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Prevención

Estos son los motivos más habituales para acabar en Urgencias este verano

Golpes de calor, intoxicaciones y descompensación de enfermedades crónicas: las consultas que más aumentan

Cuándo acudir a Urgencias y qué errores pueden evitarse durante las vacaciones

El verano también cambia los motivos por los que miles de personas acuden a los servicios de urgencias. Las altas temperaturas, los desplazamientos, las actividades al aire libre o un mayor consumo de comidas fuera de casa favorecen la aparición de problemas de salud que, en muchos casos, podrían evitarse con unas sencillas medidas de prevención. Sin embargo, no todas las urgencias son iguales ni afectan a los mismos perfiles de pacientes. Rosa Pérez, enfermera de Emergencias y coordinadora de Divulga SEMES, explica a OKSALUD que el tipo de consultas depende incluso del lugar donde se encuentre el hospital.

«Si el centro sanitario está situado en la costa, recibirá accidentes relacionados con el mar, picaduras de pez araña o medusas, quemaduras solares, accidentes por inmersión, ahogamientos y muchas toxinfecciones alimentarias», explica la experta. En cambio, en las grandes ciudades predominan las descompensaciones de enfermedades crónicas provocadas por las altas temperaturas.

Precisamente estas patologías crónicas hacen que determinadas personas sean especialmente vulnerables durante el verano. Rosa Pérez identifica un perfil muy concreto: «Una mujer mayor de 75 años, que vive sola, en una gran ciudad y con un nivel socioeconómico medio-bajo». Según explica, en ellas confluyen diferentes factores de riesgo.

«Tras la menopausia disminuyen los niveles de estrógenos y el hipotálamo, encargado de regular la temperatura corporal, ya no funciona con la misma eficacia. Además, existen cambios fisiológicos relacionados con la reserva hídrica o la reserva cardiaca que hacen que toleremos peor el calor», señala. A ello se suma que muchas mujeres mayores acumulan varias enfermedades crónicas, toman numerosos medicamentos y, en ocasiones, viven en viviendas poco climatizadas.

La especialista insiste además en que muchas personas mayores tienen disminuida la sensación de sed, por lo que no basta con esperar a que pidan agua. «Hay que ofrecerles líquidos con frecuencia aunque no tengan sed y adaptar la alimentación con comidas ligeras y ricas en agua», recomienda.

Errores a evitar

Aunque muchos problemas pueden resolverse sin complicaciones, existen situaciones en las que acudir a Urgencias resulta imprescindible. En un golpe de calor, los síntomas de alarma incluyen piel roja, caliente y seca, mareos, náuseas, dolor de cabeza, confusión o pérdida de conocimiento. En estos casos, Rosa Pérez es contundente: «Si una persona pierde el conocimiento, hay que llamar inmediatamente al 112». Mientras llegan los servicios de emergencia, recomienda colocarla a la sombra, refrescar la piel, retirar la mayor cantidad posible de ropa y evitar darle agua si presenta alteración del nivel de conciencia para prevenir atragantamientos.

Las intoxicaciones alimentarias también aumentan durante el verano. Si los vómitos o la diarrea persisten más de 24 horas, aparece fiebre elevada, sangre en las heces o afectan a niños pequeños, personas mayores o pacientes con enfermedades crónicas, aconseja acudir a valoración médica. Lo mismo ocurre con las picaduras que desencadenan dificultad respiratoria, mareos o una reacción alérgica importante.

Para reducir el riesgo de terminar en Urgencias, la coordinadora de Divulga SEMES recuerda algunas recomendaciones básicas. Evitar la actividad física durante las horas centrales del día, buscar lugares frescos, manipular correctamente los alimentos y extremar la vigilancia de los niños en playas y piscinas son algunas de las medidas más eficaces.

Mito: el corte de digestión

También desmonta uno de los mitos más repetidos del verano: el llamado corte de digestión. «No es necesario hacer la digestión completa antes de bañarse, pero sí entrar en el agua de forma progresiva y evitar un cambio brusco de temperatura», explica.

Otra de las recomendaciones pasa por conocer las propias limitaciones antes de realizar actividades como senderismo, rafting o deportes de aventura. «Antes de hacer una actividad física debemos saber si realmente estamos preparados para ella», señala. Además, recuerda que las personas con enfermedades crónicas o que toman varios medicamentos deberían consultar con su médico antes del verano, ya que algunos tratamientos, como determinados diuréticos o sedantes, pueden requerir ajustes cuando aumentan las temperaturas.

La prevención también pasa por una correcta hidratación, protegerse del sol, mantener el aire acondicionado entre 24 y 26 grados, evitar el consumo de alcohol y drogas antes de conducir y planificar adecuadamente los desplazamientos y actividades al aire libre.

Rosa Pérez recuerda que muchas de las urgencias estivales son evitables. «Con medidas tan sencillas como hidratarse bien, evitar las horas de más calor, manipular correctamente los alimentos o conocer nuestras limitaciones, podemos disfrutar del verano con mucha más seguridad», concluye.