Huella climática

Investigadores austríacos ya saben cómo reducir el CO2 de los edificios europeos: la solución es quitarle 2 m2 de vivienda a cada persona

edificios europeos
Vista panorámica de Viena. Foto: Pexels.
  • Alejo Lucarás
  • Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Córdoba. Redactor SEO especializado en actualidad, ciencia aplicada, tecnología y fenómenos sociales, con un enfoque divulgativo y orientado a explicar al lector cómo los grandes temas de hoy impactan en su vida cotidiana.

Los edificios son responsables de aproximadamente el 40% de las emisiones de CO2 de toda la Unión Europea, una cifra que incluye tanto la construcción como el uso, la renovación y la demolición de las viviendas a lo largo de toda su vida útil. Para la fortuna de nuestro planeta, reducir ese porcentaje es una pieza clave para que la UE cumpla sus objetivos climáticos de 2050.

Hasta ahora, la mayoría de las estrategias se centraban en mejorar el aislamiento, sustituir sistemas de calefacción o incorporar energías renovables en los edificios europeos. Un nuevo estudio, sin embargo, ha puesto el foco en una variable que rara vez aparece en los debates sobre eficiencia energética.

Edificios europeos: reducir 2 m² de vivienda por persona, la medida más eficaz contra el CO2

Quien justifica esta medida es un equipo de la Universidad Técnica de Graz (TU Graz), en Austria, junto a las universidades KU Leuven y Politécnica de Milán, el instituto IIASA, la consultora Ramboll y la organización BPIE. Los resultados de su investigación fueron publicados en la revista Nature Communications.

La investigación se titula, traducida al español, «Trayectorias de emisiones del ciclo de vida específicas para cada contexto en edificios y construcciones de la UE». Fue firmada, entre otros, por Nicolas Alaux y Alexander Passer.

El hallazgo central es tan sencillo como inesperado: reducir el espacio medio de vivienda por persona en solo 2 metros cuadrados es la medida individual con mayor impacto para recortar las emisiones de los edificios europeos hasta 2050, por delante de la renovación energética, la reducción de la demanda de energía o el uso de renovables.

Nicolas Alaux, uno de los autores del estudio, lo resume así: «Reducir el espacio promedio de vivienda por persona en apenas 2 metros cuadrados (22 pies cuadrados) tiene el mayor impacto». Parece simple, ¿No?

¿Cómo llegaron los investigadores austríacos a esta conclusión sobre la gestión de los edificios europeos?

Para llegar a esta conclusión, el equipo desarrolló una herramienta de previsión llamada PULSE-EU, capaz de modelar cerca de 15.000 tipos de edificios representativos de todo el continente, teniendo en cuenta el ciclo de vida completo de cada construcción: desde la fabricación de materiales hasta el uso diario, la renovación, el mantenimiento y la demolición final.

Con ese modelo, los investigadores compararon distintos escenarios de descarbonización del parque inmobiliario europeo hasta 2050.

La ruta más ambiciosa, que combina todas las medidas disponibles, permitiría reducir las emisiones hasta un 90%; un enfoque centrado solo en la tecnología (mejores materiales, más renovables, más eficiencia) se queda entre el 84% y el 86%, mientras que mantener las prácticas actuales con cambios mínimos apenas llegaría al 66%.

Los propios investigadores establecieron un orden de eficacia entre las medidas analizadas: en primer lugar, la reducción del espacio vital por persona; después, la tasa de renovación de edificios; en tercer lugar, la reducción de la demanda energética; en cuarto lugar, el uso de energía renovable; y por último, la reducción de viviendas vacías.

¿Qué significa en la práctica reducir el espacio por persona en los edificios?

La superficie media de vivienda por habitante ha crecido de forma sostenida en buena parte de Europa en las últimas décadas, incluso mientras el tamaño medio de los hogares se reducía.

Desde luego, esa combinación (más metros cuadrados repartidos entre menos personas) dispara la cantidad de material, energía y espacio construido por cada individuo.

Ojo aquí, que el estudio no plantea obligar a nadie a mudarse a una vivienda más pequeña, sino que apunta a decisiones de planificación urbana y de política de vivienda.

Esto básicamente sería fomentar el uso compartido de espacios comunes, favorecer viviendas más compactas en la nueva construcción o incentivar que las viviendas grandes y semivacías se reocupen antes de levantar edificios nuevos.

En un continente donde el metro cuadrado sigue siendo sinónimo de estatus, la conclusión del estudio resulta incómoda: la forma más barata de descarbonizar los edificios europeos de aquí a 2050 no pasa por construir «mejor», sino simplemente por construir (y ocupar) menos por cada persona.

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