Rebeca relata su pesadilla: «Sientes pánico, caras raras en la primera prueba y luego ¡pum!, el golpe»
Rebeca ríe y sonríe. Es joven, guapa, tiene un peque de cuatro años y un trabajo que le gusta. Pero bajo su sonrisa permanente, enfrenta una de las luchas más duras de su vida: el cáncer de mama. Tras recibir el diagnóstico hace algo más de un año, cuando tenía 35, se quedó sin aliento. «Es un impacto terrible», comenta. «Sientes pánico, en la primera prueba ves caras raras, y luego ¡pum!, el golpe». Ese golpe, que en cuestión de minutos cambia la vida, la sumió en una mezcla de miedo e incertidumbre. Aun así, decidió no dejarse vencer.
«Luchar es lo que nos ha tocado», dice con determinación esta paciente de cáncer de mama. Rebeca sabe que no es una pelea fácil, pero también que la única opción es seguir adelante. Enfrentar tratamientos agotadores, lidiar con los efectos secundarios y el cambio de imagen, y, a veces, simplemente encontrar las fuerzas para levantarse cada mañana, forman parte de su nueva realidad.
A pesar de las dificultades, ha optado por no centrarse en los habituales sentimientos de culpa, sino en su familia, sus amigos, o el autocuidado que va de manera fundamental de la mano de la enfermedad. «No hay que darle vueltas a qué hiciste mal, bastante tenemos con el estrés», reflexiona. Rebeca ha aprendido que, en este viaje, mantener la calma y el enfoque es crucial. «No hay que juzgar, el que no sonríe tiene derecho a no sonreír, todo está permitido». Y tiene razón.
Ana descubrió que su pasión era la oncopsicología durante sus prácticas. A pesar de las reticencias de su familia y amigos, ya nunca se apartó de su vocación. Ella tiene claro que es lo fundamental que quiere transmitir a cualquier paciente con cáncer de mama o de otro tipo: «Es importante que los pacientes puedan solicitar la ayuda que necesiten en el momento que necesiten».
Reconoce que «el cáncer de mama tiene un impacto a nivel emocional muy alto, especialmente en la imagen corporal», ya que suele afectar de golpe a dos atributos que se consideran tradicionalmente típicamente femeninos: el pelo y el pecho.
Tess habla de «cuidar, cuidar y cuidar». El cuerpo que sufre tanto como la mente. Esta especialista en estética oncológica de Madroom se ha formado durante años para ser una de las más reconocidas de España. «Las pacientes necesitan un cuidado muy específico, calmando, aliviando la piel desde antes de la quimioterapia y la radioterapia». No es fácil, pero sí necesario. Y sim embargo, el autocuidado ha sido uno de los grandes olvidados durante mucho tiempo al tratar de manera integral a estas pacientes. Pero eso ha cambiado.
Como demuestra también Lucía, de Harpo. Esta empresa que nació como proveedor de posticería y maquillaje de teatro, es desde principios de los años 90 una institución en Madrid en pelucas oncológicas. El cambio para las mujeres que vuelven a verse fieles a su imagen tras perder su melena es brutal: «He atendido a una persona que no se quería mirar en el espejo y al verse con pelo ha salido contenta».
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