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China se pasa el juego para siempre: crea una batería nuclear sin litio que dura más de 5.700 años y no hace falta ni recargarla

  • Alejo Lucarás
  • Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Córdoba. Redactor SEO especializado en actualidad, ciencia aplicada, tecnología y fenómenos sociales, con un enfoque divulgativo y orientado a explicar al lector cómo los grandes temas de hoy impactan en su vida cotidiana.

Un equipo de la Universidad Normal del Noroeste de China, en colaboración con la empresa Gansu Zhulong Technology, presentó a comienzos de julio una nueva batería nuclear capaz de generar electricidad sin necesidad de recarga externa. El anuncio se produjo apenas un año y medio después de que el mismo equipo mostrara su primer prototipo.

La clave de este avance, que parece sacado de un libro de ciencia ficción o de superhéroes, no radica en ningún componente químico conocido, sino en un material radiactivo que se desintegra de forma extremadamente lenta, lo que le permite a esta batería nuclear seguir produciendo energía mucho después de que cualquier pila convencional haya dejado de funcionar.

Así funciona la batería nuclear china que dura miles de años

La batería, bautizada Qianjiyuan Tianshu, utiliza carbono-14, un isótopo radiactivo con una vida media de 5.730 años. Ese dato, de hecho, es el que explica el titular que ha dado la vuelta al mundo: en teoría, la batería podría seguir funcionando durante miles de años sin apagarse por completo.

Es la evolución directa de un primer prototipo, bautizado Zhulong-1, que el mismo equipo había presentado en noviembre de 2024.

El mecanismo, descrito por el propio equipo, funciona «de forma parecida a un panel solar. En lugar de aprovechar la luz, aprovecha la radiación».

Las partículas beta que libera el carbono-14 al desintegrarse chocan contra un semiconductor de carburo de silicio, y ese impacto genera una corriente eléctrica continua.

El proyecto está liderado por Su Maogen, investigador de la Universidad Normal del Noroeste, según afirmó un comunicado oficial del Gobierno Popular de la Provincia de Gansu.

«Las versiones anteriores tenían poca potencia, mala integración y costes elevados, así que el equipo se centró en hacerla compacta, potente, asequible y producida por completo con tecnología nacional», explicó el investigador.

Los números de esta batería nuclear: mucha duración, muy poca potencia

Comparada con el primer prototipo del equipo, presentado en noviembre de 2024, la nueva versión usa solo el 22% del material radiactivo, pero multiplica por 2,6 la potencia máxima y por 2,5 la corriente de cortocircuito.

El volumen del dispositivo se redujo hasta quedarse en el 17% del original, lo que dispara la densidad de potencia por volumen 15,5 veces.

Con todo, conviene aterrizar las expectativas: la potencia máxima que alcanza esta batería nuclear es de 1,13 microvatios, con un voltaje de 2,06 voltios.

Es una cantidad de energía muchísimo menor a la que necesita, por ejemplo, cargar un móvil: sirve para alimentar sensores diminutos o circuitos de muy bajo consumo, no dispositivos de uso cotidiano.

El dispositivo completo mide poco más de 16,8 centímetros cúbicos (apenas algo más grande que un terrón de azúcar) y funciona de forma estable en un rango de temperatura que va de los -100 a los 200 grados centígrados, un margen mucho más amplio que el que soporta cualquier batería de litio convencional.

¿Para qué sirve entonces una batería nuclear que no se recarga nunca?

El objetivo de esta batería nuclear no es sustituir al cargador del móvil, sino alimentar dispositivos que resulta muy difícil o directamente imposible mantener y recargar: implantes médicos, sensores en aguas profundas, estaciones en regiones polares, satélites o equipos de uso militar y aeroespacial.

Ojo aquí, porque la idea de usar la desintegración radiactiva como fuente de energía no es nueva: la NASA la utilizó en las sondas Voyager, lanzadas en 1977, y en el rover Curiosity, que llegó a Marte en 2012, mientras que China ha recurrido a una tecnología similar en sus sondas lunares Chang’e.

Para no bajarle el precio a este desarrollo tras la comparación, hay que destacar que lo novedoso fue haber llevado esa idea a un tamaño mucho más pequeño, con materiales y tecnología desarrollados enteramente dentro de China.

La radiación beta que libera el carbono-14 es de baja energía y puede frenarse con una lámina delgada, el mismo principio que ya se probó hace décadas en marcapasos alimentados por energía nuclear. Dentro de esa carcasa de apenas 16,8 centímetros cúbicos, el carbono-14 seguirá desintegrándose mucho después de que termine este siglo, y también el siguiente.