Investigadores españoles consiguen regenerar suelos áridos degradados utilizando cianobacterias y residuos
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La degradación de los suelos secos es uno de los problemas ambientales más persistentes en amplias regiones del sureste peninsular. La pérdida de materia orgánica, la erosión y la escasa capacidad de retención de agua limitan la actividad agrícola. En este contexto, distintas líneas de investigación buscan cómo regenerar suelos áridos sin alterarlos de forma drástica.
La respuesta que halló la ciencia fue por el camino de la biotecnología y reutilización de residuos. Y es que estas propuestas parten de organismos ya presentes en el suelo y de materiales fácilmente disponibles, con el objetivo de recuperar funciones básicas como la fertilidad o la estabilidad estructural.
Hito español: ¿Cómo han conseguido regenerar suelos áridos degradados utilizando cianobacterias y residuos?
La restauración de suelos áridos degradados ha dado un paso relevante gracias a un estudio desarrollado por investigadores de la Universidad de Almería, la Universidad de Sevilla y el CSIC. El trabajo fue publicado en la revista Soil Biology and Biochemistry y se basa en la combinación de cianobacterias propias de las biocostras con residuos de papel.
La propuesta se apoya en la capacidad de estos microorganismos fotosintéticos para colonizar rápidamente superficies desnudas.
Al integrarse con restos de papel, se genera un entorno que favorece la cohesión del suelo, reduce la pérdida de partículas por escorrentía y mejora la disponibilidad de agua.
Este enfoque se ha probado tanto en condiciones controladas de laboratorio como en parcelas reales sometidas a procesos de degradación.
El papel de las cianobacterias en la recuperación del suelo
Las cianobacterias forman parte de las llamadas biocostras, comunidades vivas que cubren la superficie del suelo en ambientes secos. Su función es clave para regenerar suelos áridos, ya que participan en la fijación de carbono atmosférico y, en algunos casos, de nitrógeno, nutrientes esenciales para el desarrollo vegetal.
Cuando estas biocostras desaparecen por la erosión o el uso intensivo del terreno, el suelo pierde estabilidad y fertilidad. La investigación demuestra que la reintroducción controlada de cianobacterias permite reconstruir esa capa superficial, creando una estructura más resistente frente al viento y la lluvia.
Además, su actividad biológica contribuye a restablecer procesos básicos del ecosistema sin modificar la microbiota original.
¿Qué residuos han empleado los investigadores españoles para regenerar suelos áridos?
Uno de los elementos diferenciales del estudio es el uso de residuos de papel como complemento a las cianobacterias. Este material, abundante y de bajo coste, actúa como soporte físico y ayuda a mantener la humedad en los primeros centímetros del suelo. De este modo, se facilita la supervivencia de los microorganismos durante periodos prolongados.
Los ensayos han mostrado que esta combinación incrementa la capacidad de retención de agua y mejora la estabilidad estructural del terreno.
Desde el punto de vista de la economía circular, el método transforma un residuo habitual en un recurso funcional, alineando la gestión de desechos con estrategias para regenerar suelos áridos afectados por la desertificación.
¿Qué potencial tiene este avance frente a la desertificación y el cambio climático?
Los resultados sugieren que la técnica mantiene su eficacia durante más de un año, un periodo relevante para evaluar procesos de recuperación a medio plazo.
Recordemos que la degradación del suelo avanza con rapidez en muchas zonas áridas y semiáridas, impulsada por el cambio climático y el uso intensivo del territorio.
Frente a la costumbre de utilizar soluciones basadas en fertilizantes o tratamientos comerciales, esta propuesta ofrece una alternativa más que interesante que aprovecha organismos nativos y materiales reutilizados.
Por último, en el estudio han participado investigadores como Lisa Maggioli, Raúl Román, Emilio Rodríguez y Yolanda Cantón, junto a Sonia Chamizo y Beatriz Roncero, con financiación de fondos europeos NextGeneration y la colaboración de la finca ‘Oro del Desierto’.
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