Niños que chillan: Cómo manejar la situación
Muchas veces los niños chillan, con motivo o no, pero antes de que la situación vaya a más debemos calmar al niño o niña y ser comprensivos.
Muchas veces, los niños patalean, sufren una rabieta y en la mayoría de casos pagan su frustración ante determinadas situaciones con gritos desesperantes que muchos padres no saben cómo lidiar. Os hablamos ahora de niños que chillan y cómo manejar la situación.
Niños que chillan: Cómo manejar la situación
Una de las respuestas automáticas de los niños cuando se enfadan, en especial cuando son pequeños, parece surgir de sus entrañas y suele ser algo que es difícil de contener y también de parar. Nos referimos a cuando los niños chillan con todas sus ganas para poder lograr un resultado específico. Los pequeños están asustados por esta ira, y los adultos, en estas situaciones, a menudo no saben si usar dulzura o todo lo contrario, y aplicar mano dura.
¿Qué hacer ante ese tipo de situaciones? En estos casos, es bueno que el niño se libere del estrés sin tratar de reprimir su reacción o asignar castigos que serían contraproducentes. Necesita liberarse, gritando. En caso de que comiences a tirar de objetos, solo hay que tener cuidado de no lastimarse.
La clave para los padres está en ser paciente e intentar seguir cada paso con cuidado. Una solución puede ser contenerlo con un abrazo, y luego, una vez que los gritos se desvanezcan, intentar hablar con él directamente para recordarle que entendemos lo estresante que es para él lo que sea que le está afectando y que cualquiera puede sentirse así, incluso mamá y papá. .
Es esencial no hacernos ver desanimados o vacilantes, de lo contrario, pensará que no es tan difícil convencernos y continuará pidiendo atención gritando hasta nuestro agotamiento total.
La primera reacción natural que puede que nos salga, en especial si el niño o niña que chilla está en público, será la de responder del mismo modo y gritarle para que se calle. Puede que le asustemos ante nuestro tono de voz elevado y consigamos que los chillidos paren de inmediato pero esto es del todo contraproducente ya que aunque salvemos la situación en ese momento, seguro que el acto de chillar se acabará repitiendo más pronto que tarde.
Como decimos, es mejor ser paciente, contar hasta tres y colocarte a la altura del niño o de la niña para que vea tus ojos y entienda lo que le estás diciendo. Es algo que parece una tontería, pero si le hablamos al niño o niña desde nuestra altura mientras le decimos que pare de chillar, nos verá como una figura amenazante, su estrés irá en aumento y también sus chillidos. Es mejor que nos agachemos o también, coger al niño en brazos para que se calme. Puede que patalee y se retuerza pero basta abrazarlo y decir que todo va a ir bien mientras lo calmamos para que conseguir que deje de chillar.
Hagamos ver al niño o niña que si no se calma, no podrá explicarnos qué ha pasado o cuál es el motivo para los chillidos de modo que los gritos no tienen sentido alguno.
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