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Astronomía

El descubrimiento sobre la Vía Láctea que cambia la astronomía para siempre: los expertos no dan crédito

  • Janire Manzanas
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Un estudio liderado por Karl Fiteni, de la Universidad de Malta, y publicado en la revista Astronomy & Astrophysics, ha permitido identificar con mayor precisión la frontera de la Vía Láctea. Una de las conclusiones más interesantes del trabajo la formación de nuevas estrellas disminuye de manera notable a partir de unos 40.000 años luz desde el centro galáctico. Comprender cómo se distribuyen las estrellas dentro de la galaxia resulta fundamental para este tipo de investigaciones y, en este caso, los científicos consideran que el «límite» de la Vía Láctea coincide con la zona en la que la formación de estrellas es prácticamente nula. A medida que se avanza desde el núcleo hacia las regiones externas, la presencia de estrellas jóvenes se reduce progresivamente, hasta volverse casi inexistente en las zonas más alejadas.

«La extensión del disco de formación estelar de la Vía Láctea ha sido durante mucho tiempo una cuestión abierta en la arqueología galáctica. Al mapear cómo cambian las edades estelares a lo largo del disco, ahora tenemos una respuesta clara y cuantitativa», informa el investigador principal del estudio, Karl Fiteni, satisfecho con los resultados obtenidos.

Nuevos hallazgos sobre la frontera de la Vía Láctea

Durante décadas, una de las grandes preguntas de la astronomía ha sido determinar dónde termina realmente la Vía Láctea. Al encontrarse dentro de ella, los científicos siempre han tenido dificultades para establecer con precisión el punto en el que comienza el espacio intergaláctico. A diferencia de otros objetos, la galaxia no presenta un límite definido, sino que su disco estelar se va desvaneciendo gradualmente. Sin embargo, este trabajo, liderado por un equipo internacional con la participación de la Universidad de Malta, ha logrado aportar una respuesta más concreta. La clave está en analizar la edad de las estrellas y cómo varía la formación estelar según la distancia al centro galáctico.

Para llevar a cabo el estudio, los investigadores analizaron más de 100.000 estrellas gigantes utilizando datos de proyectos como LAMOST y APOGEE, junto con mediciones del satélite Gaia. Este análisis permitió trazar un mapa detallado de la distribución de edades estelares dentro de la galaxia. Este comportamiento da lugar a una distribución en forma de U en términos de edad estelar. Las estrellas, con el paso del tiempo, tienden a desplazarse hacia las regiones exteriores de la galaxia, lo que ayuda a explicar esta estructura. Gracias a este modelo, los investigadores han podido estimar con mayor precisión dónde se sitúa el límite de la Vía Láctea.

Este hallazgo sitúa el límite del disco de formación estelar en torno a los 40.000 años luz del centro galáctico. A partir de esa distancia, la formación de nuevas estrellas cae de forma notable, marcando el paso a regiones periféricas donde predominan estrellas más viejas o que han migrado desde zonas interiores. Aunque la Vía Láctea alcanza un diámetro cercano a los 100.000 años luz, esta investigación sugiere que la zona activa donde nacen estrellas es bastante más reducida. Más allá de ese límite, la galaxia continúa, pero sin apenas actividad de formación estelar.

«Los datos disponibles nos permiten obtener edades estelares cada vez más precisas, que se convierten en herramientas poderosas para descifrar la historia de la Vía Láctea, inaugurando una nueva era de descubrimientos sobre nuestra galaxia», afirmó Joseph Caruana, coautor del trabajo.

Los científicos también plantean varias hipótesis para explicar por qué se produce este «corte». Entre ellas, la influencia de la barra central de la galaxia o los cambios en las condiciones del disco exterior, que podrían dificultar el nacimiento de nuevas estrellas. Otra posibilidad es la curvatura de las regiones exteriores del disco galáctico, donde las condiciones físicas cambian de forma notable y hacen menos favorable la formación de nuevas estrellas, favoreciendo en su lugar la presencia de poblaciones estelares más antiguas.

Cometa 3I/ATLAS

Por otro lado, el cometa 3I/ATLAS, el tercer objeto interestelar confirmado procedente de fuera de nuestro Sistema Solar, es considerado una auténtica «cápsula del tiempo» cósmica. Un nuevo estudio centrado en su trayectoria y composición química sugiere que no sólo se formó alrededor de otra estrella, sino que su origen podría remontarse a las regiones más antiguas de la Vía Láctea primitiva.

Los análisis orbitales indican que su procedencia más probable estaría en la transición hacia el disco grueso de la Vía Láctea, una región que concentra estrellas mucho más antiguas y con menor contenido en elementos pesados, lo que refuerza la idea de que 3I/ATLAS podría tener una antigüedad de hasta 10.000 millones de años, incluso anterior a la formación del Sol.

En este contexto, el objeto se interpreta como un posible fósil criogénico, formado por hielo y gases que han permanecido prácticamente inalterados durante miles de millones de años mientras viajaban por la galaxia. Su estudio ofrece una oportunidad excepcional dentro de la conocida como «arqueología galáctica», que estudia condiciones químicas presentes en los sistemas estelares que se formaron en los inicios de la Vía Láctea.