La Petita Simfònica, ausente en el ‘concierto de piano 27’ de Mozart
Los estudiantes de las escuelas de música de Baleares no intervinieron en la primera parte del programa en Bellver
El proyecto de la Petita Simfònica arrancó en el año 2017 y se nutre, por regla general, de estudiantes de las escuelas de música de Baleares en edades que van de los 10 a los 16 años. El proceso de selección es exigente y, durante el período de vigencia de cada ciclo de la Petita Simfònica, los alumnos son acogidos por músicos de la Sinfónica de Baleares en su papel de tutores. El momento cumbre del proceso, a modo de examen final, adopta el formato de concierto en el que los adolescentes viven la experiencia de tocar en una orquesta profesional, la OSIB, siempre bajo la atenta mirada de los tutores.
De un tiempo a esta parte, este concierto, a modo de final de curso, se integra en la programación del Festival Bellver, que tiene lugar en el patio de armas del Castillo de Bellver. El grado de aceptación del público es alto y no solo por el hecho de que una parte destacada de los asistentes sean familiares de los adolescentes, sino también por la ejemplar disposición para dar lo mejor de sí mismos este puñado de niños y niñas sobresalientes en sus estudios.
En la cita del pasado jueves 2 de julio, sin embargo, se produjo un cambio en la estructura inicialmente prevista para la velada: la Petita Simfònica no intervino en la primera parte del programa. La razón era sencilla: al ser la obra elegida –el Concierto para piano nº 27 de Mozart– en exceso madura para adolescentes, por emocionalmente compleja, y en consecuencia, solo asequible para estudiantes muy avanzados. La segunda parte, en cambio, sí estaba a la altura de las capacidades de esta promoción de jóvenes promesas.
Tal vez con mayor grado de dificultad en el caso de El Moldava, que es parte del poema sinfónico Mi Patria del checo Bedřich Smetana, si bien en relación a su compleja partitura original ya existen arreglos orquestales simplificados. Smetana es parte de la terna por excelencia de compositores checos, que completan Antonín Dvořák y Leoš Janáček.
Cabe suponer que los tutores, músicos de la plantilla de la OSIB, fueron quienes acordaron no forzar la máquina en la primera parte del programa. La imagen del error, no obstante, quedaba patente al ver abandonar los 35 miembros de la Petita Simfònica el backstage; un desfile de camisas-tops blancos y pantalones negros, camino del fondo sur del patio de armas. El papel de los tutores fue el adecuado para no enturbiar la corrección que ha acompañado los finales de curso de la Petita Simfònica desde el año 2017.
Menos mal que para el Concierto de piano nº 27 de Mozart iba a estar en el papel de solista invitado el pianista catalán de 79 años Josep Colom, que en los últimos tiempos ha sido un habitual en los Festivales de Pollença y Deiá, sin olvidar su presencia, en 2025, en la Fundació Miró Mallorca. Es además característico de Colom abordar la obra pianística de Mozart desde una perspectiva profundamente imaginativa y libre, incorporando el arte de la improvisación, incluyendo unas ornamentaciones que evocan la forma en que el propio Mozart concebía la ejecución musical.
Precisamente, en 2025, a su paso por el auditorio de la Fundación Miró Mallorca, volvería a incidir en ese capítulo de improvisaciones al atacar piezas para piano de Mozart en un singular duelo con Ravel, considerados ambos por el maestro Colom dos grandes hitos en la evolución del piano como instrumento.