito con Michael Polcyn (Southern Methodist University) y Ron Tykoski (Perot Museum), y confirmó que el registro fósil de los mosasaurios guardaba, a plena vista, un animal completamente nuevo para la ciencia.
El material que respaldó la descripción no provino solo de ese espécimen. Otros fósiles recogidos en Texas a lo largo de décadas, entre los años sesenta y principios de los 2000, también formaron parte del análisis, todos catalogados erróneamente como una especie ya conocida.
Dientes aserrados, mandíbulas brutales y peleas entre miembros del mismo Tiranosaurio Rex marino
Solo decir que el Tylosaurus rex era grande es limitarlo bastante. Sus dientes, finamente aserrados, eran similares en estructura a los del Tiranosaurio Rex terrestre. Estaban optimizados para penetrar tejido y desgarrar con cada mordida que daban.
En la misma línea, la musculatura de las mandíbulas y el cuello era excepcionalmente robusta, lo que apunta a una fuerza de mordida extraordinaria.
Pero el detalle más inesperado que arrojó el análisis fue otro. Los fósiles presentan evidencia de combates violentos entre miembros de su propia especie, un nivel de agresión intraespecífica que no se había documentado antes en el linaje de los Tylosaurus.
«Además de ser enorme (aproximadamente el doble de longitud que los tiburones blancos más grandes), T. rex también estaba peleando con otros miembros de su especie, lo que es emocionante», señaló Zietlow en declaraciones recogidas por varios medios tras la publicación del estudio.
La combinación de tamaño, armamento dental y comportamiento agresivo sitúa al Tylosaurus rex entre los depredadores más formidables del Cretácico tardío, en un ecosistema oceánico que no volvió a contar con un predador de esas dimensiones hasta mucho después.
Un árbol filogenético que la ciencia tuvo que reescribir
Desde luego, el trabajo de Zietlow, Polcyn y Tykoski obligó a revisar el árbol filogenético de los mosasáuridos, reorganizando las relaciones evolutivas entre las distintas especies del grupo.
Los mosasaurios dominaron los océanos del Cretácico tardío durante millones de años, hasta que la misma extinción masiva que acabó con los dinosaurios hace 66 millones de años los borró del mapa. Durante ese tiempo, el Tylosaurus rex fue, en su territorio, tan imbatible como su homónimo en tierra.
Y en ciencia, el trabajo de revisión paciente y sistemática es tan decisivo como cualquier expedición de campo. El espécimen tipo lleva años exhibido en Dallas. Así, la ciencia acaba de ponerse al día con lo que siempre estuvo delante de las narices de todos: el hallazgo paleontológico más llamativo de 2026 dormía en una sala de museo desde hace décadas, con el cartel equivocado.
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