Jubilación

Álex Trias tiene 41 años y ya está jubilado: «Ahorro 4.300 euros al mes. La estrategia es vivir por debajo de las posibilidades y reinvertir la diferencia»

Álex Trias tiene 41 años y ya está jubilado:

Jubilarse antes de la edad habitual puede parecer el sueño definitivo: disponer de tiempo libre, viajar, dedicar horas a las aficiones y dejar atrás las obligaciones laborales. Sin embargo, abandonar una carrera profesional también plantea preguntas que no siempre se tienen en cuenta al preparar las finanzas. ¿Qué ocurre cuando desaparecen los horarios, los objetivos y la sensación de utilidad que proporciona el trabajo? La experiencia de Alex Trias, abogado de 41 años, y jubilado, que vive en Portugal desde 2015, demuestra que anticipar la jubilación exige algo más que ahorrar dinero: también implica prepararse emocionalmente para construir una vida diferente.

Trias dejó su carrera jurídica en 2011, cuando tenía 41 años y había alcanzado un salario de seis cifras, y ya está jubilado. Aunque consideraba que estaba preparado económicamente, pronto descubrió que no había previsto el impacto emocional de aquel cambio. Después de tantos años identificándose con su profesión, tuvo que encontrar nuevas razones para levantarse cada mañana. Su experiencia, compartida en CNBC, revela que jubilarse antes no significa necesariamente dejar de hacer cosas, sino aprender a organizar el tiempo de otra manera. Vivir en Portugal, cultivar amistades, explorar nuevos lugares y colaborar con otras personas le permitió descubrir posibilidades que antes no imaginaba. Como también señala el psicólogo Carlos Ruiz-Huerta, anticiparse a los cambios, establecer rutinas y encontrar nuevos propósitos resulta fundamental para disfrutar de esta etapa.

Jubilado a los 41 años: La estrategia es vivir por debajo de las posibilidades

Una de las primeras lecciones de Trias es que no tener un plan cerrado no tiene por qué ser un problema. La crisis financiera de 2008 hizo desaparecer el bufete en el que trabajaba y alteró la trayectoria que había imaginado.

En vez de aferrarse a una profesión que ya no le ofrecía el mismo horizonte, decidió explorar otras posibilidades. Mudarse a Portugal supuso empezar casi desde cero, en un país cuyo idioma desconocía y donde no tenía una red social propia.

Esta perspectiva puede ayudar a quienes aplazan la jubilación por miedo a no saber qué harán después. Aceptar la incertidumbre no significa improvisarlo todo: conviene pensar qué actividades, relaciones y objetivos podrían dar sentido a los días.

La planificación emocional importa tanto como el dinero

Según cuenta el jubilado Trias a CNBC, vivir en Portugal redujo considerablemente los gastos que compartía con su pareja. Calculan que ahorran unos 5.000 dólares al mes frente a su vida anterior en Washington, gracias a diferencias en impuestos, seguro médico, vivienda y gastos cotidianos. Mantuvieron una estrategia prudente: vivir por debajo de sus posibilidades, reinvertir parte de los ingresos y dejar que el interés compuesto siguiera actuando.

Estas cifras corresponden a su situación personal y no garantizan que trasladarse al extranjero produzca el mismo resultado para otras personas. La planificación económica debe adaptarse a cada caso, pero también conviene preparar la dimensión personal.

El psicólogo Carlos Ruiz-Huerta recomienda anticiparse al cambio, crear rutinas, buscar propósitos, cuidar el cuerpo y recurrir a apoyo psicológico si el malestar resulta intenso o persistente. «La jubilación no tiene por qué acabar con el crecimiento económico, pero tampoco debería dejar desatendidas las necesidades emocionales», recomienda.

Encontrar nuevas rutinas y propósitos después de jubilarse

Al principio, el jubilado Trias y su esposa encontraron sentido en la crianza de su hija, las actividades escolares y aprender el idioma local. Cuando ella se marchó a la universidad, sus agendas volvieron a quedarse vacías.

La pareja tuvo que preguntarse cómo quería emplear el tiempo. En lugar de llenar los días de compromisos sin rumbo, identificó varias prioridades: cuidar las amistades, atender la salud, compartir tiempo en pareja, viajar, colaborar con la comunidad y aprender habilidades nuevas.

Esa decisión se tradujo en actividades concretas. La esposa de Trias participa como voluntaria en su club de tenis, estudia cerámica y neerlandés y practica deporte. Él escribe, asesora a otras personas jubiladas y colabora con una organización sin ánimo de lucro. También organizan cenas, prueban recetas y realizan escapadas por Europa.

Desde Itae Psicología recomiendan mantener las relaciones familiares y las amistades, además de seguir activos social, intelectual y físicamente. Empezar antes de jubilarse algunas actividades que se desean mantener después puede facilitar la adaptación: apuntarse a clases, recuperar el hábito de caminar o reservar tiempo para una afición ayuda a imaginar la nueva etapa y a evitar que el cambio llegue de golpe.

Una nueva etapa que también requiere cuidado

Jubilarse antes no garantiza una vida sin dificultades, ni obliga a convertir cada día en una aventura. Habrá momentos de duda, cambios familiares y necesidad de reajustar los planes. Según Ruiz-Huerta, si la ansiedad o la tristeza interfieren persistentemente en la vida cotidiana, pedir ayuda profesional puede facilitar la transición.

La enseñanza principal de Trias es que dejar de trabajar no equivale a dejar de crecer. La libertad que ofrece la jubilación se disfruta mejor cuando se combina con previsión económica, relaciones significativas, hábitos saludables y metas flexibles.

 

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