Mercelli y Bahrami imprimen vitalismo a la música de Bach en el Palau March
Junto al flautista Massimo Mercelli, el pianista iraní transforma las sonatas para flauta y clavecín en un diálogo de igual a igual entre instrumentos, épocas y sensibilidades
En una semana, de viernes a viernes, del 25 de septiembre al 2 de octubre, se despedían a lo grande dos ciclos vinculados al Festival Internacional de Música Clásica de Deià: Miró y la Música en la Fundación Miró, y siete días después Conciertos de Verano del Palau March. En ambos casos, lo extraordinario era que sus protagonistas están considerados una autoridad mundial en el compositor que interpretan.
En el caso de Alain Planès en la Fundación Miró se trataba de Erik Satie, mientras que el flautista Massimo Mercelli y el pianista Ramin Bahrami ofrecieron en Palau March toda una lección magistral sobre el legado de la familia Bach en los encuentros de la flauta Traverso y el clavecín, solo que en esta ocasión transferidos a día de hoy. Ambos recitales fueron únicos y excepcionales, y en los dos mandaba la presentación de un disco; en el segundo caso, Bach Flute Sonatas.
Si en el caso de Satie/Planès (2025) asistíamos a una revisión exhaustiva de su contenido, con Bach Flute Sonatas (2014) en realidad era la excusa para afrontar el repertorio de Traverso y clavecín extendido a la familia de los Bach, principalmente el padre y su hijo Carl Philipp Emanuel. Pero con trampa, dicho en el mejor de los sentidos porque respondía al ingenio. En efecto, si Alain Planès grabó el disco sentado en un piano de cola Pleyel de 1928 para recrear la atmósfera en que fueron escuchadas las obras de Satie, el caso de Mercelli & Bahrami está directamente conectado a la actualidad.
En vida de los Bach, la flauta barroca era de madera, mientras el clavecín se consideraba de estricto acompañamiento. Aquí, en cambio, pasa a romperse el papel tradicional: el piano deja de actuar como mero acompañamiento y se transforma en una voz que dialoga de igual a igual con la flauta. Es por ello que Mercelli utilizase una flauta travesera moderna, permitiéndose así el diálogo incendiado entre ambos instrumentos.
Ambos intérpretes están reconocidos internacionalmente por su autoridad en la manera de abordar la obra de Johan Sebastian Bach. Los dos, reconocidos como los más grandes intérpretes contemporáneos de la obra de Bach y nunca mejor dicho, pues el encuentro de Massimo Mercelli y Ramin Bahrami marcaría un vigorizante punto de inflexión en la manera de tocar las sonatas para flauta y clavecín.
La reunión de ambos, y fuimos testigos en el auditorio del Palau March, se enfocó en redefinir la sonoridad tradicional de estas sonatas, mediante el uso del piano moderno, al objeto de conectar la estructura barroca con la sensibilidad contemporánea, a través del virtuosismo de Mercelli y aquel enfoque expresivo que caracteriza a Bahrami, priorizando la emoción y el lado humano de la partitura por encima del rigor matemático del barroco.
Podría decirse que, con el permiso del virtuosismo de Mercelli, en realidad el gran protagonista era el piano, liberando la sumisión del teclado a la suma autoridad de la flauta barroca. Se cuenta que la particularidad de Bahrasmi, por cierto, el primer iraní que intervenía en el casi medio siglo del Festival de Deià, es el uso del piano moderno sin complejos, rescatando contrastes escondidos en cada sonata antes que concentrarse en aspectos teóricos.
Cuentan de él, asimismo, que suele recurrir al fraseo libre –tan próximo a la improvisación– para otorgar frescura a una obra originalmente concebida para clavecín. ¡Ay, si hubiera prosperado la autoridad de Landowska, en la pulsión con determinación sobre el teclado del clavecín! Los historicistas (hablamos del primer cuarto del siglo XX) acallaron su legendaria voz.
Hablando del diálogo, de igual a igual, me limité a escuchar la flauta, para centrar la mirada en la forma en que Bahrami paseaba las manos sobre el teclado, y podía intuir el diálogo entre ambos, compositor e intérprete, con tres siglos separándoles a uno y otro. El importante papel de Mercelli, con su flauta travesera moderna, era permitir el diálogo equilibrado, igualitario.
En cambio, el diálogo de Bahrami con Bach iba mucho más allá, pues no solamente ponía en su conocimiento la idea de conectar con la sensibilidad contemporánea, sino al mismo tiempo su descubrimiento del lado humano de la partitura. De tal manera que ver sus manos recorriendo el teclado era como observar al propio Johan Sebastian Bach, a la hora del descanso darle máxima libertad al clavecín para sentir por sí mismo.
Toda la velada giraba en torno a la familia Bach, salvo esporádicas excepciones, como es el caso de acercarnos por un instante a Taking it as read, la pieza que el año 2016 Michael Nyman compuso para la pareja Mercelli & Bahrami. Excelso todo.
Temas:
- Mallorca
- Música clásica