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Neurofisiología Clínica

Dr. Francisco Martínez: «El dolor pélvico puede estar en los nervios aunque las pruebas sean normales»

Es una situación que pueden vivir algunas personas con dolor pélvico crónico y que genera dudas, frustración e incertidumbre

Quemazón, descargas eléctricas, hormigueos o hipersensibilidad pueden orientar hacia la participación de los nervios en determinados pacientes con dolor pélvico crónico. El neurofisiólogo clínico Francisco Martínez Pérez explica por qué una ecografía o una resonancia normal no significa que el dolor no tenga explicación y qué puede aportar el estudio funcional de nervios y músculos.

Meses o incluso años de dolor. Consultas con distintos especialistas. Ecografías, resonancias, análisis y otras pruebas que no encuentran una causa clara. O, en otros casos, una lesión que existe, pero que no parece explicar completamente la intensidad o la persistencia de los síntomas.

Es una situación que pueden vivir algunas personas con dolor pélvico crónico y que genera dudas, frustración e incertidumbre. Sin embargo, que las pruebas convencionales no encuentren una alteración capaz de explicar el dolor no significa necesariamente que no exista una causa.

«En muchos casos, comprender qué estructuras participan y cómo está funcionando el sistema nervioso resulta fundamental para orientar el diagnóstico», explica el doctor Francisco Martínez Pérez, especialista en Neurofisiología Clínica con más de 20 años de experiencia.

Un dolor que puede tener muchos orígenes

El dolor pélvico crónico puede localizarse en la parte inferior del abdomen, la pelvis, el periné, los genitales o la región anorrectal y persistir durante meses hasta interferir en la calidad de vida. No siempre se manifiesta de la misma manera. Algunas personas sienten una presión profunda; otras describen quemazón, pinchazos, corriente eléctrica, sensación de cuerpo extraño o dolor al permanecer sentadas. También puede aumentar al caminar, practicar ejercicio, mantener relaciones sexuales, orinar o defecar.

Una de las dificultades para encontrar su origen es la propia complejidad de la pelvis. En esta región conviven órganos urinarios, ginecológicos y digestivos, músculos, ligamentos, articulaciones, vasos sanguíneos y una extensa red de nervios.

El dolor puede proceder de cualquiera de estas estructuras y, en ocasiones, de varias de ellas simultáneamente. Por este motivo, su abordaje puede requerir una valoración multidisciplinar.

Cuando el problema puede estar en los nervios

Uno de los aspectos menos conocidos del dolor pélvico es precisamente la posible participación del sistema nervioso. Los nervios que atraviesan la pelvis pueden lesionarse, inflamarse, comprimirse o irritarse. Cuando esto sucede, el dolor puede presentar unas características diferentes a las del dolor musculoesquelético.

«Es frecuente que aparezcan quemazón, ardor, descargas eléctricas, hipersensibilidad, hormigueos, sensación de corriente o incluso dolor provocado por estímulos que normalmente no deberían resultar molestos», explica Martínez Pérez.

Este tipo de síntomas puede orientar hacia la existencia de un componente neuropático. Uno de los nervios más conocidos es el pudendo y sus ramas, responsable de la sensibilidad de gran parte del periné y del control de importantes músculos relacionados con la continencia. Sin embargo, no es el único nervio que puede estar implicado.

La pelvis cuenta con una compleja red nerviosa y cada afectación puede producir patrones de dolor diferentes. De ahí la importancia de realizar una evaluación detallada antes de establecer su posible origen.

Tampoco es únicamente una cuestión muscular

Los músculos del suelo pélvico también pueden presentar un aumento mantenido del tono, contracturas, puntos gatillo miofasciales o problemas de coordinación capaces de contribuir al mantenimiento del dolor. Pero incluso en estos casos músculo y sistema nervioso no deben estudiarse necesariamente como realidades independientes.

La Neurofisiología Clínica permite estudiar el funcionamiento de determinados nervios implicados en la sensibilidad y el control motor de la pelvis y también analizar el funcionamiento de la propia musculatura del suelo pélvico.

Dependiendo de cada caso, estos estudios pueden aportar información que ayude a apoyar o descartar determinadas hipótesis diagnósticas, valorar una posible afectación nerviosa y, en ocasiones, contribuir a localizar su nivel.

También pueden detectarse signos compatibles con lesiones nerviosas, alteraciones de la función muscular o cambios en la activación de determinados grupos musculares.

En pacientes con incontinencia, estreñimiento, dolor después del parto o secuelas de una cirugía, esta información puede resultar útil para orientar posteriormente el tratamiento y la rehabilitación.

¿Por qué puede continuar el dolor si no aparece una lesión?

Existe otra situación especialmente compleja: pacientes en los que el problema que inicialmente desencadenó el dolor puede haber desaparecido y, sin embargo, los síntomas continúan. Una de las posibles explicaciones se encuentra en los cambios que puede experimentar el sistema nervioso en la forma de procesar la información dolorosa.

Es lo que se conoce como sensibilización. Determinadas señales pueden amplificarse, haciendo que estímulos habitualmente poco molestos se perciban como dolorosos o que aquellos que ya son dolorosos se experimenten con mayor intensidad.

La sensibilización no está presente en todos los pacientes con dolor pélvico crónico, pero reconocer su posible participación permite comprender por qué algunas personas continúan experimentando síntomas aunque las pruebas convencionales no muestren alteraciones importantes.

Ninguna prueba explica por sí sola todos los casos

Martínez Pérez insiste en que la Neurofisiología Clínica no sustituye la historia clínica, la exploración física ni las pruebas de imagen.

«No existe una única prueba capaz de explicar todos los casos de dolor pélvico crónico. La historia clínica continúa siendo el punto de partida. Escuchar cómo comenzó el dolor, dónde se localiza, cómo ha evolucionado y qué factores lo modifican aporta una información tan valiosa como cualquier exploración complementaria».

Es esa valoración inicial la que permite decidir qué estudios pueden resultar adecuados en cada paciente.

La evolución en el conocimiento del dolor permite actualmente no limitar la búsqueda a encontrar una lesión, sino intentar comprender qué mecanismos están participando y cómo interactúan entre sí.

«En el dolor pélvico, el objetivo no es únicamente identificar dónde duele. También es entender por qué duele y qué mecanismos están contribuyendo a mantener ese dolor», concluye el neurofisiólogo.