Siete detenidos por explotar a inmigrantes ilegales en ‘call centers’: no tenían vacaciones y los humillaban con tartazos
Los jefes de la mafia de explotación de inmigrantes ilegales: un español, un peruano, un colombiano y un venezolano
La Policía también abrió una decena de expedientes de extranjería contra los inmigrantes ilegales
No sólo se dedicaban a explotar a inmigrantes ilegales como teleoperadores en call centers, también los humillaban con castigos degradantes, entre ellos arrojar tartas a la cara del empleado con peores resultados ante la mirada del resto del equipo.
Los jefes de esta mafia de los centros de teleoperadores de Madrid y Fuenlabrada, eran un español y sus cómplices colombianos, peruanos y venezolanos. Las víctimas, inmigrantes ilegales de las mismas nacionalidades, explotados sin piedad en una red de 15 call centers de Madrid.
Además, los jefes, ya detenidos por la Policía Nacional, obligaban a los empleados a utilizar en las llamadas comerciales guiones intrusivos y minuciosamente diseñados para generar confusión en los clientes y forzar la contratación de productos o servicios.
La investigación policial comenzó al detectarse múltiples centros de llamadas que repetían el mismo patrón de captación y entrevistas, así como la imposición de condiciones laborales que restringían de forma total los derechos básicos de los trabajadores.
Inmigrantes sin permiso laboral
La investigación, realizada con la colaboración de la Inspección de Trabajo y de la Seguridad Social de Madrid, se vio dificultada por los continuos cambios de ubicación que practicaban los responsables para eludir controles policiales. Aun así, los agentes localizaron los call centers tanto en la capital como en Fuenlabrada.
Los centros contrataban a ciudadanos extranjeros sin permiso de trabajo y los sometían a condiciones abusivas que anulaban cualquier garantía laboral.
Los encargados imponían una dominación total sobre la plantilla, aprovechando la vulnerabilidad de los empleados y su situación de dependencia. Los investigadores verificaron, además, la existencia de un ranking diario según las contrataciones obtenidas. Para evitar humillaciones, los trabajadores extendían su jornada más allá de cualquier límite, enfocados en alcanzar las metas fijadas por cada centro.
Sin vacaciones, sin seguro y a tartazos
El sistema incluía recompensas y castigos vejatorios en función de la posición en la clasificación. Entre las sanciones, figuraba lanzar tartas a la cara del último clasificado frente a sus compañeros.
Los responsables eran plenamente conscientes de la situación irregular de la plantilla y se valían de su superioridad para imponer condiciones que impedían a los empleados reclamar derechos básicos. Las víctimas carecían de jornadas legales, descansos obligatorios, vacaciones, retribuciones adecuadas y cobertura médica ante posibles accidentes laborales.
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