Estupor entre los paleontólogos: hallan 47 huevos mesozoicos en Brasil y algunos podrían ser de dinosaurios
La búsqueda de huevos mesozoicos es una de las líneas más activas de la paleontología actual. Cada nidada fosilizada aporta información imposible de obtener por otros medios: el comportamiento reproductor de los animales del pasado, su fisiología, su relación con el ambiente. Y de vez en cuando, un hallazgo basta para replantear lo que se creía establecido.
Eso es lo que ha ocurrido en Brasil. Un equipo de investigadores publicó recientemente los resultados de varias temporadas de excavación en São Paulo, donde localizaron tres nidadas de huevos mesozoicos en un estado de conservación excepcional. El número total: 83 huevos. El mayor grupo individual: 47, en una sola puesta. Un récord sin precedentes.
Los 47 huevos mesozoicos de Brasil baten el récord del Cretácico tardío: ¿De qué son?
El estudio fue publicado el pasado 6 de febrero de 2026 en la revista científica Journal of Vertebrate Paleontology. En él, la Dra. Giovanna M. X. Paixão y sus colegas identificaron los huevos hallados como pertenecientes a crocodyliforms del subgrupo Notosuchia.
Se trata de reptiles prehistóricos emparentados con los cocodrilos modernos que habitaron América del Sur durante el Cretácico tardío, hace entre 66 y 100 millones de años. Compartían ecosistema con los dinosaurios de ese período, aunque los investigadores no los clasifican como huevos de dinosaurios en sentido estricto.
La nidada de 47 huevos, catalogada como MPM 447, es la mayor puesta de crocodyliforme del Mesozoico documentada hasta la fecha. Para situar ese número: la mayoría de las puestas fósiles de este grupo contienen apenas dos a cinco huevos.
Los cocodrilos actuales, por comparación, ponen entre 10 y 80 por nidada. Encontrar 47 en una sola puesta, preservados y agrupados, no tiene parangón en el registro fósil mesozoico.
Cáscaras finas, alta porosidad y nidificación colonial: ¿Qué es lo que cuentan los huevos?
Los tres grupos de huevos (de 21, 47 y 15 ejemplares) aparecieron en la misma área del Grupo Bauru, la formación geológica del Cretácico tardío que cubre gran parte del centro de Brasil.
Todos presentan forma elipsoidal, extremos redondeados y cáscaras muy finas, de entre 0,3 y 0,8 milímetros de grosor. La estructura de la cáscara es la clave interpretativa: su alta porosidad indica que los huevos se depositaron en un ambiente húmedo.
Y ese dato no es menor. Otros fósiles de crocodyliforms hallados en la misma región pertenecen a especies adaptadas a condiciones áridas.
La diferencia apunta a que los animales responsables de estas nidadas eran peirosáuridos semiacuáticos, una línea dentro de Notosuchia que requería entornos con agua disponible. El hallazgo, por tanto, también dice algo sobre la variedad de hábitats que convivían en esa zona hace casi cien millones de años.
Lo más llamativo del comportamiento que revelan los huevos es la nidificación colonial: los investigadores interpretan que los tres grupos corresponden a un área de anidación compartida por varios individuos.
Ese patrón era conocido en dinosaurios, pero documentarlo con esta claridad en crocodyliforms mesozoicos es nuevo.
Un yacimiento de Brasil descubierto en 2004 que tardó dos décadas en mostrar su contenido
La historia del hallazgo añade otra capa de interés. El Dr. William Nava identificó el afloramiento fosilífero en Presidente Prudente en 2004 mientras documentaba la geología local.
Durante años, el sitio no reveló nada excepcional. Fue en 2020 cuando una revisión del terreno sacó a la luz los primeros huevos. A partir de 2021, el equipo realizó tres temporadas completas de excavación hasta completar la extracción en 2023.
El Grupo Bauru, donde se sitúa el yacimiento, ya había dado pistas sobre la diversidad de reptiles del Cretácico tardío en América del Sur. Este nuevo hallazgo abre la posibilidad de revisar qué clase de ecosistema existía en esa zona cuando los últimos dinosaurios del continente aún caminaban por ella, y qué papel jugaban estos crocodyliforms en esa cadena ecológica.
Así, el estudio de Paixão y su equipo convierte lo que era un afloramiento más en una referencia obligada para entender la reproducción de los reptiles mesozoicos.