Ya no sé cómo decirlo
El sanchismo, tras siete años, sobrevive porque es una resistente bacteria antidemocrática, de difícil tratamiento porque se salta todas las normas, muta permanentemente para sobrevivir haciendo el mal. Nuestra querida sociedad está en cierto modo abducida por el permanente relato del Amo, que difunde con sus medios y con los subvencionados o prostituidos. Ya le han calado en el mundo, Spain’s Pedro Sánchez and his extremist problem, y también en la piel de toro que definió el geógrafo griego Estrabón.
Sólo en las elecciones autonómicas vemos un renacer en la conciencia ciudadana; en Extremadura, Aragón, Castilla y León, y espero que en el resto de la España democrática. Dice de nuevo el Amo cada vez menos amado: «No a la guerra», Hodio para control del pueblo, enfrentamiento con todos los que no le siguen, sea Abascal, Trump, Von der Leyen o Felipe González. «El mundo está cambiando, pero los valores y principios de Europa no deberían cambiar». No a la guerra. Chúpate esta. Yo le respondo: si no cambiamos, sucumbimos.
El mundo vive un momento de escalada bélica muy peligrosa, cierto, y diré, desgraciadamente, nada nuevo. Desde la bomba nuclear en agosto de 1945, Hiroshima y Nagasaki con más de 200.000 muertes directas, hemos sufrido otros cientos de conflictos armados, incluyendo guerras internacionales, civiles y guerras de guerrillas. Destaco algunas como Vietnam, Irak, Afganistán, Oriente Medio, Ucrania y tantas otras en el continente africano o las que desgraciadamente seguirán. Pero algunos están acostumbrados a recordar solo la historia que les conviene o parafrasean lo que les interesa. Otros, desde el cómodo establishment, los que han tocado el cielo, la púrpura y la pasta, se niegan a pisar la tierra y ver la realidad.
Estas guerras actuales y el no a la guerra a los que algunos se refieren se deben a que unos gobiernos no democráticos quisieron terminar como fuera con el único estado democrático en esa región, Israel. Por ello se ha visto obligado a hacer uso de la fuerza para sobrevivir, unas veces preventivamente, otras como respuesta a un ataque. En el primer caso, la Guerra de los 6 Días, y en el segundo, la del Yom Kipur, que esperó el ataque y por ello estuvo a punto de sucumbir.
En estas guerras, Israel tuvo la fortuna de contar siempre con la ayuda de los Estados Unidos de América. Hemos visto movilizaciones de la izquierda frente a embajadas de los EEUU e Israel, no contra las de Rusia de Putin, ni de Venezuela de Hugo y Maduro o con los otros narcoestados comunistas.
El país que más terrorismo ha desplegado, el que ha extendido sus tentáculos del horror en Gaza, el Líbano, Yemen, Siria y por el mundo entero, ha sido Irán. Ha sido durante 47 años la mayor amenaza contra Israel y también por el mundo a través de sus aliados. En España, en 1985, 18 muertos en el restaurante El Descanso.
Sacan estos zurdos de nuevo el vergonzoso NO a la guerra de Irak; fuimos allí a reconstruir y facilitar el gobierno tras la caída del régimen de Sadam Husein, con reglas de enfrentamiento estrictamente defensivas. Mintieron entonces y ahora siguen mintiendo con la misma desvergüenza. Todo por unos votos que supongan volver a gobernar, incluido el 11M-2004, en el que demostró el PSOE ser el único partido del mundo democrático que, tras un atentado con 193 muertos y alrededor de 2.000 heridos, en vez de apoyar al gobierno, se tiró al cuello para derribarlo al mejor estilo de Largo Caballero.
Se escudan en el derecho internacional o en las Naciones Unidas como referente. ¿De qué derecho internacional hablan? Del que ha permitido décadas de crimen sistemático en los países comunistas como Venezuela, Cuba, Irán, Siria y tantos otros. ¿Qué liderazgo puede darnos las Naciones Unidas, que se creó para detener las guerras y se dedica a políticas ajenas y fracasadas? Cinco países tienen derecho de veto, ¿eso es democrático? De los 193 países de la ONU, solo se consideran democracias plenas 25, con deficiencias 46 y el resto no son democráticos. Hay una estrecha relación entre democracia y el control de la corrupción. Hay excepciones como ahora es España, a la que la consideran plenamente democrática y, en mi modesta opinión, es un país sometido por un neodictador.
Recuerden que el mayor enemigo del pueblo palestino es Hamás, es decir, Irán. Supongo que nos dirán que el desembarco de Normandía para acabar con Hitler respetaba el derecho internacional, pues contra Irán pueden decir lo mismo. Añado yo, el peor enemigo de España se llama Pedro Sánchez y cómplices.
PD. La presidenta de las Cortes, Francina Armengol, nos arenga: «Europa está arrodillada ante Trump, cuando está ella arrodillada ante un prófugo catalán y otros golpistas. Benedicat nos Dominus qui omnia fecit. Fiat lux.