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Cómo tratar una contractura muscular

Una contractura muscular se puede dar tanto en las personas que practican ejercicio como en aquellas que llevan una vida más sedentaria, adoptan malas posturas o sufren mucho estrés. Este tipo de lesión se debe a la contracción del músculo, que puede llegar a convertirse en algo permanente en el caso de que no se trate. Puede darse el caso de que una parte del vasto muscular no llegue a relajarse y siga contraída y endurecida esa zona. En este artículo te explicamos cómo tratar una contractura muscular.

Hay que decir en primer lugar que no hay que preocuparse por una molestia de este tipo, ya que no reviste de gravedad. Eso sí, puede llegar a ser muy molesta e incluso impedirnos realizar ciertas tareas con cierta normalidad.

Sabrás que tienes una contractura muscular cuando sufras alguno de los siguientes síntomas: dolor y restricción de movimientos. Las molestias variarán en función de dos aspectos claves como son la extensión de la contractura y la zona afectada. Está claro que cuanta mayor dimensión tenga, más dolorosos serán los síntomas.

En cuanto a la zona afectada, puede darse la circunstancia de que en la parte alta de la espalda se sufran contracturas a consecuencia de problemas de cervicalgia, que pueden provocar a su vez molestias muy importantes como mareos, vértigos y migrañas. Un músculo piramidal puede presionar las estructuras de su alrededor y originar una falta ciática, mientras que un síndrome escaleno desencadenará en un gran dolor, manos frías o pesadez en el brazo.

Para tratar este problema tan común en la sociedad actual, sobre todo entre las personas que presentan una vida muy ajetreada, es preciso evitar ciertos ejercicios y gestos que provoquen dolor. En muchas ocasiones, la mejor solución para acabar con las molestias pasa por realizar unos días de reposo, aunque para ayudar a la depuración sanguínea de la parte contracturada también se le suele poner calor seco. De esta manera aliviaremos el dolor gracias a los efectos relajantes y analgésicos. Lo más cómodo pueden ser las compresas de frío-calor que se pueden adquirir en ortopedias. Con meterla un minuto en el microondas será suficiente, con cuidado de no quemarse a la hora de aplicarlo sobre la zona afectada. Con la almohada eléctrica también obtendrás unos buenos resultados.

Probar con el agua fría y caliente

También se pueden rebajar las molestias con los baños de contraste, que consisten en alternar el agua caliente con la fría, o con los masajes. Eso sí, si optas por esta última opción hay que confiar nuestra salud a un profesional que sepa descontracturar la zona afectada. Como último recurso encontramos los antiinflamatorios, que pueden aplicarse de manera cutánea a través de cremas y geles, o con ingesta oral.

En el caso de los deportistas, para evitar las contracturas musculares se recomienda hacer un calentamiento previo  para que los músculos vayan adquiriendo la temperatura adecuada y se activen las articulaciones. Para el resto de población en general, el consejo principal es evitar los movimientos y gestos muy repetitivos, además de una postura corporal inadecuada.