Los científicos no se lo creen: una noche en vela basta para que el cerebro sufra un daño irreparable

La Sociedad Española de Neurología (SEN) calcula que entre un 20 y un 48% de la población adulta sufre en algún momento dificultad para iniciar o mantener el sueño y que en al menos un 10% de los casos es debido a algún trastorno de sueño crónico y grave. En este contexto, un estudio realizado por científicos del Centro de Circuitos Neuronales y Comportamiento de la Universidad de Oxford y publicado en la revista Nature, sugiere que el sueño podría activarse como respuesta a un daño específico en las mitocondrias, que son las «centrales energéticas» de las células. Según la investigación, el impulso de dormir, lo que los expertos denominan «presión del sueño», podría originarse en el agotamiento de la energía celular: cuando las células no tienen suficiente energía, el organismo responde generando la necesidad de dormir para restaurarla.
Pero, ¿qué se entiende por una buena calidad de sueño? «Hay tres aspectos básicos para determinar si una persona tiene una buena calidad de sueño: la duración, la continuidad y la profundidad. Es decir, si el tiempo dedicado a dormir no es suficiente para sentirnos descansados al día siguiente, si hay interrupciones en nuestros ciclos de sueño, o nuestro sueño no es lo suficientemente profundo para considerarlo restaurador, es que no tenemos una buena calidad de sueño y, por lo tanto, es el momento de visitar a un profesional», explica el Dr. Hernando Pérez Díaz, Coordinador del Grupo de Estudio de Trastornos de la Vigilia y Sueño de la Sociedad Española de Neurología.
Cómo le afecta la falta de sueño al cerebro
Para investigar este fenómeno, los científicos utilizaron moscas de la fruta, conocidas como Drosophila melanogaster. Estas moscas son un organismo modelo habitual en neurociencia porque, aunque su sistema nervioso es más simple que el de los humanos, comparte muchos mecanismos básicos del cerebro, lo que permite estudiar procesos complejos como el sueño de manera más controlada.
Fue así como hallaron que, en los cerebros de las moscas que no habían dormido, las mitocondrias mostraban signos de estrés y un funcionamiento alterado, las cuales se encontraban en neuronas responsables de regular el sueño. Cuando estas células detectaban daño mitocondrial y un desequilibrio energético, actuaban como un «interruptor biológico» que inducía la necesidad de dormir. Durante el descanso, los daños se reparaban y el equilibrio celular se restauraba. «El sueño no sólo es esencial para la memoria o la cognición, sino también para que las neuronas mantengan su balance metabólico», explicaron los autores. En palabras sencillas, dormir permite al cerebro «recargar su batería energética».
El estudio también aporta una perspectiva evolutiva: las mitocondrias surgieron hace más de 2.000 millones de años, y con cerebros cada vez más complejos, dormir se convirtió en una necesidad vital, una pausa que evita que las «piezas fundamentales». del sistema se sobrecalienten.
¿Cómo influye en la salud?
El insomnio se define como la dificultad para iniciar o mantener el sueño. Se trata, por ende, de un problema de disminución de la cantidad o calidad del sueño.
El insomnio puede afectar de manera significativa la salud cardiovascular, la cognición y el estado de ánimo. Durante el sueño, el cuerpo activa el sistema nervioso parasimpático, lo que reduce la frecuencia cardiaca y la presión arterial. Esto permite que el corazón descanse, algo esencial para la salud del miocardio. Sin embargo, el insomnio crónico impide esta disminución fisiológica, obligando al corazón a trabajar más. Según la Fundación Española del Corazón, alrededor del 48% de la población experimenta episodios de insomnio crónico con la suficiente frecuencia como para considerarlo un factor de riesgo cardiovascular.
Por otro lado, las fases de sueño profundo y MOR son fundamentales para consolidar la memoria y fortalecer las conexiones neuronales. La falta de sueño interrumpe estos procesos, provocando olvidos frecuentes, dificultades de concentración, menor capacidad para resolver problemas e incluso mayor susceptibilidad a enfermedades neurodegenerativas. Finalmente existe una relación directa entre el sueño y las emociones; una noche en vela es suficiente para aumentar la irritabilidad y reducir el nivel de energía. Si el insomnio se mantiene en el tiempo, eleva el riesgo de desarrollar ansiedad y depresión.
«El sueño es un proceso fisiológico de vital importancia para la salud integral de los seres humanos, para la supervivencia del individuo y para el correcto funcionamiento del sistema nervioso. Si no conseguimos dormir bien se reduce la calidad de vida, aumenta el riesgo de hipertensión y, por tanto, de sufrir un accidente cerebrovascular, y se pueden agravar otras enfermedades que padezcamos. Pero además nuestras funciones cognitivas se ven afectadas: baja la concentración y la capacidad de atención, el tiempo de reacción aumenta, se pueden producir fallos de memoria, cambios bruscos de humor y alteraciones en el proceso de toma de decisiones, problemas de aprendizaje, etc. Por lo tanto, tener una buena calidad de sueño es fundamental», señala el Dr. Hernando Pérez.