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AVIACIÓN MILITAR

La NASA colgó un misil Phoenix de 464 kilos, pensado para el F-14 de la Marina, bajo su F-15B para llevar experimentos hipersónicos a Mach 5

El proyecto, con China Lake, simuló lanzamientos a 14.630 metros y Mach 2 que llevaban el misil a Mach 4,68, pero perdió la financiación en diciembre de 2007.

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El 14 de noviembre de 2006, en la plataforma del centro Dryden de la NASA, en la base aérea de Edwards (California), un misil AIM-54 Phoenix inerte quedó colgado bajo el fuselaje del F-15B de investigación con el número de cola 836. Era un arma que la Marina de Estados Unidos había diseñado para el F-14 Tomcat, no para un F-15 Eagle.

Lo que buscaba la NASA no era un caza mejor armado. Su plan, descrito en la ficha técnica FS-093 del centro Dryden, era convertir misiles Phoenix sobrantes en lanzadores de experimentos hipersónicos: el F-15 los soltaría a Mach 2 y el motor del misil los llevaría hasta Mach 5, la frontera a partir de la cual se habla de vuelo hipersónico.

Un caza de la NASA con el número 836

El proyecto se llamó Phoenix Missile Hypersonic Testbed y lo desarrollaron el centro Dryden, hoy Armstrong, y el Naval Air Warfare Center Weapons Division de China Lake, también en California. El investigador principal fue Thomas Jones, de Dryden, y el dinero salía del proyecto de hipersónica del programa de Aeronáutica Fundamental de la NASA.

Según la ficha de la NASA, los misiles llevarían cargas experimentales al régimen hipersónico, «algo que actualmente es difícil de conseguir». Las áreas previstas eran materiales de protección térmica, propulsión scramjet, guiado y control, transición de la capa límite y aerodinámica a esas velocidades.

En un memorando técnico de agosto de 2007, los ingenieros de Dryden recordaban que el F-15B llegaba a Mach 2 y que el X-43A había volado a Mach 7 y Mach 10, pero que tras la retirada del SR-71 no quedaba ninguna forma de ensayar en vuelo a Mach 3 y había un vacío entre Mach 2 y Mach 5. El récord de Mach 9,6 del X-43A exigía además un B-52 y un cohete Pegasus, con un coste por lanzamiento muy alto.

Sin radar ni cabeza de guerra

El Phoenix estándar mide 3,96 metros de largo y 38 centímetros de diámetro, tiene 91 centímetros de envergadura y pesa 464 kilos, de los que 61 corresponden a la cabeza de guerra. Hughes lo diseñó para interceptar blancos a más de 185 kilómetros, guiado por radar semiactivo y activo, y estuvo en servicio en los escuadrones de F-14 desde 1974 hasta finales de 2004.

En el año fiscal 2004 las fuerzas armadas estadounidenses dieron de baja cientos de unidades, que iban camino del desguace, y la ficha de Dryden explica que la Marina «no tiene necesidad actual de las existencias restantes de misiles Phoenix», y por eso puso varias a disposición de la NASA. El plan era quitar el buscador de radar, la electrónica de procesado de señal, el detector de blancos y la cabeza de guerra, y montar en su lugar un ordenador de guiado más pequeño, telemetría y un sistema de terminación de vuelo.

Con eso quedarían más de 198 litros de espacio y hasta 113 kilos para la carga científica. Los autores del memorando, encabezados por Trong T. Bui, de Dryden, describían el misil modificado como, en la práctica, «un soporte de túnel de viento hipersónico en el cielo», con la carga protegida bajo un cono que se separaría al llegar a las condiciones de ensayo.

Los técnicos Bryan Hookland, Art Cope, Herman Rijfkogel y Jonathan Richards colocan el cono de un misil Phoenix, en noviembre de 2006. (Foto: NASA / Tom Tschida)

Un pilón del F-14 bajo el Eagle

El Phoenix de combate se guiaba con radar semiactivo y activo y estaba pensado para el F-14. El de la NASA, sin buscador, ya no tenía que localizar aviones enemigos: solo debía soltarse y seguir una trayectoria programada.

