5 hábitos que echan a perder tus fotos guardadas en la nube
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Subir las fotos a la nube parece la tranquilidad definitiva. Activas la copia, ves el iconito de «sincronizado» y das por hecho que tus recuerdos están a salvo para siempre. El problema es que ahí no acaba la historia. Hay una serie de costumbres, tan normales que casi nadie se para a pensarlas, que van haciendo daño a tus fotos guardadas en la nube. Unas les quitan calidad, otras te dejan sin sitio y alguna puede dejarte sin acceso justo el día que quieres recuperar esa foto de la abuela. Lo mejor es que todas se arreglan en un par de toques y sin ser ningún experto.
Dejar puesta la compresión automática
Google Fotos, iCloud y compañía te ofrecen guardar las imágenes en una calidad más baja para que te quepan más. Suena bien y es cómodo, pero cada foto se comprime y pierde detalle por el camino. El día que quieras imprimir esa imagen en grande o recortarla para quedarte con un trozo, lo vas a notar. Merece la pena entrar en los ajustes y dejar la calidad original, por lo menos para las fotos que de verdad quieres conservar.

Fiarlo todo a una sola copia
La nube falla menos que un disco duro, pero falla. Una cuenta que se bloquea por error, una contraseña que no recuerdas o una caída del servicio y, de repente, te quedas fuera. Tener los recuerdos de toda la vida en un único sitio es jugársela. Lo sensato es guardar una segunda copia en un disco externo o en otro servicio distinto. Los expertos lo resumen en una regla fácil de recordar, tres copias, en dos soportes diferentes y una de ellas fuera de casa.
No mirar el espacio hasta que se llena
Cuando el almacenamiento gratuito se agota, muchos servicios dejan de subir fotos y no siempre te avisan de forma clara. Puedes pasarte semanas creyendo que todo se guarda cuando en realidad no se guarda nada nuevo. El truco es asomarte de vez en cuando a ver cuánto espacio te queda y aprovechar para borrar lo que sobra: capturas de pantalla, vídeos repetidos y esas ráfagas de veinte fotos casi iguales.

Subir fotos con los datos y mala cobertura
Sincronizar con una raya de cobertura es llamar a la puerta de los problemas. Las subidas se quedan a medias, algún archivo se corrompe y encima te comes los datos del móvil, que luego llegan sustos en la factura. La solución es sencilla: deja configurada la copia para que se haga solo con wifi y, a ser posible, con el teléfono cargando por la noche. Así cada foto sube entera y sin gastar de más.
No ordenar ni etiquetar nada
Ir amontonando miles de fotos sin ningún orden convierte la galería en el típico cajón de los cables, donde nunca encuentras lo que buscas. Con el tiempo, dar con una foto concreta se vuelve una odisea. No hace falta pasarse la tarde, pero sí dedicar un ratillo de vez en cuando a crear álbumes, marcar favoritos y tirar lo que no vale. Los buscadores por cara o por lugar ayudan mucho, aunque funcionan bastante mejor cuando la biblioteca está cuidada.
La nube ayuda, pero hay que echarle un ojo
Ninguna de estas costumbres parece grave por separado. Lo malo es que trabajan en silencio y sus efectos se van sumando mes a mes. Con dedicar unos minutos a revisar la configuración y a hacer limpieza de vez en cuando, la diferencia es enorme: tener una copia de la que fiarte o un archivo que te deja tirado el día menos pensado.
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