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Ideas de bombero, pero sin manguera

Del Partido Socialista de Baleares siempre se ha dicho que tiene ideas de bombero. Y no porque apague fuegos, precisamente, sino porque suele avivar el incendio… y luego mirar al cielo como si no fuera con ellos. Tras ocho años de gobierno autonómico con un balance más que preocupante para las arcas públicas y una gestión, digamos, creativa, ahora regresan con nuevas ocurrencias desde la cómoda bancada de la oposición.

Especialmente inspirados están en materia de tráfico, carreteras y territorio. Quizá porque ahí dejaron huella. O, mejor dicho, cicatriz.

La entonces presidenta del Consell de Mallorca, la socialista Catalina Cladera, entregó las riendas de la movilidad al célebre conseller Iván Sevillano (Podemos), que pasó a la historia no por mejorar la Vía de Cintura -una de las arterias vitales de Mallorca-, sino por convertirla en un experimento sociológico.

Primero fue la genial idea de limitar la velocidad a 80 km/h como si el problema del tráfico fuera que los coches corrían demasiado y no que faltaran infraestructuras.

Después llegó el carril VAO, ese prodigio de la ingeniería política que no servía para nada, salvo para demostrar que improvisar también cuesta dinero. No se construyeron nuevas carreteras, no se mejoraron accesos y el resultado fue una circulación caótica que convirtió desplazarse por la isla en una prueba de paciencia zen.

Y ahora, cuando uno pensaba que ya estaba todo inventado, llega la nueva revelación. Desde la oposición, armados con un cursillo básico de inteligencia artificial y mucha imaginación, los iluminados socialistas nos presentan su última obra conceptual: soterrar la Vía de Cintura y por encima plantar árboles, vegetación exuberante y, si se tercia, fuentes de agua. Faltan los unicornios y ya tenemos parque temático.

Todo muy verde, muy sostenible y muy Pinterest.

Eso sí, sin una sola explicación realista sobre costes, plazos o viabilidad. Urbanismo de PowerPoint, que queda muy bien en redes y muy mal en los presupuestos.

Lo curioso es el momento elegido para semejante despliegue de fantasía. Con el partido señalado por el caso de las mascarillas, con investigaciones judiciales en marcha y con el PSOE nacional salpicado por escándalos que van desde la prostitución hasta la posible financiación ilegal, uno pensaría que tocaría un poco de perfil bajo. Reflexión, autocrítica, silencio incluso.
Pero no.

Con Francina Armengol en el punto de mira de la UCO, el socialismo balear ha optado por la huida hacia adelante. Y cuando no hay argumentos, siempre queda el espectáculo.

Quizá no sea una estrategia política, sino terapéutica: hacer el payaso para que no se note el ruido de fondo. Aunque el problema es que, mientras ellos actúan, los ciudadanos seguimos atrapados en atascos muy reales, con soluciones imaginarias.

Porque gobernar -y también hacer oposición- exige algo más que ideas de bombero. Hace falta agua, manguera… y saber dónde está el fuego.