Para colgarlo hizo falta un montaje propio. El informe anual de investigación de Dryden de 2007 detalla una pila formada por el pilón central SUU-60 B/A del depósito de combustible del F-15, una placa de interfaz fabricada a medida y el pilón de ala LAU-93 del F-14, el mismo que usaba la Marina para el Phoenix.

Antes de cualquier vuelo, el equipo de Natalie Spivey midió el peso, el centro de gravedad y la inercia de cada pieza porque la documentación original del AIM-54 tenía discrepancias, y luego hizo un ensayo de vibración en tierra con 107 acelerómetros repartidos por el misil, los pilones y el avión.

David T. Booth calculó que, a Mach 2 y 10.363 metros de altitud, el misil y su pilón aumentaban un 10 % la resistencia aerodinámica total del F-15B. Con el depósito central de combustible el aumento simulado era del 14 %, una comparación que el propio informe consideró razonable.

Un misil Phoenix en el pilón central del F-15B de la NASA, en noviembre de 2006. (Foto: NASA / Tom Tschida)

Mach 4,68 en la simulación

El grupo de rendimiento de Dryden, en el que figuraban Mark Buschbacher y Kurt Kloesel, fijó un primer vuelo de demostración con lanzamiento horizontal a 14.630 metros y Mach 2. Con un misil de 457 kilos, las simulaciones de Dryden daban una velocidad de ensayo de Mach 4,68, por debajo del Mach 5 que pedían los requisitos, y el proyecto se puso a revisar esas cifras.

Una presentación de Jones de marzo de 2007 hablaba de al menos dos vuelos al año, y el informe anual de ingeniería de Dryden de 2006 fijaba como requisitos un coste por ensayo inferior a 500.000 dólares y una bodega de 156 litros para la carga.

El precedente del misil antisatélite

La Fuerza Aérea sí había colgado antes algo mucho más grande de un F-15. En los años ochenta probó desde un F-15A el misil antisatélite ASAT, de 5,5 metros y 1.225 kilos, que logró la primera interceptación y destrucción de un satélite en órbita, según el memorando de Dryden.

Los ingenieros de la NASA usaron ese caso como argumento, porque el ASAT se lanzaba también desde el pilón central del F-15 y su modo de operar era casi igual. Su éxito, escribieron, «pone de relieve la excelente viabilidad» del proyecto, y el misil Phoenix era más corto y pesaba 761 kilos menos.

Hoy Estados Unidos busca la velocidad hipersónica con armas como el misil ARRW que se lanza desde un B-52 o el Blackbeard que la Marina encarga para sus cazas, pero el banco de pruebas de Dryden pretendía otra cosa: datos de vuelo baratos y frecuentes.

Ningún lanzamiento quedó documentado

En diciembre de 2007, cuando el diseño preliminar estaba casi listo para su revisión, se cortó la financiación que llegaba del proyecto de hipersónica de la Dirección de Misiones de Investigación Aeronáutica de la NASA. Según el informe anual de 2007 de Dryden, el proyecto «quedó paralizado» y buscaba clientes y socios para terminarlo.

Los documentos consultados no confirman que el F-15B llegara a volar con el Phoenix colgado. La ficha anunciaba varios vuelos de transporte cautivo con un misil sin propelente y el informe de 2007 daba por terminado el análisis de flameo para esos vuelos, pero las fotos publicadas son de noviembre de 2006 y la NASA solo dice de ellas que el misil inerte se estudiaba como posible vehículo de ensayo.

Lo que sí describen los papeles de la NASA es un misil inerte, sin radar ni cabeza de guerra, colgado de un F-15 gracias a un pilón del F-14 y a una placa de interfaz hecha a medida.

El memorando técnico se ha publicado en el servidor de informes técnicos de la NASA (NASA/TM-2007-214624, agosto de 2007), y la foto del misil bajo el F-15B, en la galería de la NASA.

Crédito de la imagen: NASA / Tom Tschida.