Los especialistas recomiendan aumentar los controles de presión arterial ante el aumento de las temperaturas
El jefe de Nefrología de Quirónsalud Málaga y especialista de Quirónsalud Córdoba advierte que el calor favorece la vasodilatación y la deshidratación, aumentando el riesgo de hipotensión, mareos y problemas renales, especialmente en personas mayores, pacientes frágiles o aquellos que toman fármacos antihipertensivos.
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La llegada de las altas temperaturas obliga a prestar especial atención al control de la presión arterial, especialmente en las personas con hipertensión que reciben tratamiento farmacológico. “Aunque el calor suele asociarse principalmente al riesgo de deshidratación, también puede provocar descensos significativos de la presión arterial que, en algunos casos, requieren una revisión y ajuste de la medicación antihipertensiva”, avanza el doctor Francisco Amaral, jefe del Servicio de Nefrología del Hospital Quirónsalud Málaga y especialista del Hospital Quirónsalud Córdoba.
La hipertensión arterial es uno de los principales factores de riesgo cardiovascular y, junto con la hipercolesterolemia y la diabetes mellitus, está relacionada con una gran parte de las enfermedades cardiovasculares que constituyen una de las principales causas de mortalidad en el mundo. A estos factores se suman otros igualmente relevantes, como el tabaquismo, el sedentarismo y la obesidad.
Uno de los principales problemas de la hipertensión es que se trata de una enfermedad silenciosa. No suele producir síntomas hasta fases avanzadas, por lo que su detección y control requieren una vigilancia activa mediante controles periódicos de la presión arterial y revisiones médicas regulares.
“El error más frecuente es pensar que, porque la tensión arterial estuvo bien controlada en el pasado con un determinado tratamiento, seguirá estándolo siempre. La presión arterial es un valor dinámico que cambia con la edad, el peso, la actividad física, el estrés, las enfermedades asociadas e incluso con las condiciones climáticas; de ahí la importancia de controlarla con regularidad”, explica el doctor Amaral Neiva.
Según el nefrólogo, “el calor provoca una vasodilatación fisiológica que ayuda al organismo a disipar la temperatura corporal. Este mecanismo, unido al aumento de la sudoración, favorece un descenso de la presión arterial”, que puede ser especialmente relevante en personas que ya reciben medicación para controlar la hipertensión.
“El verano puede hacer que algunos pacientes pasen de tener una tensión correctamente controlada a presentar cifras excesivamente bajas. Esto aumenta el riesgo de mareos, debilidad, caídas o incluso pérdidas de conocimiento, especialmente en personas mayores, pacientes frágiles o aquellos que toman varios fármacos antihipertensivos”, señala el doctor Amaral.
Además, la pérdida de líquidos por el sudor incrementa el riesgo de deshidratación y puede comprometer la función renal, especialmente en personas con enfermedad renal crónica o insuficiencia cardiaca.
“La deshidratación reduce el volumen de sangre circulante y puede provocar una caída adicional de la presión arterial. En determinados pacientes esto puede traducirse en un deterioro de la función renal que, si no se detecta a tiempo, puede tener consecuencias importantes”, añade.
¿Debe suspenderse la medicación antihipertensiva durante el verano?
Los especialistas insisten en que la respuesta es clara: no. El tratamiento nunca debe suspenderse por iniciativa propia, aunque sí puede requerir ajustes individualizados bajo supervisión médica.
“El objetivo sigue siendo mantener unas cifras de presión arterial adecuadas, habitualmente en torno a 120/70 mmHg. Hay pacientes que apenas notan cambios durante el verano y no necesitan modificar nada, mientras que otros presentan descensos significativos que obligan a reducir dosis o reajustar el tratamiento. Lo importante es adaptar la medicación a cada situación clínica”, explica el doctor Amaral Neiva.
En este sentido, recuerda que cualquier modificación del tratamiento debe realizarse teniendo en cuenta factores como la edad del paciente, la función renal, las enfermedades asociadas, el tipo de medicación prescrita y las cifras habituales de presión arterial.
Los especialistas recomiendan “aumentar la frecuencia de los controles de presión arterial durante los meses de verano, especialmente cuando se producen cambios bruscos de temperatura o aparecen síntomas como mareos, debilidad o sensación de inestabilidad”.
Asimismo, aconsejan consultar con el médico si se registran de forma persistente cifras inferiores a 110/60 mmHg o si aparecen síntomas compatibles con una bajada excesiva de tensión.
Junto a ello, resulta fundamental evitar la exposición prolongada al sol durante las horas centrales del día, protegerse de las temperaturas extremas y mantener una hidratación adecuada.
“La hipertensión sigue siendo una enfermedad silenciosa durante todo el año. Tanto las cifras excesivamente altas como las demasiado bajas pueden pasar desapercibidas hasta que aparecen complicaciones importantes. Por eso la mejor estrategia sigue siendo la prevención, la monitorización periódica y el seguimiento médico”, concluye el nefrólogo Francisco Amaral.
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