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Dietas extremas y ejercicio sin descanso: así afecta la obsesión por el fitness a la salud física y mental

El ejercicio físico y el seguimiento de pautas nutricionales saludables se han consolidado en los últimos años como pilares fundamentales para garantizar el bienestar y mejorar la calidad de vida. Sin embargo, en numerosos casos, este propósito inicial de bienestar puede derivar en una dinámica rígida y perjudicial.

El Hospital Quirónsalud Valle del Henares ha querido poner el foco en esta problemática a través de su experta Laura Sánchez Anguita, especialista en Dietética y Nutrición del centro hospitalario, quien advierte sobre los riesgos de la llamada «obsesión por el fitness», un fenómeno que avanza de forma silenciosa y que los especialistas ya estudian como un posible nuevo trastorno de la conducta alimentaria (TCA).

Conductas extremas: nutrición restrictiva y sobreentrenamiento

Desde el punto de vista clínico, este trastorno se manifiesta a través de tres grandes frentes:

Tal y como señala la especialista del Hospital Quirónsalud Valle del Henares, el exceso de ejercicio sin la recuperación adecuada dificulta el desarrollo de la masa muscular y eleva drásticamente el riesgo de lesiones, además de propiciar conductas de alerta como duplicar sesiones para «compensar» jornadas de descanso.

A nivel psicológico, la presión autoinfligida repercute directamente en el estado anímico. Los altos niveles de estrés físico y mental se traducen habitualmente en irritabilidad, altibajos emocionales (cambios bruscos de humor) y dificultades de concentración y en el descanso.

Diferencias en la manifestación según el género y perfiles de riesgo

Si bien esta obsesión puede afectar a cualquier persona sin distinción de sexo o edad —con un inicio que suele situarse en la adolescencia (un dato importante es que cada vez es más habitual que los trastornos de conducta alimentaria comiencen a edades más tempranas), su expresión clínica suele variar.

En el caso de los hombres, es frecuente observar una combinación de vigorexia y conductas propias del trastorno por atracón. Suelen alternar periodos de férreo control dietético con ingestas desreguladas o comidas libres (cheat meals) que desencadenan fuertes sentimientos de culpa, alimentando a su vez el bucle del sobreentrenamiento, para así compensar el atracón. En las mujeres, por el contrario, predominan con mayor asiduidad rasgos asociados a la anorexia o la bulimia nerviosas entrelazados con la vigorexia.

En ambas situaciones, el problema trasciende el ámbito físico: la relación con la alimentación y el deporte se vuelve tan inflexible que termina por deteriorar la vida social, generando frustración e insatisfacción constante cuando los objetivos estéticos o de rendimiento no se cumplen.

Claves para la detección temprana y pautas de prevención

Reconocer este tipo de conductas a tiempo es vital para evitar complicaciones mayores. Entre las señales de alarma más habituales destacan la evasión de comidas familiares o sociales, la costumbre de llevar siempre comida propia a eventos o el rechazo sistemático a planes que no incluyan actividad física. En este sentido, el entorno cercano —familiares, amigos, profesores y entrenadores— desempeña un papel clave para detectar estas actitudes y orientar al afectado hacia profesionales de la salud.

Para prevenir caer en este bucle y fomentar una relación saludable con el ejercicio y la comida, el equipo del Hospital Quirónsalud Valle del Henares propone una serie de pautas básicas:

A través de estas recomendaciones, la especialista Laura Sánchez Anguita insiste en la necesidad de concienciar a la sociedad sobre los límites del cuidado corporal, recordando que la verdadera salud reside en el equilibrio y nunca en el extremo.