Viajes
Turismo interior

Dicen que es el pueblo más bonito de Asturias, pero lleva varios años abandonado y ya solo llegan senderistas a cuentagotas

  • Alejo Lucarás
  • Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Córdoba. Redactor SEO especializado en actualidad, ciencia aplicada, tecnología y fenómenos sociales, con un enfoque divulgativo y orientado a explicar al lector cómo los grandes temas de hoy impactan en su vida cotidiana.

Podría afirmarse que hoy existen decenas de aldeas que compiten por el título de pueblo más bonito de Asturias, con hórreos de piedra centenarios, prados verdes y vistas que se asoman a desfiladeros de vértigo. Hay una, sin embargo, que lleva años ganándose esa fama entre los senderistas más veteranos, aunque ya apenas figura en los mapas turísticos y casi nadie vive en ella.

Se llega hasta allí tras dejar el coche junto a un puente y caminar durante más de una hora por un sendero de montaña estrecho y empinado. El esfuerzo, aseguran quienes lo han hecho, compensa de sobra: al llegar aparecen fachadas de piedra centenarias, un hórreo superviviente y un silencio que solo interrumpe, de vez en cuando, la voz del único vecino que queda.

Biamón, el pueblo que muchos consideran el más bonito de Asturias

El protagonista de esta ocasión se llama Biamón y pertenece al concejo de Ponga, en pleno corazón de la Asturias rural. Está a 650 metros de altitud, encaramado sobre el Desfiladero de los Beyos, uno de los cañones más espectaculares que atraviesa un río en toda la cordillera Cantábrica.

Sus casas de piedra y su hórreo beyusco (el granero tradicional de la comarca, elevado sobre pilares) explican por qué muchos viajeros lo consideran el pueblo más bonito de Asturias en cuanto lo descubren.

Y un dato valioso a tener en cuenta es que hace décadas, más de 40 vecinos vivían de la ganadería y la huerta en Biamón. ¿Qué ocurre en la actualidad? Se preguntarán. Pues solo queda uno.

En este mismo sentido, la despoblación llegó de forma progresiva, acelerada por un corrimiento de tierras en febrero de 2011 que dañó varias construcciones y estuvo a punto de sepultar la última casa habitada. De los cuatro hórreos que llegó a tener el pueblo, apenas sobrevive uno en pie.

Mariano Hortal, el nombre del único vecino de un pueblo que se quedó vacío

Como anticipábamos arriba, en esa única casa habitada vive Mariano Hortal, de más de 70 años, que volvió a Biamón (el pueblo donde nació) al jubilarse como metalúrgico. Su mujer se quedó en Gijón cuidando de los nietos y solo lo visita unos días al mes.

Él, en cambio, se ocupa de sus cabras, cuida un pequeño huerto de patatas y despeja a mano el camino de acceso cuando la nieve lo corta.

«El vecino más cercano que tengo aquí está a kilómetro y pico», cuenta Mariano, que reconoce echar de menos los años en que Biamón «tenía un montón de gente, muchos niños» correteando por sus calles.

Y dado que no hay cobertura de móvil, el hombre instaló una antena satelital para tener internet y WhatsApp. Para el pan, espera junto a la carretera principal, por donde pasa el panadero; para el resto, baja una vez al mes hasta Cangas de Onís.

La España que se queda con un único vecino: casos similares al de Mariano Hortal

El caso de Biamón no es una excepción. Según el Instituto Nacional de Estadística, casi 2.000 municipios españoles tienen un solo residente censado, un fenómeno que ya se conoce como la ‘España Unipersonal’.

Afecta sobre todo a Lugo, La Coruña y Asturias, donde 3.400 municipios están en riesgo de despoblación. Biamón encarna ese destino con una diferencia: sigue atrayendo, aunque sea a cuentagotas, a quienes buscan pueblos pintorescos en Asturias.

Así es la ruta para llegar hasta el pueblo más bonito de Asturias

Biamón es el destino final de la Senda del Cartero (PR.AS-282), una ruta de apenas 2,5 kilómetros que arranca en el aparcamiento de Puente Vidosa, junto a la carretera que une Cangas de Onís con Riaño a través del puerto del Pontón.

El primer tramo, hasta Biamón, sube por un camino de montaña estrecho y con pendiente; el segundo, hacia el vecino pueblo de Casielles, discurre por una pista más cómoda con vistas al desfiladero. El sendero en cuestión, marcado con franjas amarillas y blancas, regala panorámicas del cañón del Sella que compensan la subida.

Aun así, cada vez son menos los excursionistas que se atreven a completarlo: la falta de cobertura, el estado ruinoso de las casas y la ausencia de cualquier servicio hacen que Biamón reciba visitas a cuentagotas, casi siempre de senderistas experimentados, que no le temen a los rincones inaccesibles del país y que buscan algo distinto a las rutas masificadas de los Picos de Europa.