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España desafía las leyes de la ingeniería con la construcción de una presa que va a convertirse en la megabatería del país: 280 MW de energía

El gran apagón del 28 de abril de 2025 dejó una idea muy clara en muchos hogares: cuando la red falla, no solo se apagan las luces, también se paran ascensores, comercios y parte de los servicios básicos. Red Eléctrica explicó que la recuperación fue progresiva, extendiéndose por zonas y que, ya de madrugada, estaban energizadas todas las subestaciones de la red de transporte. Con este incidente, el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico ha tomado una decisión en un punto clave de la transición energética: el almacenamiento. Entre los embalses o presas que aparecen en el borrador del Programa Nacional de Almacenamiento Hidráulico de Energía (PNAHE) está el de Navamuño, en Salamanca, el cual se enfoca como proyecto prioritario de bombeo.

La Dirección General del Agua adjudicó el contrato para desarrollar el 31 de marzo de 2026 el PNAHE. El expediente figura como adjudicado a una Unión Temporal de Empresas (UTE), encabezada por TYPSA junto al Ingeniero Consultor Jesús Granelle, según la información oficial de contratación pública.

No es todavía la obra de una central, sino que es el trabajo previo para preparar el programa, ordenar proyectos y dejar listos los siguientes pasos. El pliego fija un plazo de 24 meses para estos trabajos.

El propio pliego detalla que el primer gran hito es tramitar la Evaluación Ambiental Estratégica del programa y ajustar el borrador con lo que diga el órgano ambiental. El siguiente paso es bajar al detalle con estudios previos por proyecto y apoyo a futuros concursos públicos.

Navamuño aparece en la tabla de proyectos prioritarios de bombeo puro del borrador del PNAHE. En esa misma tabla se le asigna una energía almacenable de 2,24 GWh, un volumen estimado para el depósito superior de 2,89 hm³ y una potencia de 280 MW para una regulación de 8 horas. Dicho de otro modo, es como una ‘batería’. Esos 2,24 GWh equivalen a entregar 280 MW durante unas 8 horas, cuando la red más lo necesita, y luego volver a ‘recargarse’ cuando hay excedentes.

Un matiz clave que a veces se pierde. El pliego recuerda que la selección es preliminar y que los embalses pueden suprimirse o sustituirse sin que eso implique modificar el contrato. O sea, el nombre de Navamuño está en el borrador, pero todavía queda camino administrativo y ambiental.

¿Y cómo funciona esto en la práctica? En una central reversible se usa electricidad, por ejemplo, de solar y eólica cuando sobra, para bombear agua hacia un depósito situado más arriba. Cuando cae el sol o el viento afloja, el agua baja y mueve turbinas para generar electricidad.

El contexto es el que es. El pliego técnico enlaza esta idea con el PNIEC 2023 a 2030 y con un objetivo muy concreto: recortar los «vertidos» de renovables (energía que se produce pero no se puede aprovechar) del 14% al 6% hacia 2030, apoyándose sobre todo en almacenamiento y en hidrógeno verde.

En el fondo, el bombeo hidráulico busca algo sencillo: que la electricidad renovable no se pierda cuando hay mucha producción y poca demanda, y que haya un colchón cuando llegan los picos de consumo. Eso acaba influyendo en la estabilidad del sistema y, de rebote, en esa factura de la luz que todos miramos.

Aquí viene la parte que suele decidir si un proyecto avanza o se atasca. El contrato prevé que el programa pase por Evaluación Ambiental Estratégica ordinaria y que se redacten documentos ambientales para sostener esa tramitación.

Además, el pliego deja claro que la priorización no va solo de potencia. Se trata de planificar el desarrollo para lograr los objetivos ambientales de las aguas y los caudales ecológicos que se encuentran en los planes de gestión del agua, y también de asegurar que se respeten los usos y derechos que ya existen.

Después, ya por proyecto, el trabajo técnico incluye una memoria valorada, un estudio de viabilidad y un análisis ambiental específico, con atención a figuras de protección en la zona y una valoración cuantitativa de la viabilidad ambiental. Traducido, no basta con que «salgan los números» energéticos.

En 2025, la patronal del sector (Asealen) ya advertía de retrasos y de un calendario que podía irse más allá de los objetivos del PNIEC. En su análisis, el borrador del programa identificaría 37 embalses para 29 proyectos de bombeo puro y ocho de bombeo mixto, todos en titularidad estatal.

En ese mismo comunicado, el director general de Asealen, Raúl García Posada, avisaba de que los primeros concursos podrían convocarse «en el último trimestre de 2027» y que el objetivo sería adjudicar el conjunto antes de 2035. Es una señal de que, aunque el plan avanza, el reloj corre deprisa.

Así que la pregunta que muchos vecinos se harán es bastante lógica. ¿Qué significa esto para el territorio alrededor de Navamuño? De momento, significa estudios, alternativas, evaluación ambiental y decisiones sobre compatibilidades de agua y paisaje antes de hablar de obras.