SUCESOS

Prisión para el ‘cazador de cadenas’, un argelino que pegaba a mujeres en plena calle de Palma para robarles

Durante meses la violencia y la oleada de robos había generado una gran alarma social en la zona

argelino pegaba mujeres
Dos agentes de la Policía Nacional durante un control de seguridad preventiva en las barriadas donde actuaba el ladrón.
Julio Bastida

Palma ha vivido durante meses una auténtica pesadilla de seguridad. Un delincuente escurridizo y violento convirtió las calles en su coto de caza, atacando siempre a mujeres en la vía pública y dejando tras de sí un rastro de miedo e indignación.

La Policía Nacional ha detenido finalmente a un hombre de origen argelino, acusado de al menos cinco robos con violencia. Su método era simple y aterrador: acechaba a sus víctimas, se acercaba por sorpresa y, con un tirón seco y brutal, arrancaba las cadenas de oro de sus cuellos antes de huir corriendo. No dudaba en pegar a sus víctimas si se resistían.

Los primeros ataques se remontan a septiembre en el barrio de Pere Garau, donde tres mujeres fueron asaltadas sin previo aviso. No había amenazas ni palabras, solo violencia directa y segundos de angustia. El agresor aparecía, golpeaba y huía, dejando tras de sí miedo e impotencia. En uno de los casos más duros, una víctima intentó resistirse al ladrón. El forcejeo terminó con la cadena de oro en el suelo, pero el asaltante se llevó un anillo de valor sentimental, demostrando su falta de escrúpulos.

Durante semanas, el sospechoso logró eludir a la policía. Desaparecía tras cada robo, obligando a los investigadores a iniciar una operación a contrarreloj, siguiendo pistas, analizando denuncias y reconstruyendo sus movimientos. Finalmente lograron identificarlo, aunque ya se encontraba en paradero desconocido, lo que motivó una orden de busca y captura.

La tensión creció en los barrios afectados. Muchas mujeres comenzaron a modificar sus rutinas, evitando salir solas o escondiendo sus joyas de oro por miedo a convertirse en la siguiente víctima. El giro definitivo llegó hace unos días. Una patrulla fue alertada por un ciudadano: un joven intentaba vender una cadena de oro en plena calle. Minutos antes, se había denunciado un nuevo robo con violencia, lo que encendió todas las alarmas.

La policía desplegó un dispositivo de búsqueda. Tras una batida rápida, localizaron al sospechoso saliendo de un portal. Aunque no llevaba la cadena encima, las gestiones permitieron recuperarla poco después, ya fracturada, confirmando que se trataba de otro ataque. Lo más inquietante fue descubrir que ese mismo día, horas antes, el detenido había agredido a otra mujer por la mañana. La víctima cayó al suelo y sufrió lesiones que requirieron asistencia médica, mostrando la brutalidad de los ataques.

Las piezas encajaron rápidamente. Los agentes conectaron al detenido con los robos anteriores, cerrando el círculo sobre una serie de ataques violentos a mujeres en Palma. Cinco robos con violencia, un mismo patrón, un único autor. El detenido pasó a disposición judicial, y el juez decretó su ingreso en prisión provisional.

Aunque la detención ha traído alivio a los vecinos, el impacto de estos hechos sigue muy presente. El miedo no desaparece de un día para otro. Las calles comienzan a recuperar la calma, pero la sensación de vulnerabilidad permanece. Palma intenta pasar página, pero durante mucho tiempo recordará al hombre que convirtió un simple paseo en un riesgo inesperado para las mujeres.

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